Cruch, ranking y calidad

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Pedro Bustos Beck, arquitecto, docente y socio activo de la Asamblea General de la Universidad Central, reflexionó sobre cuán representativo es el CRUCH -organismo que suscriben 25 universidades, entre públicas y privadas- si se toman en cuenta consideraciones como el Informe OCDE 2013, que indica que entre 2006 y 2011 la matrícula de universidades del CRUCH aumentó un 18%, mientras que el mismo indicador de las universidades privadas se incrementó en 63%. Asimismo, el año pasado el total de matriculados a universidades adscritas al CRUCH fue de 202.777 estudiantes, en tanto que la matrícula total de “universidades privadas” se elevó sobre 339.000 estudiantes, o sea, un 63% contra un 37%.

“El panorama universitario es muy distinto al de 1954, cuando se constituyó el CRUCH”, enfatiza Pedro Bustos, al tiempo que se pregunta si puede y debe este organismo coordinar la labor universitaria de la nación, que cuenta hoy día con 57 universidades activas. “¿Le corresponde a este cuerpo colegiado tomar decisiones de carácter nacional en torno a los procesos de admisión entre otros?”, subraya.

Pedro BustosPedro Bustos, Docente Universidad Central

 

Prueba de Selección Universitaria

 Otro cuestionamiento planteado por el docente de la U. Central corresponde a la creación de la prueba de selección universitaria (ex PAA), única en América Latina y aplicada desde 1967. “Prueba de selección que corresponde todavía, a uno de los indicadores cuantitativos gravitantes que se utiliza hoy como signo de “calidad de los estudiantes” para optar a matricularse a las universidades chilenas”, detalla.

Recuerda que con el crecimiento explosivo de la “oferta universitaria” desde la década de los 90, se generó una lucha desenfrenada para pertenecer a la élite de “las mejores” universidades: buscan acreditaciones en el extranjero, subcontratan investigaciones para aumentar sus publicaciones, persiguen potenciales estudiantes al interior de los colegios con “desinteresadas presentaciones”, entre otras estrategias, para mejorar los promedios de puntajes de ingreso logrando a la vez un mejor AFI (Aporte Fiscal Indirecto).

Con ello, estima Pedro Bustos, este proceso se orienta hacia la apropiación de un capital cognitivo funcional a estos intereses, como una suerte de círculo que se alimenta así mismo, procurando la captura de aquellos “mejores exponentes”. “Olvidando el principio que suscribe la educación como un derecho social y quebrantando el de independencia, con tal de mantener sus puestos dentro de las estadísticas y mejorándolo al interior de las aulas a través de un segundo filtro, la evaluación como el final de la creatividad, precarizando las otras formas de habilidades de aquellos jóvenes “no utilitarios” e impidiendo su posibilidad formativa”.

 

¿CRUCH: Acorde con los tiempos que corren?

 En este escenario, el académico de la Universidad Central estima que aparentemente todas las discusiones respecto a la actual reforma educacional y las orientaciones que mantiene el CRUCH, no pretenden reconocer nuestros propios procesos y  lecturas históricas, ni tampoco los actuales pasos que recorre el fenómeno universitario, legitimando sólo los privilegios de origen.

“En el afán de ser modernos –comenta Pedro Bustos- la implementación de modelos ajenos, ha constituido un sello para el desarrollo de las instituciones de educación superior. No obstante,  y para ser justos, hemos de reconocer que la adquisición de patrones, formas o la aparición de productos irruptores ha modelado nuestra nación desde sus inicios, y la universidad sólo ha sido replicadora, con algunas honorables excepciones iniciales, sin más, nuestra revolución industrial sólo fue un abrupto impulso, tras la importación de maquinarias para la extracción de minerales.

Y añade que, ya en los años 60, a seis años de la creación del CRUCH, importantes líderes importantes chilenos se cuestionaban el hecho que las universidades que estaban destinadas a ser paladín del desarrollo del país, se aislaban de sus procesos históricos, sin dar respuesta a las necesidades de nuestra sociedad, al no enfrentar los problemas de desarrollo a través del reconocimiento de su realidad y riquezas propias.

Asevera que ya viviendo la segunda década del siglo XXI, y con una mirada crítica respecto este órgano colegiado, podría uno preguntarse si después de medio siglo desde su fundación, el CRUCH responde a este nuevo escenario universitario y sus formas de organización social.

“¿No sería prudente en virtud de este tiempo avanzado reevaluar su predominio sobre este nuevo panorama formativo (por sobre el actual selectivo) velando por el “desarrollo humano, la integración social y al fortalecimiento de un sistema democrático de convivencia” poniendo en valor lo colectivo por sobre lo individual?”, enfatiza.

 

¿Y el estudiante?

 Gratuidad y calidad son variables de un mismo cuerpo, una opera a nivel institucional, la otra de manera importante dentro del aula, donde el sueño de la inclusividad debería ser alcanzable.

A juicio de Pedro Bustos parece evidente que en la actual discusión sobre Educación Superior el estudiante aparece como un cuerpo abstracto, que sólo se ha adaptado operativamente a este programa.

Asimismo, se pregunta: ¿dónde está finalmente la vulnerabilidad, en los estudiantes o las instituciones? “Deberíamos sincerar el modelo donde los jóvenes están determinados desde la educación primaria, y que según sus desempeños en los primeros años, el Estado fija su ruta formativa y laboral futura.

No lo declaramos –reconoce-, pero en la práctica es esto lo que sucede en nuestro país: el joven ya está altamente determinado por su origen y si no es coartado en sus estudios, porque logró superar dichas barreras, encontrará obstáculo en el mundo laboral por su condición cultural o etnia, que dicho sea de paso en los procesos de selección son materia de discriminación obviamente oculta.

El profesor Bustos, socio activo de la Asamblea General de la Universidad Central, asevera que las sociedades que se dicen modernas, coincidiendo con la nutrida documentación al respecto, tienden a elevar de manera dañina la equidad social a un estatus de lucha a través del mérito individual, cualquier individuo, independiente de su origen y entorno cultural, podría alcanzar indistinta posición en la sociedad, mejorando su calidad y expectativas de vida.

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