“Cada país es soberano para fijar sus propias reglas de migración”, fueron las palabras del ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Ampuero, para confirmar el rechazo de nuestro país de firmar el acuerdo de migración que fue ratificado por 150 países que integran la Organización de Naciones Unidas.

“El texto discutido en naciones unidas choca con las normas de Chile para tener una migración segura, ordenada y regular. Queremos ser claros, hay una contradicción con nuestra política migratoria ordenada, regular y responsable”, agregó el secretario de Estado, utilizando esto como argumento para justificar la decisión del oficialismo de no ceder y mantenerse con no más de 10 países, entre ellos Israel y Estados Unidos, para restarse del compromiso que se da en el aniversario de los 70 años de la declaración universal de los Derechos Humanos.

Sin embargo, este punto es discutido desde la oposición, que acusa al Ejecutivo de utilizar argumentos nimios, falaces y por sobre todo que no tienen nada que ver para justificar una posición que tildan de xenófoba.

El diputado frente amplista, Gonzalo Winter, lo reafirma. “El país está siendo engañado. Los principales argumentos para no asistir a la firma del tratado han sido que habría una pérdida de soberanía, que se reconocería la migración como un derecho humano y que no se haría la distinción entre los inmigrantes regulares e irregulares. Las tres cosas son falsas”, planteó.

Y no es el único, desde el Partido por la Democracia acusan enormes irregularidades en esta decisión. El senador Guido Girardi dice que el Ejecutivo hubiera firmado sin poner ninguna traba si los migrantes fueran europeos. “El punto es hoy día para este gobierno quiénes están migrando. Si les aseguro que los migrantes fueran italianos, españoles, franceses, no habría este cuestionamiento a la migración”, recalcó.

En tanto, la senadora de la misma tienda, Ximena Órdenes, acusa que nuestro país se humilló al dejar una silla vacía cuando se realizaba la firma del compromiso, mencionando que “Yo lamento que hoy día no esté en Marrakech el Gobierno de Chile, que en la presencia de Chile esté una silla vacía y que este sea el segundo tratado internacional del cual se resta”.

Una decisión política que es similar, y como lo planteaba la parlamentaria, a lo ocurrido con el tratado de Escazú, que tenía un foco claro en el medio ambiente y, a pesar que como país promovíamos la medida, nos bajamos a última hora.

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