La obsesión histórica del tataranieto de Benjamín Vicuña Mackenna

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Llevaba consigo un retrato de su tatarabuelo Benjamín Vicuña Mackenna cuando llegó en 2004 al sillón edilicio de la Municipalidad de Peñalolén. Pertenecía a su padre, Claudio Orrego Vicuña, un destacado dirigente y parlamentario demócratacristiano.

Más tarde, recibiría de las manos de otra descendiente un cuadro del histórico intendente de Santiago. Según él, pintado a mano en el Siglo XIX.

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Claudio Orrego Larraín, actual Intendente Metropolitano, nunca olvida su linaje. “Benjamín Vicuña Mackenna fue alguien que con mucha pasión pensó la ciudad en grande, muy integral, y para mí es una tremenda inspiración. Por más grande que sea el modelo, me gustaría parecerme a él”, ha dicho en reiteradas ocasiones el tataranieto del destacado político chileno.

En marzo del 2014, Orrego contestó así a una pregunta formulada por un periodista de La Tercera: ¿Cuál será su gran proyecto como intendente? “Si Vicuña Mackenna pudo hace 140 años, cuando Chile era tan pobre, canalizar el Mapocho, cómo no voy a poder hacer el Mapocho pedaleable. Esta ciudad está hecha contra el ciclista y contra el peatón, sólo para que los autos anden cómodos. Ha costado mucho quitarle y dárselo al transporte público, al peatón y a la bicicleta. Me la voy a jugar por hacer un proyecto emblemático para la ciudad. Imagina la posibilidad de transitar por una ciclovía sin semáforos, me parece maravilloso. Tenemos que hacer espacios públicos, pero en lugares y para las personas que no tienen”.

Y es claro que el hijo de de Valentina Larraín Bunster, secretaria personal del presidente de la República Patricio Aylwin, tenía en mente un apoteósico proyecto. Se trata de la propuesta “Paseo Cívico Metropolitano“, que modificará el eje Alameda-Providencia junto con el punto más importante de Santiago, la Plaza Italia.

Orrego mira hacia su pasado familiar y recuerda a Benjamín Vicuña Mackenna y su intento por embellecer la capital. Y es en ese punto, quizás donde sí se acera con su tatarabuelo. A la igual que el intendente de 1872, que era cuestionado por realizar cuantiosos y desmedidos gastos para el hermoseamiento de la ciudad, intentando imitar tendencias europeas -en especial de Francia- siendo su obra magna, el paseo del cerro Santa Lucía, el intendente Orrego debe enfrentar las críticas.

Quienes apuntan con el dedo al intendente Orrego son los alcaldes de la Región Metropolitana. Los ediles prefieren ver a la autoridad regional “cortando citas”, inaugurando obras o remodelando plazas y calles. Todo esto por una razón muy simple: el próximo año son las Elecciones Municipales.

Si bien son varios los jefes comunales y otros tantos asesores de la propia Intendencia que han intentado acercarse a Orrego con el fin de plantear este punto, el diálogo con el tataranieto de Benjamín Vicuña Mackenna no es fácil.

El temperamento del ex precandidato presidencial de la DC suele ser intenso. Su obsesión por dejar “algo” a la ciudad lo aleja del pragmatismo.

“Esto es mucho más que hacer de nuevo una calle; es repensar un eje de espacio público emblemático para la ciudad, poniéndola al servicio de la ciudadanía y compatibilizando al que anda a pie, al que anda en bicicleta, al que anda en transporte público y al vehículo particular, todo esto en coordinación con otros medios de transporte como el Metro de Santiago y Ferrocarriles del Estado. Estamos convencidos de que hoy estamos iniciando un camino que va a ser complejo, que va a ser apasionante: hacer una ciudad justa, de calidad y a escala humana para todos”, señala Orrego al mencionar el “Paseo Cívico Metropolitano”, cuyas obras comenzarían en el año 2020.

Precisamente, es esa “pasión” la que no convence a los alcaldes, por cuanto los proyectos a tan largo plazo no se traducen en votos. No obstante, es ese mismo arrojo el que choca y ha chocado con las demás personas. Profesionales que han trabajado con él en Peñalolén lo recuerdan como una persona trabajólica que no acepta de buenas a primera las críticas y que es muy, pero muy obstinado.

Obstinación que a veces no se entendió del todo, como por ejemplo cuando en medio de la campaña presidencial repletó con publicidad gigante las comunas de la zona oriente de la capital, la que decía: “Creo en Dios, y qué”.

Para Osvaldo Torres, Director de la Fundación Chile 21, “es sorprendente que alguien pueda invocar su creencia religiosa como perfil distintivo en una contienda electoral que tiene como propósito dirimir sobre quién debe dirigir el país”.

“Es un llamado a alinearse según su dios en un campo en que dios no tiene nada que decir, ni puede hacerlo”, agrega.

Claudio Orrego está obsesionado. “Me la voy a jugar por hacer un proyecto emblemático para la ciudad”, recalca una y otra vez, como convenciéndose de que trascenderá a la historia como Benjamín Vicuña Mackenna. Lo cierto es que las Elecciones Municipales se acercan a paso agigantado y necesitan que el abogado democratacristiano “ponga los pie en el suelo y deje de soñar” por el bien de ellos.

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