Editorial: La carga de “Los jinetes del Apocalipsis”

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No hay día de la semana y domingo en que los “pontificadores” de verdades “olímpicas” –recordando la mitología griega- en que abogados, cientistas políticos y periodistas como Carlos Peña (Mercurio); Héctor Soto, Ascanio Cavallo, Axel Buchheister y Jorge Navarrete de La Tercera; Mirco Makari (El Mostrador) y Tomás Mosciatti de Radio Bio Bio, no lapiden al gobierno y al país con sus análisis escalofriantes, donde -para ellos- todo lo malo, lo perverso y lo corrompido está en nuestro país y por cierto en la Presidenta de la República.

Sin duda que la gota que ha rebasado el vaso es la teoría sobre supuestas incapacidades de la jefa de Estado que el diario El Mostrador levantó y sostiene como principal bandera para sus análisis.

Quienes insisten en el diagnóstico pasan por alto adjuntar las causas, por una parte y proponer soluciones coherentes con la democracia. Las falencias de la democracia no se castigan con pedradas en la plaza pública.

Acá se requiere fortalecer la democracia y no debilitarla. Esto supone soluciones inteligentes que, en parte, pasan por el liderazgo presidencial, pero la responsabilidad principal es de aquellos que sostienen los pilares democráticos. Estos pilares no otra cosas que la participación política basada en el diálogo y el respeto; la representación asumida como una responsabilidad donde las minorías radicales no representan el sentir mayoritario de la ciudadanía, la capacidad de poseer voluntad política para entender que la negociación siempre es frente ante la opinión pública que no acepta ni la exclusión ni el populismo. Lo que está en juego el bien común de un país que ha logrado avanzar con sus fortalezas, debilidades y errores hacia un estadio que requiere de un compromiso con el bienestar social y con el afianzamiento de la democracia.

En este sentido un flaco favor le hacen estos y otros “apocalípticos” que elaboran rebuscadas teorías sacadas –muchas veces- de los pasillos del Palacio de Gobierno o bien, como escribiera Clarisa Hardy “escarbando en la basura”.

Ciertamente que los medios de comunicación tienen un rol fundamental en el proceso democrático, pero los medios, no puedes ser investigadores, jueces y parte. En este sentido, el modelo atomizado en el “duopolio” refleja estos problemas porque se van instalando verdades que solo obedecen a intereses propios y no siempre reflejan el de la ciudadanía.

De lo anterior tres muestras de los apocalípticos. Héctor Soto escribe este domingo “El revés de la trama: Nadie gana, todos pierden. La gran damnificada de la reciente encuesta Adimark fue la Presidenta Bachelet. El problema, sin embargo, ya no es sólo suyo, sino de todo el país. Pocas veces el desánimo en distintos planos de la actividad nacional había llegado tan lejos. Siendo menor la conflictividad social que en los peores momentos del gobierno anterior, la crisis, al menos en términos de credibilidad y confianza en la clase política, es sustancialmente más profunda”.

Por su parte Peña –nuevamente hace de la Presidenta su presa- señalando: “Explicación de un fracaso: Esta semana, la Presidenta Bachelet acaba de derrotar a Piñera: concita más desaprobación que él. ¿a qué puede deberse? Los fracasos gubernamentales no tienen más que dos explicaciones básicas: el camino elegido por el Gobierno es el correcto, pero quienes lo integran son torpes a la hora de transitarlo, o el camino escogido es erróneo y aunque se ponga esmero y cuidado al recorrerlo, el resultado será peor”.

En tanto Jorge Navarrete advierte “reencontrarnos con la democracia solo será posible si es el resultado de una decisión colectiva, cuyo procedimiento y límites nos debe proponer la Presidenta durante este mes”.

Es en escenario complejos como el que vive el país, producto de los casos de corrupción que vincula a políticos y empresarios, la nula existencia de una oposición política responsable y sin liderazgo, han hecho propicio este ambiente enrarecido donde, por ejemplo, han sido los dirigentes empresariales quienes han tomado el liderazgo opositor y –al igual que en otras épocas- son un par de medios de comunicación los encargados de levantarlos en la agenda pública y en la élite.

Hoy la élite y el poder, en su conjunto, está en entredicho ante la opinión pública y pareciera que ese mensaje aún no es comprendido por estos grupos.

Es vital, para terminar con este mal clima nacional, transparentar, desatomizar y dialogar de cara al país, de cara a la ciudadanía y sin teorías conspirativas que en nada favorecen a la República.

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