Retroexcavadoras en Tunquén despiertan la ira de Sergio Lagos

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El pasado 10 de diciembre, la empresa contratista por encargo de Inmobiliaria Punta Gallo inició trabajos con maquinaria pesada en Zona Dunaria de Tunquén que corresponderían a un camino de servidumbre de paso de parcelación que estaría aprobada por el SAG.

Ese mismo día, el Departamento de Medio Ambiente de la municipalidad de Algarrobo acudió al sector para fiscalizar estas faenas en conjunto con Inspectores de la Dirección de Obras Municipales.

Este último, está evaluando si procede la paralización de las obras y se citó al responsable de estas faenas para sus descargos.

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“Por nuestra parte como Unidad de Medio Ambiente, efectuada la inspección, pudimos constatar que se ha intervenido una zona arqueológica de gran extensión (T9 según informe arqueológico) sin contar con ningún permiso por parte del Consejo de Monumentos Nacionales”, sostiene el Departamento de Medio Ambiente.

“Estamos emitiendo un informe al respecto al Consejo de Monumentos y Seremi de Medio Ambiente. Hemos pedido hoy el apoyo de Carabineros de Algarrobo para la paralización de las faenas por violación a la Ley 17.288 de Monumentos Nacionales”, agrega.

“Es lamentable que este Ecosistema no tenga en la actualidad el grado de protección oficial que requiere dado la relevancia del valor para la biodiversidad, valor paisajístico y valor cultural que posee”, recalca.

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El conocido conductor y músico Sergio Lagos utilizó su cuenta en Twitter para expresar su malestar:

El proyecto de la Inmobiliaria Punta Gallo, perteneciente al empresario Domingo Gabriel Undurraga Julio, es resistido por los vecinos del humedal.

Riel Führer, antropólogo Social e integrante de Acción Colectiva, escribió una columna de opinión que fue publicada en El Quinto Poder.

“Resulta paradójica la situación que enfrenta el Humedal de Tunquén, el 22 de enero del 2015 fue oficializada su declaratoria como Santuario de la Naturaleza por parte del Ministerio del Medio Ambiente (MMA), no obstante enfrenta el embate de un proyecto inmobiliario, la construcción de un puente por parte del Ministerio de Obras Públicas y la constante acción antrópica de vecinos y veraneantes de la playa la Boca. En el Chile actual, pensar esta paradoja es algo habitual, somos un país de estrepitosas contradicciones, muchas de ellas absurdas, aberrantes e incomprensibles, ¿qué soluciones se pueden plantear frente a esta problemática?, difícil cuestionamiento que intentaremos responder en lo que sigue de este texto.

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Lo primero que hay que decir, contamos con la información necesaria para relatar de primera fuente lo que acontece en el exclusivo balneario de Tunquén, Consuelo López vocera de Tunquén Sustentable y Salvador Donghi biólogo a cargo del expediente técnico santuario de la naturaleza, nos entregan su visión respecto al complejo escenario que presenta la defensa del Humedal de Tunquén. Para contextualizar este tema, es preciso manifestar que el camino para conseguir la declaración de Santuario de la Naturaleza comenzó el 2001, “(…) un proceso engorroso y lento, que dio muestras de la poca preparación que tienen los servicios y autoridades encargados en materia de protección del patrimonio cultural y natural del país” nos señala Consuelo López; no obstante, este 2013 el proceso avanzó con mucha celeridad, sobre todo en lo compete al MMA y a la SEREMI regional.

Hasta aquí cuentas alegres, Salvador Donghi nos señala que “La declaración de Santuario de la Naturaleza para el Humedal de Tunquén reconoce un aspecto fundamental y muy característico de este humedal y que corresponde a la constitución de relaciones de reciprocidad que existen entres los siete subcomponentes que componen el ecosistema del humedal: Bosque y matorral esclerófilo, cuerpo de agua, formaciones higrófilas, desierto costero, dunas y pradera de pastoreo. Por lo tanto las ecuaciones ecosistémicas allí establecidas se reflejan en índices de biodiversidad que tienden al máximo”.

No obstante a la declaratoria como Santuario de la Naturaleza, el Humedal de Tunquén se encuentra acechado por múltiples amenazas, los cuales ponen en franco riesgo la necesaria protección de este sitio de conservación de la biodiversidad mundial, el cual forma parte del ecosistema mediterráneo de humedales de la región de Valparaíso. Cabe preguntar, ¿cuán efectiva resulta la legislación vigente (N° 17.288, artículo 31) a la hora de conservar el patrimonio natural protegido frente al embate de proyectos de intervención que vulneran su ambiente prístino y los valores ambientales por los que fueron protegidos?.

La primera amenaza proviene del propio Estado, se trata de la construcción por parte del Ministerio de Obras Públicas (MOP) de un puente que interviene directamente sobre el área protegida. Es un proyecto que se encuentra en etapa de expropiación de los terrenos, los montos han sido aprobados y los propietarios fueron notificados.Algunos propietarios se oponen rotundamente, otros no están de acuerdo con la tasación hecha por el MOP. Al respecto la opinión de Salvador Donghi es tajante, el impacto será “(…) irreversible en la composición del paisaje, la fragmentación que ellos generan hace que se pierda inmediatamente la continuidad biológica del lugar, la alteración de sitios de anidamiento de aves playeras y la interrupción de corrientes migratorias así como los impactos generados a los recursos naturales (aire, suelo, agua) provocan una irremediable desvalorización de los valores de capital natural que posee el sector”.

La segunda amenaza se refiere al proyecto inmobiliario Arenas Tunquén, el cual proyecta la construcción de 200 casas y 400 estacionamientos situados a 80 metros de la línea de alta marea. Acá, nuevamente se revela una contrasentido, pues a pesar de que se acogió la denuncia por la Superintendencia del Medioambiente (SMA) y se inicio una investigación en contra de la Inmobiliaria Punta de Gallo por evitar someter este proyecto al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, empero, el anteproyecto ya ha sido aceptado por la Dirección de Obras Municipales de Algarrobo.

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En tercer lugar, el complejo Santa Augusta realiza extracción de agua del estero Casablanca afectando directamente la disponibilidad de agua a la comunidad local y al humedal de Tunquén. Cabe destacar que la excesiva extracción de agua que realiza Santa Augusta se debe a las necesidades de riego de las canchas de golf de su complejo turístico inmobiliario.

En cuarto lugar, el humedal de Tunquén es amenazado por la degradación sistemática del entorno provocado por los habitantes de localidades aledañas y los visitantes estivales, los que en su conjunto, ensucian con basuras y desperdicios, como también, hacen uso de sectores frágiles del humedal (a nivel de flora y fauna), los cuales debiesen estar restringidos al público.

En este contexto, surgen reflexiones y cuestionamientos frente a las contradicciones que posee el Sistema de Evaluación Ambiental (SEA) en esta materia y en el caso particular del Humedal de Tunquén. Así, Salvador Donghi manifiesta que “El actual sistema de evaluación ambiental está diseñado para permitir la aprobación de todos los proyectos que se presenten. Es decir es un sistema que incentiva el emprendimiento y la iniciativa privada con respecto a la explotación de los recursos naturales existentes en el territorio pero que no se hace cargo verdaderamente de los impactos que en él se generan. Lo anterior provoca una asimetría entre la relación del desarrollo socio-económico de las comunidades locales y de los beneficiarios del proyecto. Esto ha provocado una judicialización ambiental, donde las comunidades con recursos propios deben asumir la defensa de su territorio y los servicios ecosistémicos que les proporciona su entorno, sin que el Estado sea un real garante de la protección y conservación del medio ambiente”. En palabras de Consuelo López, “el SEA se rige por una visión compensatoria, es decir, una vez que el daño está hecho. Por el contrario, nosotros creemos que las acciones del SEA deberían ser preventivas. Un tema tan importante como el Medioambiente y la garantía de que otras especies y las futuras generaciones humanas puedan seguir disfrutando de este, no debería abordarse desde una perspectiva que mitigue los daños que puede hacer un proyecto particular, sino desde la acción de prevenir al máximo el daño que un proyecto puede generar. Las medidas compensatorias jamás serán suficientes para restaurar una daño que una vez hecho, simplemente este perjuicio ya no tiene remedio”.

Finalmente, tras este recorrido, nos queda por esbozar dos ideas que den respuesta a la compleja pregunta planteada en un comienzo. En primer término, el aprendizaje de este proceso dicta que el principal desafío sea a nivel social, es decir, en la capacidad de fortalecer las alianzas entre los diferentes actores (públicos y privados), organizaciones, miembros de la comunidad, vecinos, ONGS y personas interesadas en la defensa y preservación del Humedal de Tunquén, pues las tareas y focos de acción son múltiples y de gran especificidad (legal, territorial-administrativo, ambiental, y sociocultural). Así, el llamado es a consolidar una orgánica que enfrente de manera sistemática y anticipada a cada uno de los focos de acción mencionados. En segundo término, la declaratoria de Santuario de la Naturaleza plantea una tarea a mediano plazo, el diseñar e implementar un plan de manejo ambiental que permita la conservación del patrimonio natural protegido, al respecto, se reconoce la necesidad de avanzar hacia un diseño que garantice la participación interactiva de todos los actores y organizaciones involucradas con el humedal de Tunquén, pues la preservación de este dependerá en gran parte de la conciencia ambiental y empoderamiento-potenciación que tengas estos sobre las labores de conservación, estudio, protección y educación que se tracen en el área del humedal en las próximas décadas.

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