Turquía en la balanza europea

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    La crisis migratoria y la necesidad de asegurar aliados para contrarrestarla puede conducir a que la balanza de la Unión Europea se incline a favor de otorgar la adhesión turca. El valor geopolítico de Turquía como la puerta a Oriente, hoy se centra en hacer de ella una barrera de contención para la creciente ola de migrantes. Además de ser la ruta preferente de tránsito, Turquía ha acogido a la fecha a más de dos millones de sirios.

    Recientes acercamientos diplomáticos y en particular el encuentro de Angela Merkel con Tayyp Erdogan evidencian no solo la necesidad estratégica de fortalecer la cooperación y abre nuevamente la discusión sobre una posible adhesión a la Unión Europea. De ahí la decisión de la Unión Europea de formular un plan de acción que implica incentivos económicos a Turquía y la flexibilización para otorgar los visados shengen.

    Si aisláramos la crisis migratoria, hoy Turquía estaría más lejos que hace diez años cuando empezó formalmente su proceso de adhesión. Con un escenario social y político seriamente polarizado y con el liderazgo de Erdogan que hoy se presenta como una figura potencialmente autoritaria, así como las deudas sin saldar en materia de derechos humanos, Turquía no sería un candidato viable para la Unión Europea. Sin embargo, en aras del pragmatismo se contempla la posibilidad de descongelar un proceso de negociación de ingreso a la Unión Europea, hecho que podría ir en detrimento de los principios estructurales que han dado forma al proyecto político europeo.

    La cuota que Turquía debe asegurar a la Unión Europea tiene que ver con el fortalecimiento de los controles policiales en sus fronteras y por otro lado asegurar condiciones a los refugiados generando incentivos para su permanencia en Turquía a cambio de avanzar a territorio europeo.

    Turquía constituye también un aliado en la lucha contra el Estado Islámico, hecho que lo hace un actor estratégico y puede ser usado como argumento a favor de su adhesión a la Unión Europea. Sin embargo, la forma en que hasta el momento se han fijado los blancos de las acciones turcas constituye también un tema de discusión, teniendo en cuenta que los ataques principalmente se han dirigido a las milicias kurdas.

    La reacción de urgencia de la Unión Europea llega en un momento fundamental para Erdogan quien aspira a una victoria de su partido en las próximas elecciones. Es preciso poner en la balanza los intereses y los costos políticos que a la postre tendrían que ser asumidos ante un eventual ingreso de Turquía a la Unión Europea que van desde lo económico hasta la legitimación de un régimen que se aparta de la democracia.

    Turquía es un actor de primer orden para la Unión Europea, de ello no hay duda. No obstante, se requiere cautela en los incentivos y los mensajes políticos que a este país se dirigen.

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