¡Me enteré por la prensa!

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    Partiendo por la Presidenta de Chile, que se enteró por la prensa de los truculentos manejos de su hijo y esposa, numerosos políticos partícipes del Gobierno, parlamentarios variados y algunos empresarios indagados, el uso y abuso de la fórmula de declarar conocer de sus problemas a través de la prensa, es una habitual muletilla a juicio de ellos salvadora, que termina haciendo concluir al ciudadano, que no hay previsión alguna de informaciones que ayuden al proceso de decisiones, en niveles tan altos como lo constituyen los nombrados.

    La seguidilla de episodios aparece nuevamente hace pocos días con nuestro Canciller, quién se enteró por la prensa de la visita de su par boliviano, cuestión que me lleva a pensar que el sistema de ingreso al país no ocupa procedimientos establecidos para anunciar la llegada de personajes que pueden comprometer al Gobierno en situaciones reactivas, tal como ocurrió. Recordemos que hace algunos años, Fujimori se vino a Chile escapando de la justicia peruana y acá nos enteramos cuando el personaje en cuestión, estaba cómodamente instalado en una suite del Marriott.

    La sociedad asimismo, se enteró esta semana que el Comandante en Jefe del Ejército se desplaza en un vehículo de 43, 5 millones de pesos a sus actividades, en pleno proceso de disminución de gastos presupuestarios que requirieron tomar medidas con su personal, quienes seguramente están muy ofuscados sabiendo que el recorte no incluyó el suntuoso vehículo. Haciendo memoria, me recuerdo haber visto al Presidente Piñera arriba de un furgón con sus asesores y a la actual Presidenta en un vehículo bastante menos modesto.

    A fin de cuentas, entre el confort gate, y todos los otros “gates” conocidos, todos nos enteramos por la prensa. Insisto. Acá no existe lo que se denomina previsión o algún plan o alguien que en definitiva haga la dichosa prospectiva que nos tiene a saltos día a día y a los medios de comunicación social, convertidos en los justicieros de culpables e inocentes de igual manera.

    Leía en un medio electrónico, que Ana Lía Uriarte, la flamante jefa de gabinete de un gobierno socialista como es el actual, estableció una especie de doctrina comunicacional que me sabe a censura y que se hiciera público tras las desafortunadas declaraciones de la Ministra de Minería, que dicho medio asegura fue fuertemente amonestada y sometida a coaching. O sea, futbolísticamente comparando: tarjeta amarilla.

    El despelote suma y sigue. La dirigente sindicalista del Registro Civil se enteró por la prensa que había sido recibida por la Ministra Blanco, algo que parece que nunca fue, y la Ministra a su vez, se enteró de igual forma que su flamante penúltima oferta había sido desechada casi al término de su lectura por parte de los movilizados, mientras ella aseguraba a la bendita prensa que el documento estaba en estudio. Raya para la suma: Anoche los ciudadanos nos enteramos por la prensa, que no hay acuerdo aún, mientras el recién nombrado Director, optó por sumergirse para no salir cascando de su puesto antes de haber hecho siquiera alguna gestión. Seguramente de ser consultado, diría “me enteré por la prensa” a su vez, para esquivar responsabilidad en el lío que esta su Servicio.

    La fórmula parece agotarse. La paciencia ciudadana también. Seguimos a la espera de una planificación comunicacional que unida a los servicios de inteligencia, que dicho sea de paso, el Gobierno posee a su disposición, nos otorgue una sensación de tranquilidad al saber que las situaciones están controladas antes que sean motivos de artículos y columnas en la dichosa prensa, necesaria en una sociedad democrática, pero evidentemente no la llamada a indagar y resolver los malos manejos comunicacionales de un Gobierno que permanentemente ha errado en ese proceso.

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