La vieja “guerra fría” de la DC

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Nuevamente el partido de la flecha roja revive episodios conocidos como es desmarcarse de una coalición de la que es parte cuando los números no le son favorables y con un discurso facilista culpan –era que no- al PC. Ambos partidos reviven la vieja pugna propia de la guerra fría. Al parecer la DC ha entrado en un proceso regresionista. Este domingo el columnista Carlos Peña explica el sentido “travestista” de la DC para sobrevivir y le recuerda su responsabilidad en el golpe de 1973.

Primero han sido las “revelaciones” de el exministro Jorge Burgos que da por terminada a la Nueva Mayoría, habla de descarrilamiento y culpa a los comunistas, pero de sus palabras se desprende que más bien fue el mensajero encargado de desviar la atención y encender una polémica que huele a guerra fría y revive el concepto del anticomunismo más básico que sólo produce polarización: Los buenos y los malos. Por cierto en esta “profunda” reflexión que hace la DC, se coloca en el lado de los “buenos”, ya lo hicieron en 1973 con los resultados que todos conocen.

Burgos es el fusible
que debe quemarse en esta operación blindaje que busca rearticular a la vieja Concertación donde el eje está más al centro y debe ser lierada por una decé que hace años ya no tiene cuadros ni fuerza militante, al igual que el resto de los partidos afectados por la corrupción y la desconfianza ciudadana.

Pero hoy, a menos de año y medio del término del gobierno de la Nueva Mayoría, la DC ha mandado el mensaje de desmarque con las viejas tácticas de siempre, usando los medios de las alicaídas élites para entregar mensaje apocalípticos sobre el futuro de Chile, del cual –se olvidan- también son responsables.

En este sentido la columna de Carlo Peña de este domingo, es un gran acierto para comprender la jugada de la decé y su obsesivo anticomunismo. Se reduce a una analogía de “Los polos opuestos se atraen”. Según Peña: “Es verdad que los tropiezos que han experimentado -la culpa de la DC frente al golpe, la persecución que padeció el PC- les han enseñado cierto pragmatismo, que la política no consiste en escoger entre el bien y el mal, sino entre lo preferible y lo detestable”. Esto es clave para comprender la relación DC-PC.

Peña dice que “es imprescindible recordar el parentesco que une al PC y a la DC. Los partidos, como las personas, se parecen o se distancian no tanto por lo que piensan -es decir, por el contenido de lo que creen- como por su disposición a creer. No por sus ideas, sino por su temperamento. No por lo que abrazan, sino por el modo en que lo hacen”.

La reflexión del abogado columnista recuerda que “a DC y el PC se hermanan en su rareza, en su carácter de especie en extinción que en un mundo descreído se esfuerza por sobrevivir; de ejemplares en permanente peligro que para perdurar, como ocurre con la DC en Italia o en Alemania, han debido travestirse. En el caso de Chile, la alianza de ambos partidos en el seno de la Nueva Mayoría estuvo alimentada por dos factores poderosos: el miedo y la ignorancia. Y mientras ambos subsistan, la alianza perdurará”.

En este sentido Carlos Peña sostiene que “La Nueva Mayoría fue, así -este es el secreto de su éxito y la semilla de su fracaso-, una alianza estructurada no en torno a un programa, sino en torno a la mera adhesión a uno en cuya deliberación y diseño nunca participaron del todo. Y por eso -porque fue la mera adhesión a un programa ya confeccionado lo que originó la coalición- es que es difícil que ella sobreviva en la misma forma que hoy reviste”, argumentación que esgrime la propia DC como pilar de sus actuales movimientos para desmarcarse del presente.
La jugada de la DC, que a esta altura parece más una “guerra santa” contra el PC, busca de paso posicionar que la “salvación” sólo puede venir de mandos de un candidato presidencial propio, es decir DC. Ni Lagos, como pregona Burgos, ni menos Allende, un decé pero decé de la línea tradicionalista, es decir del ala derecha de la Democracia Cristiana.

La DC optaría por el manoseado concpeto del “camino propio” ese que definió la UDI en los ’90 y que nunca les resultó, pero la DC piensa que a ellos sí, por lo menos así se entiende de lo señalado por otro de los viejos intelectuales conservadores y reconocido anticomunista, el decé Genaro Arriagada que este domingo señaló: “La casi unanimidad de los dirigentes que conozco creen que en ella (primaria) el ganador puede ser incierto, pero que es seguro que la DC va a ser la gran derrotada y, peor, agravando su pérdida de identidad. En ese marco, la idea de ir con un candidato propio a la primera vuelta creo que ya es imparable”.

En esta misma línea, un poco más moderada la débil presidenta de la colectividad, la senadora Carolina Goic, también sostiene que la Democracia Cristiana debe tener un candidato propio.

Ahora bien toda esta “profunda” discusión sobre si se van o se quedan en la Nueva Mayoría o refundan una Concertación 2.0 está muy lejos de lo que a la ciudadanía le interesa, ya que el rechazo a los partidos políticos es constante y altísimo, cuestión que los líderes y gurús decé prefieren ignorar, porque lo suyo es mantener las cuotas de poder y así controlar esos estancos que han sido descubiertos en los últimos meses.

Por ahora la DC seguirá librando esta guerra santa contra el PC metiendo miedo contra los comunistas. Hemos vuelto a la guerra fría

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