El legado de Garry Marshall

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Garry Marshall era el director ideal para hacerse cargo de un guión sobre prostitución, adicción a las drogas y el sustrato pesadillesco de los símbolos de poder en la California de finales de los 80 y Marshall fue el hombre que convirtió a Julia Roberts en una estrella de cine.

Aunque en un comienzo el guión se titulaba U$3000 y la trama contaba con Vivian, una prostituta de Los Angeles que necesita pasar una semana alejada de la cocaína y ahorrar dinero suficiente para ir a Disneyland. Un hombre con su visión empresarial sabía que había dinero en ese primer borrador de J.F. Lawton, guionista y director proveniente de la serie B, pero su tono necesitaba ser ajustado de manera drástica. Para empezar, un título numeral sonaba a ciencia-ficción, Touchstone necesitaban eliminar por completo del proyecto: la nueva Vivian no debía ser metonimia del precio por sus servicios, sino un personaje de carne y hueso. Una heroína de comedia romántica.

En el guión original, la relación entre los dos protagonistas era una simple transacción económica.

La primera versión de ‘Pretty Woman’ era todo menos una comedia romántica. La relación entre los dos protagonistas era una simple transacción económica, el ecosistema de las trabajadoras sexuales funcionaba como metáfora a escala del propio sistema y, al final, Vivian era expulsada del paraíso materialista de Edward, volviendo a la calle y restaurando el orden natural de las cosas. Había algo deshumanizador en ese guión…

El tránsito de ‘$3,000’ a ‘Pretty Woman’ limó aristas e inyectó un final feliz donde antes solo había desesperación, pero básicamente mantuvo todos los elementos fundamentales de la narración. A nivel simbólico, sigue siendo una ficción sentimental obsesionada con el estatus, la clase social y la prosperidad económica como atajo hacia la felicidad de espíritu. Si acaso, la presencia de todos esos ingredientes, aislados de cualquier visión crítica, convierte la película en un artefacto aún más perturbador: es, básicamente, ‘Cenicienta’ para varones heterosexuales convencidos de que, si realmente se pusieran a ello, podrían convertir a cualquier prostituta en su joven esposa.

Vivian es una material girl embelesada por su príncipe azul, cuya mera entrada en su vida la asciende de paria social a importante “Mujer De”. En ese sentido, las dos secuencias ambientadas en Rodeo Drive contienen la clave de su posicionamiento ético: Vivian es expulsada de la tienda de lujo cuando solo es una habitante más del barrio rojo, pero esa misma dependienta es castigada una vez ha escalado posiciones dentro de la pirámide social (gracias a su hombre).Vivian es una emprendedora y, por tanto, no está interesada en poner la riqueza al alcance de la clase trabajadora, sino en alcanzar la suficiente posición de ventaja individual como para poder humillar a las trabajadoras que la despreciaron antes.

La mera idea de la prostituta convertida en princesa haría que los estudios y los espectadores de hoy en día rechazasen en masa la propuesta. Sin embargo, la película sigue siendo ese éxito incombustible en la televisión por cable.

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