La apuesta de Michel Temer en Brasil

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    Una de las primeras acciones de Michel Temer el nuevo presidente de Brasil, luego de la suspensión del mandato de Dilma Rousseff, fue nombrar un nuevo gabinete. No la tiene fácil Temer, si consideramos que el país está viviendo una profunda crisis económica, y que tendrá que hacer esfuerzos para superar la imagen de “traidor”, que le adjudicara la misma ex mandataria al culparlo de ser uno de los principales protagonistas del proceso conspirativo, que dio sustento a las votaciones tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.

    Si bien Dilma en su discurso de despedida, señaló que los brasileros estaban frente a un golpe de Estado institucional, es innegable que no se violó ninguna norma constitucional, y se siguieron todos los procedimientos y plazos establecidos en la Constitución, por el contrario la suspensión de la presidenta, demostró la fortaleza institucional del país y que los jueces además son capaces de hacer cumplir la ley, incluso con las más altas autoridades del Estado. No olvidemos que en medio de la suspensión de Rousseff fue destituido de su cargo el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, por la Corte Suprema, la que aceptó una demanda presentada por la abogacía general del Estado. Y Cunha fue además, quien dio inicio al proceso de destitución contra Rousseff. Por lo tanta el discurso del “golpe a Dilma” no tiene ningún sustento institucional, ni Constitucional.

    Quizás una mayor incidencia tuvo la profunda crisis económica que vive el país, que cómo lo diagnóstica Vittorio Corbo se expresa en efectos combinados de shock externo- precios de commodities y condiciones financieras internas-que son consecuencia de desequilibrios que se acumularon en los trece últimos años de los gobiernos petistas ( partido de los trabajadores) de Lula y Dilma, que llevaron a un déficit fiscal que bordea el 11% y una deuda pública que supera el 70 % del PIB. Cerca de 1,8 millones de puestos de trabajo se perdieron en Brasil desde que Rousseff inició su segundo mandato en enero de 2015 y la tasa de desempleo subió hasta 10,9% en el primer trimestre de este año, según datos oficiales. Se estima que en 2016 la recesión brasileña puede ser tan profunda como el año pasado con una caída de (-3,8%) y se teme que esto, sumado una inflación en torno a 10%, destruya los avances sociales que Brasil tuvo en el gobierno de Lula.

    Pero volviendo a Temer y su primeros pasos como presidente, lo cierto es que optó por formar un coalición de dirigentes de nueve partidos políticos, dándole un mayor peso a su partido el PMDB ( partido movimiento democrático brasilero) pero además sumó al PSDB (Partido Social Demócrata Brasileño de centro derecha) que llevó a Aecio Neves en las últimas elecciones y que perdió contra Dilma por solo un 1.5% de los votos. La coalición demuestra habilidad política.

    Es una apuesta que tenía que hacer; incorporar a todos las colectividades posibles que se oponían a Dilma, de manera de fortalecer las “ espaldas” de un gobierno que no ha sido elegido y por tanto con cuestionamiento sobre su legitimidad y asegurarse decisiones rápidas y en lo posible efectivas, con mayorías parlamentarias sólidas, en particular en lo económico, que como no lo ha ocultado el ejecutivo es el objetivo principal del actual gobierno: producir un giro rápido en la economía.

    Vittorio Corbo destaca la calidad de las autoridades económicas, “son de primer nivel señala”, pero tienen que operar en un ambiente poco propicio para introducir ajustes de la envergadura que se requieren. “Esto es como juntar a Messi y Ronaldo en un equipo de fútbol para que jueguen en una cancha llena de hoyos”, agrega Corbo.

    De ahí, que no sorprendió, el dramatismo de los primeros anuncios, el ministro de Economía Henrique Meirelles quien anunció “medidas duras”, y agregó que el gobierno recortará 4.000 puestos contratados de la función pública y sin ambages señaló que el país “estaba viviendo la peor crisis económica de sus historia”.

    Por su parte el Ministro de la Casa Civil (una especie de primer ministro) elevó aún más el grado de alarma señalando que “ se tomarán medidas de emergencias, y si no se toman , corren riesgo los salarios de los funcionarios a finales de año”

    Con respecto a los programas sociales, bandera de los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff (subvenciones a familias pobres con niños en edad escolar, subvenciones para alcanzar una vivienda propia…) Meirelles insistió, como había asegurado el presidente Temer un día antes, que no se eliminarán, que seguirán existiendo. Pero matizó: “Eso no excluye que no se examinen para ver si existe mal uso de dinero público”.

    A la pregunta de si teme que a la implantación de recortes le siga una ola de protesta social respondió: “Creo que la sociedad brasileña es lo suficientemente madura para decirle la verdad, actuar en consecuencia y hacer lo que sea necesario.”

    La única ventaja de Temer es que desde se inició el proceso de destitución en diciembre del año pasado, el gobierno ha estado virtualmente paralizado para enfrentar la crisis económica, y sólo en la medida que su gobierno tenga la capacidad para tomar el control del ejecutivo y perciba que el gobierno tiene el valor de tomar medidas, aunque sean duras pero consistentes, puede hacer sentir que el gobierno tiene un rumbo claro para enfrentar la crisis y ahí ir construyendo un relato sustentado en la necesidad de compartir los sacrificios para superar la crisis. Sólo así los brasileros estarán dispuestos a apoyarlo.

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