Carlos Peña enjuicia y demuele a Piñera: “Un pícaro oportunista”

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El columnista Carlos Peña, en su tradicional opinión dominical en El Mercurio, este domingo ha sentado en el banquillo a Sebastián Piñera, a quien califica como “invulnerable” a los escándalos y lo define como un “pícaro oportunista”. Hemos elegido lo mejor – a nuestro juicio- de esta demoledora columna del abogado Peña.

Con esta pregunta parte la columna de Peña: “¿A qué se debe que la trayectoria más bien picara del ex Presidente –confirmada esta semana por el vínculo entre Bancard y y Soquimich- no parece hacerle mella?”

“Hay gente que es incombustible como resultado de la virtud que cotidianamente exhibe. Nada les hace mella porque nada desmiente lo que proclaman. Otros son invulnerables porque han ejercido casi toda la gama de virtudes y han rozado casi todos los defectos de lo humano. Nada los daña porque nada en ellos resulta sorprendente. Este último parece ser el caso del ex Presidente Sebastián Piñera”.

La pluma de Peña es implacable y como lanza en ristre embiste al empresario dándole en el punto más débil “La tradicional relación entre el arte de de hacer dinero y el arte de la política que su trayectoria muestra (confirmada esta semana por la vinculación entre Bancard y el caso SQM) no parece dar motivo a escándalo alguno. Sorpendente”.

Peña lo vuelve a repasar y le enrostra las vinculaciones Penta SQM: “Es cosa de mirar los hechos para advertirlo. Uno de sus subsecretarios (Wagner) recibía sumas periódicas de una de las empresas Penta reguladas por el gobierno que él dirigía; otro de sus empleados (Jaime de Aguirre) recibió dinero de donaciones electorales en pago por su buena gestión televisiva en Chilevisión (controlada entonces por Piñera); y ahora su administrador electoral y al mismo tiempo gerente de finanzas de Bancard, controladora de Bancorp (Santiago Valdés), será formalizado por la fiscalía como consecuencia de operaciones fraudulentas”.

Peña hace una comparación con los demás políticos de renombre involucrados y que han sido severamente castigados por escrutinio público y escribe “Al lado de todos esos casos con lo que el ex Presidente Piñera se ha visto vinculado, los de la Presidenta Bachelet, ME-O o Velasco parecen un detalle minúsculo: apenas una leve brizna al lado de un espeso pastizal”.

Y Peña vuelve con otra carga certera contra el candidato ungido por el senador Allamand el día de ayer y se pregunta ¿Por qué entonces el escándalo y la crítica que generan los casos más leves no se repiten proporcionalmente en estos casos más graves en los que el ex Presidente se ha visto vinculado? La paranoia –que en Chile parece plaga- ayudaría a insinuar que él (Piñera) está protegido por complicadas redes, por 2 o 3 medios de comunicación -el famoso duopolio- que protegerían sus mismos intereses. Pero las cosas no son así. Ninguna conspiración lo protege. El ex Presidente está protegido por sí mismo”, reflexiona y a la vez sentencia el abogado Peña.

¿Piñera un pícaro oportunista?
¿Piñera un pícaro oportunista?

Inmediatamente el columnista busca una definición para el empresario: “Un pícaro oportunista, alguien que sabe aprovechar la constelación de las circunstancias, tomar ventaja de las debilidades ocasionales de sus competidores, saltarse las reglas cuando nadie vigila, y hacer gala de todo eso, no caerá nunca, puesto que en el radar de la opinión pública ningún acto suyo resultará sorprendente. Se produce así la máxima paradoja, que es habitual en política. Frente a un mismo hecho (las vinculaciones al caso Penta o SQM), el que posee el peor comportamiento previo es quien tiene menos riesgo de salir dañado. Eso es exactamente lo que explica que el Presidente Piñera, a pesar de sus comportamiento que parece esmerarse en tropiezos y en picardías de variada índole -¿será necesario recordarlos?-, no se ha visto en tiempo reciente, involucrado en escándalo alguno, a pesar de que las vinculaciones entre los actos que la fiscalía reprocha y los suyos son harto más cercanas que las que se han reprochado a MEO o a Velasco. Y es que las cuentas de la virtud pública nunca cuadran bien. Son as ironía de la vida y de la política”.

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