Reformas y legitimidad: Escuchemos a la gente

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    Revisando los primeros datos que arroja la Encuesta de Opinión Política en la Región de Valparaíso, elaborada para la Fundación P!ensa por la empresa GFK Adimark destaca el impacto y percepción que las reformas impulsadas e implementadas por el Gobierno de la Presidenta Bachelet han generado en la ciudadanía.

    Ya no sorprende que la evaluación de la gestión de la Presidenta y de su Gobierno sigan en niveles históricamente bajos, inferiores al 30%. Así las cosas, ¿es legítimo proponer y avanzar en reformas estructurales al sistema vigente, en materia tributaria, laboral, educacional y ahora constitucional, sin contar con mayorías significativas y estables que lo respalden? Recordemos el altísimo nivel de abstención que hubo en la pasada elección presidencial, lo que significó cuestionamientos que hasta hoy perduran en torno a la legitimidad del afán refundacional de la nueva administración, atendido lo que proponía el “programa” y el supuesto “mandato ciudadano” que habían recibido.

    Según este estudio, cerca del 80% de los encuestados declaran que Chile se encuentra estancado o en franco retroceso. A su vez, preguntados sobre la percepción del futuro del país, casi el 70% tiene una visión negativa o al menos pesimista. En este escenario, ¿qué base o respaldo ciudadano real tienen estos cambios tan radicales? Súmese a ello la falta de rigor técnico en los proyectos, que han hecho necesario aprobar “reformas a la reforma”, discutir sobre “leyes cortas”, presentar vetos a ciegas o postergar reiteradamente promesas que se planteaban como urgentes. Parece claro que los chilenos no quieren improvisaciones ni están disponibles para aventuras extremas cargadas de ideologías y slogans.

    Con todo, comparto un último dato. El 70% de los encuestados declara sentirse o poseer un mejor nivel de vida en cuanto a ingresos y posibilidades de desarrollo que lo que tuvieron sus padres. Y un 77% cree que sus hijos tendrán un mejor futuro que el actual. Estos resultados permiten afirmar que los chilenos reconocen que en los últimos 30 años nuestro país se transformó positivamente, se redujo la pobreza como nunca antes, aumentó enormemente la cobertura en educación superior, hubo desarrollo económico, notables avances en infraestructura, conectividad, apertura a los mercados internacionales. Con muchas tareas pendientes y ámbitos de mejora necesarios, pero con un rumbo y ritmo claro, consistente.

    Y también demuestran la confianza de la población en que ese es el camino –modelo- hacia el desarrollo y el progreso social y económico.

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