Silala: Debate entre Jocelyn-Holt, Juan Salazar y Edmundo Vargas devela debilidades de arremetida chilena

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Hay que reconocer que el que Chile se adelantara a la demanda por el tema del uso dela aguas del río Silala, ha sorprendido a Evo Morales y ha evidenciado que poco y nada tenían avanzado en este tema en La Paz.

Hasta ahora las reacciones de Bolivia han sido “estomacales” y poco y nada jurídicas. Pero en Chile, la situación es distinta, más allá de aplaudir la jugada chilena justo en momentos en que el gobierno muestra una baja sostenida en la aprobación pública, esta demanda contra Bolivia, se torna en un factor de unidad, tal como ocurre en Bolivia.

Pero más allá de ese glorioso momento en que se anuncia la demanda, con los días ha ido surgiendo cuestionamientos a la conveniencia de esta acción legal. Así por lo menos lo plantean este sábado el historiador Alfredo Jocelyn-Holt, el ex embajador Juan Salazar y el expresidente de la Comisión Derecho Internacional ONU.

“Fuera de darnos un “gustito”, es dudosa la racionalidad estratégica detrás de la jugada chilena, puesto que estamos frente a un problema bastante más complejo debido a las diversas aristas que tiene. No se trata solo del Silala (si es río internacional o no), sino de la cuestión de fondo con Bolivia (mediterraneidad y cesión territorial), de los fallos “creativos” de la CIJ que afectan la integridad territorial chilena (demanda marítima peruana y objeciones preliminares chilenas), así como del contexto geopolítico regional, dado los estrechos vasos comunicantes entre Bolivia y Perú” explica Juan Salazar, embajador (r) y director ejecutivo de CEPERI.

Salazar además alerta que “Entre otras consideraciones, esta demanda impedirá que denunciemos el Pacto de Bogotá, un instrumento jurídico que -dada la particular interpretación de la Corte sobre su art. VI- nos somete obligatoriamente a ella, lo que pone en riesgo la soberanía nacional ante futuras demandas de terceros. Algunos analistas cometen el error de señalar que, gracias al Pacto de Bogotá, pudimos presentar esta demanda, en circunstancias de que siempre lo podríamos haber hecho, aún si denunciáramos ese acuerdo, puesto Chile no dejaría de formar parte del Estatuto de la CIJ. A vía de ejemplo, Argentina, que no es parte del Pacto de Bogotá, igual presentó una demanda contra Uruguay por las plantas de celulosas en el Río Uruguay.Con nuestra demanda contra Bolivia, no estamos haciendo otra cosa que reconocer la competencia obligatoria de la Corte Internacional de Justicia y el valor (político, salomónico, equitativo o como quiera llamársele) de sus fallos”.

Por su parte el historiador Alfredo Alfredo Jocelyn-Holt sostiene que “La actual controversia sobre el río Silala es típicamente latinoamericana. Sólo en este continente los países pugnan por detalles geográficos a la vez que mandan a confeccionar a tribunales en Europa, cuando no a instancias de negociación continental, mapas que los dejen en paz, aunque no necesariamente contentos, con ocasión de reclamos limítrofes. Se llegó a esta solución tras cruentas guerras, como la del Chaco, en que Bolivia se hizo de un tercio del territorio en disputa con Paraguay a mediados de los años 30 del siglo pasado”.

Además agrega un elemento al análisis, que es cómo el Mandatario paceño es el que azuza constantemente contra Chile: “El actual hombre fuerte del vecino país es un maestro en este juego. Insulta, amenaza e invoca racionalizaciones inéditas, igual a los ingredientes de la mezcolanza ideológica activista, y de nadie más, que ha estado estrenando desde que ascendió al poder en 2005. Un cóctel de indigenismo plurinacionalista, antiimperialismo de viejo cuño antiyanqui, y resentimiento antioligárquico con visos racistas descarados (“hombre-blanco, malo/ hombre-indio, bueno”) insostenibles. Como señalara no hace mucho Ascanio Cavallo, Evo Morales es tan “indígena” como cualquier chileno mestizo”.

Una visión más complaciente con La Moneda es la de Edmundo Vargas, profesor de Derecho de la U. de Chile y expresidente Comisión Derecho Internacional ONU: “ El Silala es un curso de aguas que nace en Bolivia, y que fluye hacia Chile en la Región de Antofagasta. El carácter de río internacional del Silala y del uso que Chile venía haciendo de sus aguas no fue controvertido por Bolivia, sino tan solo a partir de 1997, año en que comienza a sostener que le pertenecía la totalidad de sus aguas. La verdad es que durante gran parte del siglo XX, Chile sin objeciones de Bolivia, utilizó parte del Silala para proveer de agua potable a Antofagasta y otras ciudades chilenas y también para fines industriales y de la minería, otorgando para tal efecto concesiones a empresas como la del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia y a varias compañías mineras, incluyendo a Codelco”.

En contraposición Juan Salazar retruca: “Las tajantes aseveraciones respecto de “la solidez de los fundamentos jurídicos” que ostenta Chile en este caso pueden ser absolutamente válidos, pero no podemos perder de vista que Chile intentará hacer valer esos argumentos ante un tribunal que, comprobadamente, suele elaborar sus fallos teniendo en cuenta consideraciones que nada tienen que ver con fundamentos jurídicos. Baste recordar nuestra reciente experiencia en el caso de la delimitación marítima con Perú, fijada por esa misma Corte de Justicia de manera absolutamente caprichosa. En suma, hemos reaccionado igual que Evo Morales, al buscar un golpe de efecto. Si bien le hemos “dado su merecido” en un momento político difícil para él y, de paso, cohesionado a los polarizados chilenos, los autores de la iniciativa chilena aparentemente no han considerado todos los factores jurídicos y políticos externos que nos pueden pasar la cuenta en el día de mañana”.

En esta misma línea Jocelyn-Holt argumenta: “Al menos, esta vez, ha quedado en evidencia que la bronca del gobierno boliviano con nosotros no es sólo por el mar. De ahí que La Haya se tenga que pronunciar (da lo mismo si por demanda nuestra o contrademanda de ellos) si el Silala es río o manantial, nacional o internacional, sus aguas. Eso para la galería, porque lo que de veras importa es el principio que todo lo hasta aquí sucedido es historia pasada, al tacho de la basura pues. “Cuando hay derechos no hay validez de tratados”, comentario suyo tan dirigido en contra de “oligarcas chilenos” que hoy nos gobernarían (sic) -como él dice- como contra oligarcas bolivianos que, en su momento, los suscribieran”.

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