La caída del pedestal

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    La expresión que lanzó la presidenta el fin de semana pasada en un acto en Las Condes, abrió una fisura contundente dentro de la Nueva Mayoría. Debemos avanzar hacia un “realismo sin renuncia” señaló, lo que significaba reconocer que el gobierno no está en condiciones de cumplir con sus promesas de campaña.

    Las mismas que el oficialismo le rendía culto como una letanía religiosa, a la que sólo los herejes podían amenazar dudando de ellas, y la que le dieron sustento a una reforma tributaria, que llevaría a recaudar 3 puntos del PIB.

    El problema es que el país no creció como se pensaba, y renació otro concepto considerado tabú por el gobierno: “ crecimiento, “sino lo conseguimos no hay reformas sustentables”.

    El realismo de la mandataria cayó como balde de agua fría en el oficialismo, desde un tímido presidente de la DC, que llamaba a hacer un esfuerzo para implementar la gradualidad de los compromisos, a un altisonante Walker que aprovechaba de sepultar la retroexcavadora, un Girardi que demandó cumplir los compromisos, al menos el de la gratuidad de la educación, un Rossi que se despedía de la Nueva Constitución, hasta la dura postura del PC, que llamaba a no aceptar echar atrás las reformas comprometidas y amenazaban con no aceptar esa estrategia. Sin abandonar eso sí, los puestos del gobierno donde han copado cargos que no están dispuestos a soltar

    Lo que puede resultar obvio, para cualquier estudiante de introducción a la economía, respondió a las advertencias del Ministro Valdés sobre el elevado déficit fiscal, que estamos alcanzando, el que será de un 3%, la segunda cifra más alta desde el retorno a la democracia y la tasa de crecimiento que se está acercando apenas al 2 %

    Se debe reconocer la valentía de la mandataria, pero lo cierto, es que no si no va acompañada de decisiones concretas en esa misma dirección, el realismo sugerido contribuirá sólo a desfondar el poco apoyo que tiene.

    Si asumimos que quienes la respaldan lo hacen por las expectativas de cambios, el discurso realista podrá entusiasmar a sus detractores, pero no a quienes la apoyan. ¡Va a bajar del 20%!

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