¿Tienes una familia disfuncional?

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Desde que la psicología acuñó el término de “familia disfuncional” ha habido muchas interpretaciones sobre el mismo. En general, la sociedad comenzó a percibirlo como una alusión negativa y a asociarlo con el cómo se conforma el grupo familiar, más allá de las relaciones que surjan entre sus miembros, lo cual constituye un error.

“Si los estilos de crianza, competencias parentales y ambientes nutritivos no se encuentran de forma adecuada, estamos frente a lo que se llama disfuncionalidad familiar. Muchas veces hay una lucha por tener una estructura llamada ‘casa’ y no así un ‘hogar’. Por lo tanto, una familia disfuncional es aquella que no cumple con las posibilidades de desarrollo y experiencia para con sus integrantes, independientemente del tipo de estructura familiar existente: sea madre, padre e hijos/as; madre e hijo/a, padre e hijo/a; madre, hijos/as, abuela/o; etc.”, aclara Miguel Gatica Chandía, psicólogo y docente de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Pacífico.

Una familia compuesta por una madre y su hija puede ser muy ‘funcional’, y no así un grupo donde esté el padre y la madre presente con sus hijos. “Una familia disfuncional es aquella en donde existe exceso de individualidad, desapego, desamor, escasa capacidad de respetar al otro, escasos espacios para compartir, dificultad para reírse, desesperanza, escasa resiliencia, etc. y que, por ende, no estaría cumpliendo con las funciones afectivas, que son la base para cualquier desarrollo humano. Hoy en día la funcionalidad familiar va más allá del tipo de familia. Es por eso que una familia monoparental no presenta mayores disfuncionalidades que una nuclear (padre y madre presentes)”, recalca el experto.

Los tipos de problemas que enfrenta una familia disfuncional están dados en su mayoría por las vivencias de la sociedad misma, que deja poco espacio para constituir una sana y fuerte relación familiar. “Hoy en día el tiempo se hace escaso para compartir en familia. Entre los factores que intervienen como detonantes están las extensas jornadas laborales y un exceso de individualismo y competencia, lo cual lleva a ambos géneros a encarcelarse y someterse a un rendimiento auto exigido diariamente. Muchas veces estos escenarios transforman el deseo de hacer familia en intentos frustrados a partir del cansancio, del desamor y de las graves problemáticas en las comunicaciones efectivas y afectivas que existen en esta sociedad”, indica el psicólogo y académico de la Universidad del Pacífico.

¿Cuáles son las características específicas de una “familia funcional”? “Para que el clima familiar aporte la seguridad a sus integrantes debe existir una comunicación afectiva, ambientes sin violencia, autocuidado familiar, demostración de afecto, compartir rituales (almuerzos familiares, onces, etc.), respeto por la individualidad, desarrollo de la autoestima y recordar que se debe fortalecer la pareja día a día (si existe), así como también la parentalidad (relación padres-hijos)”, describe Gatica.

Si has identificado alguno de estos problemas en tu grupo familiar, el psicólogo asegura que puedes cambiar esa condición con una gran fuerza de voluntad e involucrando a todos los miembros de la familia.

Ser producto o parte de una familia disfuncional conlleva a ser infeliz, a tener problemas de salud mental y a replicar modelos disfuncionales por parte de los hijos. Las interacciones disfuncionales sí se pueden transformar. Para ello solo debe existir motivación e identificar cuáles son los aspectos a mejorar. Por ejemplo, si se comunican con gritos, un primer paso sería modificar la forma comunicacional. Si no existe el hábito de compartir, también pueden comenzar a crear y a re-encantarse con espacios familiares. No son pocas las familias que hacen sus vidas sólo en sus piezas, manteniendo sin uso el comedor y el living. Por lo tanto, para pasar de una disfuncionalidad a una funcionalidad se debe comenzar con tres pasos: darse cuenta de qué es lo que falla, tener una actitud orientada al cambio y reforzar los procesos esperados”, concluye Miguel Gatica.

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