Crítica de Star Wars VII: Una nueva era con una larga sombra

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La saga de Star Wars es cine de entretención sí, con una carga visual y de diseño apabullantes, personajes atractivos que atraen por ser arquetipos de conceptos totalizantes y unas historias que buscan fusionar elementos del Medioevo, la estética samurái y las intrigas de corte.

Es decir un cine divertido y fascinante como esos fanzines donde aparecía el héroe de turno vestido arcaicamente, en un mundo salvaje y con una mujer resbalándole por el costado, con esa carga erótica para personas ávidas de imaginación, pero ambientado en el espacio.

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Y funcionaba porque era simplemente maravilloso ver resumidas todas las fantasías en imágenes tan palpables, ver a Lord Vader entrar en la Primera película de 1977 en la nave rebelde después de haberse cepillado a todas las tropas republicanas con esa estética tan agresiva, ajena y ese halo de atemorizante misterio era un privilegio y las intrigas siempre apasionantes conformaban un todo mágico y carismático que envolvía como una segunda capa a toda la historia.

En el despertar de la fuerza, película criticada positivamente y muy negativamente también se puede palpar la magia de las imágenes grandilocuentes y desoladoras como ver a los destructores imperiales encallados en las arenas y a algunos personajes que apasionan por su misterio.

Pero la primera sensación que da es que es difícil de interpretar como un todo, es más un mecanismo de macano en que algunas partes resultan y otras no, algunos personajes a ratos apasionan y después decaen en su propuesta, homenajes que introducen a personajes conocidos y atractivos pero que también copian esquemas narrativos que resultan repetitivos y mal contados.

La historia nos introduce en el esquema visto en el episodio IV: una nueva esperanza del 77, un planeta desierto, tipo Tatooine, que introduce a Rey (Daisy Ridley), una joven chatarrera, personaje con harto carismática pero en una introducción que aburre soberanamente mostrando su vida y sus penurias en el planeta, todo intercalado eso sí con imágenes muy bien filmadas, con planos generales soberbios, pero en un desarrollo narrativo que aburre por lo prolongado, el personaje del renegado Finn (John Boyega), aburre por no aportar dramáticamente a la historia, hasta aquí ningún personaje saca del marasmo de película hecha sin un guion y temple narrativo claros.

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Hasta que llega la caballería pesada de personajes al rescate, se nos presenta el muy malo de la historia, Kylo Ren (Adam Driver), aparece y todo parece rodar otra vez bajo el poder icónico que despierta siempre la figura amenazante y misteriosa de una figura enmascarada, velada, tapando lo que para nosotros es lo más importante, la cara, sale y su sola presencia entretiene: para un disparo laser en el aire, se muestra despiadado y elegante, da órdenes genocidas, interroga y causa terror con su traje negro, por fin en casa, si a eso sumamos el carisma imperecedero de Han Solo y al entrañable Chewie inmediatamente la película despierta por este lado.

Pero la historia queda sepultada por opciones narrativas que no explican apenas la situación en que han quedado los planetas, hay república? Solo hay una resistencia y eso es toda la república que queda? El imperio desmembrado se rearma a través de un nuevo estado de cosas llamado la Primera Orden donde no hay caballeros Sith y los que dominan son una orden llamada los caballeros Ren, chulo este punto pero confuso el panorama, una pena porque esto pasa a llevar las intrigas y disputas al interior de palacio siempre tan apasionante de Juego de Tronos.

En medio de la película se nos muestra apresuradamente que hay una nueva estrella de la muerte colosal, varias veces más grande que la de siempre, se ve guapa, pero no hay más explicación, es atacada por los rebeldes que dan con la pega típica del arquitecto de la estrella que parece no haber aprendido con el paso de los años, en un ataque visualmente bien filmado pero sin una narración de los acontecimientos interesante.

Aparece el Halcón Milenario, el cine aúlla, pero no hay desarrollo narrativo que explique su aparición, es un mero homenaje y las similitudes entre la historia del Despertar… y Una nueva esperanza se amontonan: prota bueno e turno en planeta desértico, ataque de naves a la estrella de la muerte, malo enmascarado, Rebeldes versus tropas fascistas imperiales…

El desarrollo de los personajes es otro problema, parecen estar mal planteados, a ratos son resultones pero decaen estrepitosamente en su arquitectura: por ejemplo el capitán Phasma, prometía con su traje típico de las tropas Stormtroppers de color plateado, como un símil del añorado Boba Fett, pero lo que prometía ser un personaje despiadado y misterioso no hace ‘absolutamente nada’ y cuando los buenos muy buenos la secuestran no se opone y obedece sin rechistar, desilusionante.

En el caso de Kylo Ren lo que parecía ser un ser amenazante, misterioso, con mucho juego que dar, se disuelve en su propuesta después de quitarse la máscara en medio de ataques de berrinches y de su incompetencia con el esgrima en su pelea final con Rey. Es un personaje con muchos matices, contradicciones, pero eso mismo termina complotando con la arquitectura del personaje planteada al principio que destruye la tensión que se había logrado con su propuesta.

Esto de la mano del personaje apenas dibujado en la película, muy criticado por lo demás, de Snoke, líder supremo de la primera orden y del restaurado imperio, que aparece como una criatura pasmosa por su tamaño y que al menos llena la pantalla y las intrigas con una figura imponente.

Lo que se plantea como algo realmente interesante en la película por sus posibles interpretaciones y futuro desarrollo en el metraje es la estructura de La Primera Orden.

Una organización, una junta militar según Wikipedia, que recoge lo que queda del imperio y propone un nuevo orden representado por banderas donde domina el color rojo y donde aparece su líder más visible, el General Hux, en un discurso tipo hitleriano delante de un desfile fastuoso de tropas imperiales, en una imagen fascista muy evocadora.

Es este símil lo que impulsa junto con los personajes a la película a una mirada nueva y original que bebe de nuestra historia para plantear una mirada inquietante y distópica con una carga más ideológica que puede dar un mayor fondo a Star Wars.

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