20 de Junio, 2016

No es lo mismo: un pescado en el Jumbo que un ‘pangasius’ en la JUNJI…

por Rodo Vera

No es lo mismo: un pescado en el Jumbo que un ‘pangasius’ en la JUNJI…

Su exportación ha causado gran polémica en el mundo.
Su cultivo se realiza en el río Mekong, uno de los más largos y más contaminados del planeta.
Se vende barato en los supermercados y lo reparte la Junta Nacional de Jardines Infantiles. Y su proteina viene desnaturalizada.


Cerca de 2.600 toneladas de pangasius fueron importados en 2012 desde Asia. Desde entonces, el pez vietnamita se ha ido instalando rápidamente en las mesas chilenas y en las cocinas de la red hospitalaria, militares y en las raciones que reparte la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI).

El pangasius se puede encontrar en varios supermercados en forma de filetes y a precio muy barato. Algunos lo venden bajo el nombre de “Blanquillo”, lo que es un error, ya que se trata de un pez distinto.

Su cultivo se realiza en el río Mekong, uno de los más largos y más contaminados del planeta. Aguas que contienen elevados niveles de venenos y bacterias (arsénico de los residuos industriales, tóxicos y peligrosos subproductos, del creciente sector industrial), metales contaminantes, fenoles policlorados (PCB) o DDT y sus (DDTs), clorato, compuestos relacionados (CHLs), hexaclorociloxano, isomeros (HCHs) y hexaclorobenceno (HCB).

Tanto en Vietnam como en Tailandia, son alimentados con peces muertos, restos de huesos, mandioca y residuos de soja y grano. Crece cuatro veces más rápido que en la naturaleza natural. De hecho, son inyectados con (PEE) hormonas femeninas derivadas del deshidratado de orina de mujeres embarazadas. De esta forma, la hembra pangasius produce -supuestamente- sus huevos muy rápidamente y en gran cantidad, lo que no ocurriría en ambiente natural.

Pese a lo anterior, en 2013, el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) justificó así su importación: “La entidad exige el Certificado de Acreditación de Origen Legal, que atestigua que el producto fue extraído y procesado cumpliendo la normativa nacional e internacional vigente. Una vez que el producto es declarado para consumo humano, es el Ministerio de Salud el que debe certificar su calidad mediante análisis sanitarios y bacteriológicos para autorizar su comercialización”.

Y la Seremi de Salud Metropolitana de entonces, Rosa Oyarce, cumplió con su parte: “No podemos decir si crece o no en uno de los ríos más contaminados del mundo. Aquí es muy importante establecer que tenemos una norma, y en la medida en que se cumpla con todo lo que se pide en el ingreso al país, no podemos entrar en mayor exigencia”.

Consultada por la información que manejaba respecto a esta especie, la autoridad sanitaria señaló: “Que son de agua dulce, pero mayores antecedentes no tenemos. Mientras las certificaciones del país de origen, más las certificaciones sanitarias, y las inspecciones que hacemos en el país, estén bien, con eso nos damos por satisfechos. Eso es más que suficiente por el momento”.

En Chile se extraen del mar las siguientes especies: la Anchoveta, la Sardina Española y el Jurel (en el norte); el Jurel, la Anchoveta, la Sardina Común, la Merluza de Cola y la Merluza Común (en la zona centro); y la Merluza de Tres Aletas, el Congrio Dorado, Merluza Austral, Merluza de Cola (extremo austral).

¿Por qué no los niños que asisten a los jardines infantiles de la JUNJI no se alimentan de cualquiera de estas especies?. ¿Por qué el Estado importa pescados preovenientes del otro lado del planeta?.

Otro problema que viene incorporado en estas importaciones es que la carne del pangasius viene desnaturalizada, perdiendo gran parte caracteristicas positivas. Lo que significa, en la práctica, una segregación alimenticia: los niños que son alimentados con especies capturadas en mar chileno consumen todas las proteinas. Los niños que se alimentan en la JUNJI, no.

Blumar S.A., a través de su marca El Golfo, es una de las empresas que comercializa pangasius en Chile (en su versión congelada).

Las principales empresas importadoras son Desarrollo Oceánico Chile Ltda. (28%), Comercial Sea Garden SPA (21%), Com. Global Products Ltda. (11%) y Walmart Chile Comercial S.A. (10%).

El porcentaje restante se distribuye entre otras 24 empresas, dentro de las que figura Blumar.

¿Quién es Blumar S.A.?

Según un reportaje de Ciper Chile, “Blumar S.A. es titular del 20,28% de la cuota industrial de jurel, del 26,07% de sardina común, del 31,05% de merluza común y del 15,74% de merluza de cola; pero de esta empresa nada se sabía en Chile hasta hace sólo unos meses. Su nombre era completamente desconocido hasta el 8 de octubre de 2011, cuando apareció en el Diario Oficial y en el mapa de la pesca nacional.

Así pasó a llamarse Pesquera Itata S.A. luego de fusionarse con Pesquera El Golfo S.A. y quedar con un capital de US$ 241.903.755 (poco más de $124 mil millones).

Con esa fusión, las inversiones pesqueras de la familia Sarquis y del grupo Yaconi-Santa Cruz pasaron a ser una sola compañía, y de paso, a ser la empresa individual que concentra el derecho a explotar la mayor parte de los recursos pesqueros en Chile.

La propiedad de la sociedad se reparte en un 54,69% para la familia Sarquis y un 45,31% para el grupo Yaconi-Santa Cruz, que además es dueño de Aquafish S.A., una empresa que hasta el año pasado participó en la pesca de jurel, sardina, anchoveta y merluza, pero que no figura entre los armadores que tienen una cuota asignada para 2012.

La fusión que dio origen a Blumar S.A. se dio en medio de la guerra que tiene enfrentadas a las pesqueras industriales por la redistribución del mar chileno. Ante la incertidumbre de cómo se reasignarán las cuotas individuales (si se mantendrán o se subastarán), cuando en diciembre de 2012 pierda vigencia el actual régimen de pesca, casi todos los armadores industriales, menos uno (Lota Protein S.A.), se aliaron para defender en bloque los porcentajes que se les asignó en 2001. Para evitar la licitación de sus cuotas, llegaron a un acuerdo con los pescadores artesanales y el gobierno a fines de septiembre pasado. Si la base de ese documento se respeta, salvo unos pequeños cambios, todo se mantendrá igual y el control del mar chileno y sus recursos seguirán, como hasta ahora, y por 20 años más, en manos de unos pocos gigantes pesqueros”.


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