31 de Diciembre, 2018

Una buena del 2018: La PDI

Una buena del 2018: La PDI

2018 termina con un sabor raro, no dulce. Esto es generalizado, pero en materia de orden interior es mas evidente. A lo largo del año el conflicto mapuche fue creciendo, pese a los intentos del ministro Moreno, a varios viajes presidenciales y hasta la visita del Papa. El crimen de Camilo Craquillanca puso con dramática […]


2018 termina con un sabor raro, no dulce. Esto es generalizado, pero en materia de orden interior es mas evidente. A lo largo del año el conflicto mapuche fue creciendo, pese a los intentos del ministro Moreno, a varios viajes presidenciales y hasta la visita del Papa. El crimen de Camilo Craquillanca puso con dramática elocuencia el desafío pendiente que tiene Chile con los pueblos originarios, y de paso, entró directamente a la Moneda, donde reside la responsabilidad de la seguridad interior del país.

De paso, los falsos testimonios y las contramarchas del personal involucrado terminó elevando el tema de Carabineros hasta recordarnos una de las últimas leyes de amarre recauchadas que quedan. El saldo anual es preocupante, decenas de generales retirados, dos Generales Directores entre ellos. Quizás el paradójico resultado de ello aún no se percibe, dificulto que en otra institución similar de la región, un suceso de esta magnitud no provocase un rifirrafe mayor. La enseñanza es la necesidad de revisar el funcionamiento institucional, con transversalidad y visión de Estado, sin populismos mediáticos, y por cierto, como toda reforma que quiere ser exitosa, con participación de la propia Institución. Recuperando sus mejores valores, muchos de ellos de larga data y presentes diariamente. Que los arboles no nos impidan ver el bosque.

Los ánimos están crispados y algunos creen que todo se puede arreglar a golpes, SIC.

Las propias autoridades de Interior han sentido la presión. Y en mi opinión, han tenido que caminar sin apoyo en varias oportunidades. El equipo político lo forman varios ministros, pero en la Moneda se ve a un solo ministerio –abierto a que me contradigan- y así no funciona la cosa, el portaaviones siempre necesita su flota de escolta y a veces los destructores se quedan protegidos en sus bases y dejan al buque insigne navegar solo enfrentando aguas turbulentas, fuego cruzado y hasta sufriendo la acción de los saboteadores. El resultado a fin de año es también paradójico: el Subsecretario tiene mayor aprobación que el Ministro.

Pero ningún país puede surgir si no tiene fe en si mismo y si no mira con objetividad su quehacer. 2018 también nos muestra experiencias positivas en materia institucional y en particular en orden interior. Y ese es el caso de la PDI.

No es casual, desde hace algunos años la afluencia de jóvenes que postulan a su Escuela es cada vez mayor, y cada vez de mejor rendimiento académico. Este año el promedio de PSU de los aspirantes “mechones” ronda los 600 puntos. Ojo ese es el promedio de la promoción, porque si en cuanto a las postulantes mujeres el promedio se eleva. En suma, año a año, a la PDI está ingresando lo mejor de nuestra juventud.

Y en cuanto a eficacia, los datos no son menores. Su propio Director nos informaba el fin de semana que la PDI ha incautado mas de 24 toneladas de drogas este año y detuvo a cerca de 7000 infractores a la ley 20.000. Niveles similares exhibe el accionar la policía civil en los otros tipos de delitos (robos, trata de personas, entre otros).

No solo son los casos resueltos encargados por el ministerio publico, por las fiscalías. Se ha hecho común conocer por la prensa el accionar del personal de la PDI repeliendo ataques, asaltos, interviniendo en defensa de terceros, aun en momentos en que se encuentran fuera de servicio.

Así como corresponde a veces ejercer la crítica, también es justo reconocer los desempeños que merecen destacarse. Paulatinamente nuestra policía civil ha avanzado en múltiples frentes, empezando por la formación. Su éxito se mide no sólo por la creciente calidad de los aspirantes nacionales. A ello agreguemos decenas de aspirantes procedentes de diversas policías de América Latina que en base a programas de cooperación, buscan formarse en nuestro país. Una política de personal innovadora logró atraer a muchos profesionales formados a sus filas. Por cierto, la consolidación de una clara doctrina institucional permite encuadrar tanto al personal de Asistentes Policiales como a la Oficialidad en una común práctica de eficiencia, respeto irrestricto a la legalidad y cumplimiento de la misión.

Bien por la PDI. Bien por Chile. Conste que no basta quedarse en los laureles, no me refiero a los policías, sino a la civilidad. La PDI necesita mas apoyo, una parte no menor de su personal carece de planta con todos los inconvenientes que ello acarrea. A lo largo del territorio no siempre las condiciones logísticas o de infraestructura son las mejores, recuerdo no hace mucho haber conocido en terreno las difíciles condiciones climáticas en que el personal de la PDI cumplía sus tareas de extranjería en el altiplano, y lo mismo en el pequeño cuartel de Puerto Williams.

“Uds. tienen un FBI austral” me comentó hace un tiempo un estudioso extranjero del tema de seguridad. Y si, claro que si. Por todo ello, al hacer el recuento del año, creo no equivocarme al decir que se trata de una de las cosas buenas del país.

Sobre el autor:

Cientista político

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