Otorgan nacionalidad chilena a Roberto Kozak quien salvó a miles de chilenos de las garras de Pinochet

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“Quiero destacar a Roberto Kozak, se la jugó un ciento por ciento después del golpe militar y gracias a sus acciones por lo menos 30 mil personas perseguidas o en riesgo pudieron rehacer sus vidas”, sostuvo la senadora PS Isabel Allende luego que la Cámara Alta aprobara por unanimidad la concesión de la nacionalidad chilena por gracia al argentino.

A mediado de la década del 70´ Koza encabezó la oficina del Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas (CIME) que tuvo como misión facilitar la salida del país de los prisioneros políticos.

Se estima que durante la dictadura militar Kozak salvó de la prisión o posibilitó la salida del país a unos 30.000 perseguidos.

La senadora Allende destacó que Kozak “continuó su labor tras el retorno a la democracia, haciéndose cargo del regreso de quienes tuvieron que salir del país. Somos muchos quienes estamos agradecidos por su ayuda humanitaria”.

Por su parte, el senador Juan Pablo Letelier, aseguró que Kozak “es un hombre que ha servido a nuestra patria de una forma extraordinaria”.

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“Al visitar los centros de detención y tortura logró evitar que miles de personas pasaran desapercibidas y generó las condiciones para que más de 30 mil perseguidos salieran de Chile”, declaró el legislador.

Solidario

El actual director del Servicio Médico Legal, doctor Patricio Bustos, recuerda que conoció a Kozak cuanto estuvo presionero en Tres Álamos.

Ahí, en Tres Álamos, conocí a Roberto Kozak como una persona que irradiaba solidaridad y humanidad”, afirma el galeno a revista Qué Pasa.

Según Bustos, Kozak no sólo hizo los trámites para sacarlo del centro de detención, sino que también para reunirlo con su mujer en Italia.

Según consigna la publicación, todo partió en 1974 cuando el argentino logró un acuerdo con el gobierno de Augusto Pinochet para establecer una vía más expedita para la expulsión de prisioneros políticos.

Los primeros en salir fueron un grupo de ex ministros que llegaron de isla Dawson, entre ellos Clodomiro Almeyda.

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No era raro, en un mismo día, estar entrevistando a una gran cantidad de presos, luego partir a una embajada y después tener reuniones en el Ministerio del Interior o en Relaciones Exteriores”, relata Kozak. “Los días eran sumamente intensos. Las horas laborales no alcanzaban”, indica Kozak.

En 1979, quedaban 37 presos condenados por infracciones a la Ley de Seguridad Interior del Estado y Kozak partió a un nuevo puesto en el CIME en Ginebra. Antes de eso, quiso dejar todo negociado para esos últimos prisioneros. Le propuso al gobierno que, si se aceleraban estos casos, él se comprometía a decir, en su última declaración pública, que la tarea estaba hecha.

Sin embargo, regresó en 1984: “Faltaba la mitad del trabajo: asistir al retorno y a la reinserción en la sociedad chilena del último de los exiliados que deseara hacerlo”.

Recuerda que, cuando retornó, le tocó saludar a Pinochet en un encuentro diplomático. El general le dio la mano y lo apuntó con el dedo diciendo: “Usted volvió, ¿eh?”.

“A Chile siempre se vuelve”, le respondió, consigna Qué Pasa.

Su hijo Nikolai, tras conocer la historia de su padre, afirmó: “Que alguien te diga tu papá me salvó la vida y que te lo digan docenas de personas en ese lugar… cómo no te va a cambiar todo. En ese momento él se convirtió en una persona distinta en mi mente”.

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