Análisis: Un día como asesor de la Presidencia…

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    Sería interesante que Ud. leyera esta columna en su puesto de analista por un día y se preguntara cuantos escándalos más habremos de conocer para perder la capacidad de asombro o repentinamente salir del letargo.

    Cuando la mayor parte de las columnas de opinión reflejan el mal momento político que sostiene el Gobierno, refrendadas en sendos instrumentos de medición, con mayor o menor asertividad, cabe preguntarse qué pasa con los asesores del máximo nivel de conducción del país, o si estos en definitiva no son escuchados.

    Si Ud. estuviera sentado en el puesto de alguno de esos analistas, seguramente convendría en algunas de estas señales:

    Sería desmedido no atender los indicativos de que la marcha del país, no es la esperada por la ciudadanía, o al menos por el tercio de ella que concurrió a las urnas a manifestar los deseos de que Michelle Bachelet, fuese nuevamente gobernante de Chile.

    Sería majadero defender la labor efectuada tal vez con mucha intención pero con torpe ejecución, de las obras llevadas a cabo, con argumentos increíbles como desmentir las encuestas o minimizar sus resultados cuando son adversos, a la vez de publicitarlos cuando ocurre a la inversa.

    Sería extraño avanzar en alguna de las grandes reformas con un país dividido e invadido por el pesimismo económico, que trae consigo desempleo, menores flujos y movimiento.

    Sería peligroso no involucrarse en la debacle que se cierne sobre los partidos políticos que forman la coalición de Gobierno, con escándalos diarios de manejos inciertos, o poco claros de dineros conseguidos de forma desconocida.

    Sería poco beneficioso para la institucionalidad democrática que el Congreso no atienda sus bajos índices de credibilidad y que sus integrantes no reconozcan siquiera que viven una realidad diferente desde donde ellos provienen y que hoy la reniegan por privilegios personales y réditos económicos.

    Sería extraño continuar con la poca tuición sobre los actos de las Fuerzas Armadas para las cuales no hay recesión ni restricción, con dineros de todos los chilenos que exigen una administración eficiente, que impida que un Cabo post púber dilapide dos mil millones de pesos sin que exista otro responsable que él y tal vez con suerte, un Coronel. Del resto de la cadena de mando…..Nunca se supo.

    Sería raro que Chile no despertara y se hicieran más recurrentes los paros, las marchas, más allá del deporte nacional en que se han convertido la de los estudiantes, que a estas alturas ya no saben ni porqué marchan, los camioneros y las amas de casa, cansadas de este estado de suspensión en que el país parece verse envuelto desde hace un tiempo.

    Sería normal que cualquier ciudadano con la más variopintas peticiones no exigiera ser recibido por el Ministro del Interior o por la Presidenta, atendido el bajo poder de negociación que el Gobierno tiene, temeroso de que el más mísero escándalo termine con la Alameda incendiada, las rutas paradas y los Carabineros tratando de hacer pero a la vez no hacer nada, para que no caiga en ellos la espada vengadora del político sin recursos.

    Sería interesante que Ud. leyera esta columna en su puesto de analista por un día y se preguntara cuantos escándalos más habremos de conocer para perder la capacidad de asombro o repentinamente salir del letargo y exigir como en Brasil la renuncia de aquellos que no son eficientes para lo que fueron electos.

    Sería otro Chile, si se estableciera una política con hoja de ruta incluida con una estrategia de implementación secundada de las necesarias comunicaciones, que ordenara esta mescolanza en que se ha convertido un país que hasta hace poco lideraba el emprendimiento y la sensatez democrática.

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