La trilogía de Oviedo

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    Tres son los ejes públicos que el actual Comandante en Jefe del Ejército ha debido enfrentar en su plan de trabajo, debido a los recurrentes puntos de conflicto en que la Institución se ha visto envuelta. Heredados de administraciones anteriores, la autoridad castrense se ha visto obligada a demostrar soluciones concretas para lograr revertir la imagen de corrupción, deficiente administración y defensa indirecta de los procesados por derechos humanos que hoy enfrenta.

    La corrupción funcionaria ha azotado fuertemente al Ejército estos últimos tiempos. Los ya conocidos casos han comenzado a arrojar nombres y altas graduaciones, algo que la Institución maneja con mucha reserva y que hace dudar que lo más razonable es que una fiscal militar dependiente de un juez militar que a su vez es un militar que le califica anualmente, lleve una causa de tanta implicación. Poco a poco, los testimonios deslizados a la prensa, dan cuenta de una serie de irregularidades que llevaron finalmente a anunciar públicamente una auditoría privada a la Institución, cuestión que significa que la Contraloría General de la República no ha sido eficiente en el control de los recursos.

    Diversos medios de prensa, de preferencia de escaso tiraje, se han especializado en recabar y recepcionar las denuncias que apuntan hasta ahora sin mayores pruebas al Alto Mando, situación que lleva a pensar que la estructura piramidal militar posee varios implicados y muchos otros que conocían de la situación, callan por temor a las represalias.

    A su llegada, Oviedo instauró una serie de medidas “restrictivas” finalizando con algunos privilegios con los que contaban los grados de mayor jerarquía en una señal de austeridad que hacía presagiar un correcto uso de los bienes fiscales y los recursos con los que cuenta el Ejército. Pero el mal endémico de la corrupción ya estaba instalado en las filas y desgraciadamente contaminan la buena labor que la Institución realiza con un fuerte asiento en el apoyo a la sociedad.

    Pagos irregulares y otras confesiones hacen que hoy el Ejército este entrabado en otorgar explicaciones de su actuar, para lo cual ha sido lento y reactivo. Hace poco, fueron denunciados los supuestos pagos de comidas y otras situaciones en la prensa por parte de otros dos implicados en nuevos fraudes. Al parecer, al ver que las irregularidades son dispuestas y autorizadas, el mando medio asume que es correcto participar de las prebendas. Y así comenzamos a conocer situaciones, que de resultar ciertas, dejarían varios caídos en el camino. Con ello, se logra complicar a todo un organismo fundamental del Estado, donde los éxitos y apoyo a la población se diluye por las frecuentes denuncias del mal proceder de algunos pocos, que permiten enlodar a toda una uerza. Lo extraño además, es que la Institución se ufane de ser ella misma quién detectó los ilícitos ante las preguntas de congresistas y sociedad, sin otorgar una explicación coherente públicamente de como fallaron todos los escalones de control, quedando a la luz solo procesados aquella parte más débil del sistema, cuando lo que nos convoca es entender cómo es posible que un sistema militar repleto de controles y disposiciones pueda caer en estos ilícitos, que hacen increíble que solo existan dos implicados hasta ahora detenidos en cada caso. Tal vez es una conclusión apresurada al término de los sumarios y habrá que esperar que el cierre traiga las sanciones a la cadena de mando, como fuera aplicada en Antuco, por el General Cheyre, sin mayor demora.

    En otro punto de la trilogía, las demandas de una y otra parte respecto de las situaciones de derechos humanos siguen ganando espacios. La diferenciación entre el Ejército activo y los ex integrantes ha quedado clara por el Comandante en Jefe. Pero la cercana relación de estos dos actores es innegable. Un problema que no pareciera tener solución, puesto los condenados reclaman sus derechos mientras los parientes de las víctimas permanecen incólumes a la premisa “ni perdón ni olvido” que hacen irreconciliables las posiciones. Oviedo es un claro ejemplo de la unión de estos mundos. Su propio hermano está involucrado en uno de los tantos juicios que se llevan adelante, sin mucha rapidez, porque pareciera que el tema alimenta a no menores actores que buscan una reparación a lo que el Estado les hizo sufrir.

    El tema de los derechos humanos logra complicar al Estado finalmente. A las millonarias compensaciones, se unen las cada vez más deterioradas condiciones físicas de los reos militares que llevarán en poco tiempo a exigir a Gendarmería todo un aparataje médico que garantice las mínimas condiciones humanitarias de sus internos. Si tal vez es impensable políticamente otorgar un indulto a este grupo de presos, se deberá de igual forma determinar la forma de solucionar su problema antes que los organismos internacionales curiosamente aun no invocados por los interesados, comiencen a generar ruido.

    No se conocen públicamente tratativas de Oviedo en este aspecto, puesto no corresponde a que las haga a su nivel, pero sin duda es un punto que ha marcado la mitad de su mandato: Solo se conocen sus intervenciones en el Congreso para salvaguardar las memorias de quienes han muerto y alguna vez integraron el Alto Mando del Ejército que hoy día él dirige. Pensar que no es un tema que le complique, es un error que todavía no se expresa en plenitud, para el cual deben buscarse soluciones por la vía del entendimiento y el lobby político. La propia intervención del General en el Congreso señalando que la memoria debe resguardarse es una insinuación a que el mundo militar activo y pasivo sostiene un lazo indiscutible. Sus palabras fueron absorbidas por el mundo pasivo como un espaldarazo a la situación de los condenados, algo que ningún otro Comandante en Jefe había expresado públicamente al menos ante los integrantes del Congreso, cuya reacción pasiva se interpretó asimismo como un reconocimiento a que el ensañamiento de los sectores más izquierdistas no tiene mucha fuerza, transcurridos tantos años luego de los hechos del 73. Ahora bien, comparar este tema con lo ocurrido en Alemania y el partido nazista es una evidente exageración, que no resiste análisis serio y por ello no tuvo mayor repercusión cuando fue así planteado por sendas figuras políticas congresales.

    El tercer punto de la trilogía lo indica el potenciamiento de su personal con exigencias físicas y técnicas a todo integrante, que ha traído positivos dividendos a la Institución. Nunca antes hechas valederas con la fuerza actual de su orden, no ha dejado a ningún efectivo indiferente, sobre todo aquellos de graduación más alta que han debido cumplir con exigencias físicas, destrezas militares y un completo set de medidas tendientes a elevar su capacitación individual. Seguramente, la condición física y destreza atlética de Oviedo ha contribuido a ejemplificar estas características. Es así como Generales, Coroneles y el resto de los militares en servicio, han debido integrar estas exigencias a su diario vivir para evitar conseguir una evaluación eficiente.

    Sin embargo, el reforzamiento físico cuenta con críticos al interior de las filas. Desde la apreciación de la necesidad de una acción gradual para implementar las medidas hasta la diversa competencia de acuerdo a los grados, acompañados de la edad, que determinan diferentes necesidades en las habilidades requeridas de acuerdo a cada grado y puesto.
    Es muy probable que de no mediar un cambio en la estrategia, Oviedo sea recordado en su mando sólo por este punto de la trilogía, puesto la Institución no ha demostrado otros logros palpables por la ciudadanía y me atrevo a decir al interior de las filas, pese a sus despliegues en situaciones de catástrofes de impacto comunicacional bajo por ausencia de una estrategia de inserción acertada que posicione debidamente estos hechos.

    Transcurridos casi dos años desde que Oviedo asumiera el mando del Ejército, seguramente los aspectos puestos en evidencia en esta somera trilogía no coinciden con su plan de gestión ni idea de legado, más, estas situaciones han tomado fuerza y seguramente lo seguirán haciendo, para lo cual se espera que en la definición de su próximo alto mando institucional efectúe los cambios necesarios para controlar el “fuego amigo” en que se han convertido los escándalos financieros aparejados de corrupción y señales de feble control del aparataje institucional, mientras que los derechos humanos exigirán una atención especial, con la creciente coordinación del sector pasivo que clama por una justa aplicación al derecho en virtud de una necesaria humanidad, puesto pese a que los procesados no la hayan aplicado, ello no le da derecho a la sociedad a actuar con saña y venganza, puesto así una sociedad nunca avanza en la reconciliación nacional.

    Lo negativo del tema, lo compone una situación política muy complicada en cuanto a los apoyos y el uso de las oportunidades de escándalos que ofrecen una distracción a la alicaída situación nacional, donde los militares son usados como herramienta útil para conglomerar voces y marcar presencia y agenda propia, algo que el Ejército debería comprender sosteniendo una política transparente, rápida y activa, que le permita salir de la pauta mantenida por los medios, especialmente aquellos menores, que han hecho de los escándalos su ranking histórico de lectoría, con tal éxito que han debido ser replicados por el resto, manteniendo el problema latente y la popularidad y credibilidad de la Institución, repetidamente cuestionada.

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