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Jorge Navarrete abogado, analista, columnista político y ex militante DC, en entrevista publicada en diario “Pulso” (Copesa), se lanza con todo contra la Presidenta Bachelet enjuiciando a la Mandataria por su accionar al mando del Gobierno y defendiendo a la DC casi victimizándola. El domingo, otro democratacristiano también arremetió contra el Gobierno, en una semana marcada por las “demostraciones de fuerza” del partido de la flecha roja.

Navarrete es consultado sobre la experiencia de los otros ministros del Interior DC que han pasado bajo el mando de Michelle Bachelet señalando que: “Para entender lo que está ocurriendo en este caso, son inseparables las características políticas y personales de Bachelet”

Navarrete define a la jefa de Estado como “la Presidenta es una mujer de izquierda, que mira de manera instrumental la relación con la DC, incluso como un mal necesario, en la medida que ésta resulta indispensable para construir una mayoría política y social para gobernar y llevar adelante los cambios. Por la otra, ha demostrado una aversión a cualquier dinámica que cuestione o relativice su autoridad, donde aparezca influenciada o pauteada por otros, lo que siempre hará difícil el diálogo con su ministro del Interior, más cuando hay un vínculo con personas que cuentan con un patrimonio político propio. A Bachelet no le acomoda la relación política entre pares.

Sobre la relación Presidneta y Decé, Navarrete reflexiona: “El hecho de que la Falange sea la derecha de la izquierda en el oficialismo lleva a una tensión permanente por quienes creen al interior de la Nueva Mayoría que la DC está menos comprometida ideológica y culturalmente con las transformaciones propuestas; y, por lo mismo, se la percibe como un obstáculo e incordio para el cumplimiento de los objetivos propuestos. Lo anterior tiende a mal interpretar o a sospechar de todas las objeciones o “matices” que se hacen por el partido más grande de la coalición, al que se le necesita mucho, se le respeta poco y se le quiere nada”.

Ante la pregunta “¿Ganó algo la DC en los últimos días con su “demostración de fuerza”?” , el abogado responde, “como todas las demostraciones de fuerza que hace la DC, éstas son rápidamente relativizadas, explicadas e interpretadas por sus propios dirigentes, atenuando sus efectos y disminuyendo su real impacto. A propósito de los últimos episodios en relación a Burgos y Valdés, el senador Jorge Pizarro no se demoró más de 24 horas en desdecirse. Lo anterior, más allá de la tibieza que históricamente se le ha reprochado a la Falange, ahora también hubo una disputa interna, en la medida que no se trata de una posición que compartían todos los dirigentes y militantes”.

Cuando se le pregunta por la permanencia de la DC en la Nueva Mayoría, que este domingo “liquidó” el ex ministro DC Edmundo Pérez Yoma, Navarrete explica que “especular con esta cuestión ha sido una debilidad del mundo político y los periodistas. Las razones históricas, ideológicas y estéticas de por qué la DC es parte de una coalición de centroizquierda, constituyen una tradición e inercia difícil de romper. Pero hoy, incluso frente a la debacle de popularidad que ha experimentado el Gobierno, el detentar el poder y la expectativa de mantenerlo, sigue siendo un sólido elemento de aglutinación. Porque incluso soslayando todo lo primero, la pregunta relevante a continuación sería: ¿irse a dónde? Mientras no exista una seria posibilidad de constituir una alternativa políticamente coherente, competitiva y sustentable fuera de la Nueva Mayoría, veo muy difícil que la Falange abandone su hogar, por más deteriorado que éste se encuentre”.

Juicio a Bachelet
Navarrete también se da tiempo para analizar y enjuiciar el liderazgo de la Presidenta señalando que: “En un régimen tan presidencialista como el nuestro, lo que haga o deje de hacer Bachelet es absolutamente decisivo para el devenir de los acontecimientos. La Presidenta de la República ha llevado la ambigüedad al sitial de una doctrina de Gobierno, donde observa y comenta el proceso como si fuera un agente externo, arbitra entre las fuerzas en disputa, e intenta equilibrarlas como si así se pudieran resolver los problemas y preservar el futuro de la coalición y su Gobierno.

Navarrete también le manda un mensaje a Bachelet, “que no confunda voluntad con voluntarismo, persistencia con porfía, y menos popularidad con populismo (..) Aunque parezca una obviedad: hay que empezar a gobernar”.

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