En las arcas del chanchito de las AFP no queda ni un peso

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A continuación la didáctica columna de opinión elaborada por el economista CENDA, Manuel Riesco (*).

El sistema de AFP debe terminarse cuanto antes y del todo, no sólo por sus bajas pensiones sino porque contraviene dos de las normas morales más esenciales de todas las sociedades civilizadas: el deber de los que pueden trabajar de sostener a quienes no pueden hacerlo y la estricta prohibición de las élites, de apropiarse de aquella parte de la jornada de los que trabajan que éstos necesitan para sostenerse ellos mismos y sus familias, incluidos sus viejos.

La civilización y la historia nacieron cuando la productividad del trabajo empezó a dejar un excedente, por encima de lo que es necesario, para sostener a las personas que lo realizan. A partir de ese momento se establece la regla moral que estos deben sostener a quienes no pueden trabajar, sea porque están enfermos o inválidos o no han alcanzado o han excedido la edad adecuada para serlo. Y que inevitablemente mueren si son abandonados a su suerte.

El así llamado sistema de capitalización individual pretende romper esta regla moral esencial, proclamando que si se liberan a los que trabajan la obligación de sostener a sus mayores ellos podrán sostenerse por sí mismos cuando lleguen a viejos si ahorran los suficiente, confiando desde luego la multiplicación de dichos ahorros a la magia de sus hábiles administradoras las AFP.

Todo ello no es más que una mistificación puesto que es evidente que los viejos al igual que los niños e inválidos no pueden valerse por si mismos. Es indispensable de que los que puedan trabajar le proporcionen el alimento, el abrigo, los cuidados que requieren para no morir.

El pan que desayunaron hoy los viejos en Chile no lo sacaron de las bóvedas de las AFP, sino que fue horneado en la misma mañana por trabajadores bien activos y madrugadores, quienes también le proporcionaron el resto de sus alimentos, los abrigos y los servicios de salud, energía y transporte y todo lo que requiere para sobrevivir.

Si la gente vive más años y aumenta la proporción de viejos en la sociedad, los que trabajan deberán inevitablemente destinar una mayor parte de su jornada en producir las cosas que ellos necesitan para vivir en condiciones dignas, o empobrecerlos si no están dispuestos a cumplir con esta obligación moral.

Los diferentes sistemas de pensiones no son sino mecanismos de cálculos para determinar la magnitud de esta parte del producto de la jornada de los que trabajan que será destinada a sostener a sus viejos.

La regla que establece esta distribución en el Sistema de Capitalización Individual es particularmente inmoral y discriminatoria. Reduce automáticamente las pensiones en la medida que aumenta la esperanza de vida y otorga pensiones inferiores a uno solo de los grupos que vive más: las mujeres. Es como si en la mesa de la antigua familia campesina la dueña de casa hubiera servido sólo medio plato de sopa a su padre y apenas un cuarto a su madre, explicando que lo hacía porque iba a tener que sostenerlo por mucho tiempo. ¿Qué hubieran opinado sus vecinos si alguna familia campesina hubiese osado establecer una regla tan perversa? Bueno, eso es lo que hacen exactamente las AFP.

Sin embargo, el sistema de AFP viola fragantemente una segunda regla moral sagrada de todas las sociedades civilizadas, aquella que prohíbe estrictamente a las elites de apropiarse de aquella parte de la jornada que los trabajadores deben destinar a sostenerse ellos mismos y sus familias, incluido los viejos. En todas las sociedades civilizadas conocidas hasta el momento las elites se adueñan de los excedentes. Los amos, señores feudales y latifundistas, y sus respectivos reyes, sacerdotes se apropiaron durante miles de años de aquella parte del trabajo que esclavo, sirves e inquilinos excedía lo necesario para mantenerse ellos y sus familias, incluidos sus viejos.

Del mismo modo, en la moderna sociedad urbana, los auténticos capitalistas se apropian de la parte que excede al salario de sus obreros, del valor agregado de la producción de bienes y servicios que se venden en el marcado en condiciones competitivas. Ganancias que a la fuerza deben compartir con propietarios de terrenos, aguas minerales, monopolistas, y toda suerte de rentistas y otra parte al avance de la ciencia. Sin embargo, en todas esas sociedades civilizadas está estrictamente prohibido a las respectivas elites -que además de quedarse con el excedentes- pretender echar el guante a la parte que los trabajadores, esclavos, siervos y obreros necesitan para mantenerse ellos mismos y sus familias.

El llamado Sistema de Capitalización de Pensiones no es en verdad un sistema de pensiones sino de ahorros forzosos destinados a transferir a los grandes consorcios financieros una parte siempre creciente de los salarios, además de subsidios financieros con impuestos pagados asimismo principalmente por los trabajadores.

Pruebas al canto.

Según las estadísticas de la Superintendencia de Pensiones en el mes de agosto de 2015 un total de 5 millones y medio de trabajadores, con un salario promedio de 673.000 pesos percibieron una masa de salarios de poco más de 3,4 billones de pesos. De los cuales cotizaron en las AFP un poco menos de 12,5 por ciento. Es decir, un total de 425 mil millones de pesos. Ese mismo mes las AFP y compañías de seguros pagaron un millón de pensión con un monto promedio de 200 mil pesos, lo que da un total de 200 mil millones de pesos. Esto es menos de la mitad de lo recaudado. Las cifras recaudadas suben a más de medio millón (millón de millones) en los meses de noviembre y diciembre, cuando aumenta el empleo y las remuneraciones. Es decir, las AFP se embolsan mes a mes poco menos de medio billón de dineros contante y sonante, lo que es una cifra fácil de recordar. Y pagan en pensione menos de la mitad de esa cifra. Sólo considerando la cotización de los afiliados. Adicionalmente el Fisco aporta al sistema de AFP más de dos billones de pesos anuales en dinero efectivo, en subsidios directos o aportes solidarios.

En 2015 las AFP se están embolsando salarios e impuestos por un total neto de 5 billones de pesos netos en dinero efectivo, que equivale un poco menos al 5 por ciento del PIB. La mitad de ese monto se las apropian ellas mismas junto a sus compañías de seguros relacionadas en forma de comisiones y primas netas y el resto lo transfieren íntegramente a los mercados financieros, de los cuales la mitad los transfieren a su vez a los principales grupos financieros que operan en el país bajo la prestamos y capital accionario. Y el resto lo juegan a la ruleta de los mercados financieros internacionales.

En las arcas del chanchito de las AFP no queda ni un peso.

Se viene repitiendo año tras año desde 1981y va seguir así para siempre.

No siempre les va bien en la ruleta y en un año como el 2008 pueden perder un tercio del Fondo A o recientemente pueden perder todos los aportes netos de los afiliados de un año.

Esto puede terminar y va terminar cuando Chile implemente la propuesta “C” de la Comisión Bravo que demuestra que sólo con las cotizaciones actuales y jubilando a todos al llegar a la edad de jubilación es posible elevar las pensiones al doble y reajustarlas anualmente al índice de remuneraciones y ahorra al Fisco. Y lo que es más importante terminar con esta inmoralidad”.

(*) La columna de opinión fue publicada originalmente en Bío Bío TV.

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