En medio de la crisis del Partido Socialista luego de la bajada de Isabel Allende como carta presidencial, la colectividad mantiene dos prepresidenciables: José Miguel Insulza y Fernando Atria. Este último publica este miércoles una contundente columna (en La Tercera) donde analzia el momento actual del socialismo chileno. Bajo el título “Sobre el Partido Socialista y su definición presidencial”, Atria expone los riesgos que corre el PS al apoyar a Ricardo Lagos (sin nombrarlo), pero claramente los dardos van hacia él: “Ahora algunos creen que el Partidos Socialista debe elegir como su candidato a quien representa exactamente el núcleo simbólicamente central de la política de la Concertación”.

Dada lo profundo del análisis, creemos necesario reproducir íntegramente la reflexión de Fernando Atria que refleja el complejo momento del PS:

“La elección presidencial del próximo año no es una elección más. El gobierno actual ha intentado introducir una reorientación significativa al modelo chileno, aunque lo ha hecho en condiciones y de un modo que ha perdido cada vez más apoyo ciudadano. La elección responderá una pregunta sobre el gobierno de la Nueva Mayoría: si debe ser entendido como el inicio imperfecto y corregible de una transformación que sigue siendo importante y que debe mantenerse y continuarse, o como un paréntesis que debe cerrarse lo antes posible para volver a lo que la clase política y los empresarios, pero no la ciudadanía, recuerdan como la paz y la concordia de los 20 años de la Concertación.

En este contexto, el Partido Socialista discute sobre su candidato presidencial. La discusión ha ignorado hasta ahora el contenido político de lo que está en juego, y ha procedido como si se tratara de una cuestión de pragmatismo (quién es el que las encuestas señalan como el mejor candidato) o de galantería (“pase usted”, “no, después de usted”). Pero lo que está en juego es demasiado importante para esto. A mi juicio, hay tres consideraciones que deben ser tomadas en cuenta.

1. En las condiciones actuales, el Partido Socialista no puede no renunciar a llevar un candidato de sus filas. Si lo hiciera, estaría reconociendo no tener nada que decirle al país en la que será, probablemente, la elección más relevante desde 1990. Y lo que está en juego es, o debería ser, especialmente importante para el Partido Socialista: si está del lado de la transformación del modelo impuesto por la dictadura o del lado de quienes quieren restablecerlo, después de un gobierno que ha intentado transformarlo.

2. Al Partido Socialista, por su parte, le cae su parte en la crisis general de los partidos políticos y otras formas institucionales del poder. Ante eso, necesita establecer una nueva relación con la ciudadanía, porque es ahí donde está la posibilidad de recuperar al menos parte de la legitimidad perdida. La decisión presidencial, entonces, tiene que ser adoptada a través de primarias abiertas a todos. Una decisión tomada por las cúpulas partidarias conforme a un estatuto que, por lo demás, no fue aprobado bajo los estándares democráticos que correspondían, hundiría al Partido Socialista aún más en el descrédito ciudadano.

3. El gobierno ha puesto en marcha un proceso transformador, pese a todos sus errores y limitaciones. Y ahora algunos creen que el Partidos Socialista debe elegir como su candidato a quien representa exactamente el núcleo simbólicamente central de la política de la Concertación, caracterizada por el “perfeccionamiento” del modelo y la aceptación dócil de una institucionalidad neutralizadora de la democracia. Si esto fuera en definitiva así, habrá que decir que tienen razón quienes afirman que el Partido Socialista ya no es parte de la izquierda chilena.

Hay preocupantes indicios de que vamos en esta última dirección: hacia decidir, mediante algún acuerdo cupular, que el partido no tendrá un candidato de sus filas, sino que apoyará a un candidato del Partido por la Democracia; un candidato que personifica la restauración conservadora que se ha opuesto a la actual administración, volviendo así a la política cuyo punto de referencia es mucho más CasaPiedra y el CEP que los movimientos sociales. Esa es la política que desde 2011 es mirada con cada vez más suspicacia y recelo por la ciudadanía. El daño que todo esto causaría al Partido Socialista sería enorme y, probablemente, irreparable”, sentencia Atria.

Se espera –hasta el cierre de esta nota- que el PS mantenga su Comité Central para este sábado 5 de noviembre, instancia donde la cúpula socialista debería zanjar el tema de los precandidatos de sus filas o bien rendirse a los cuasi octogenarios encantos de Ricardo Lagos.

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