Todo partió el pasado viernes 10, cuando el presidente argentino, Alberto Fernández, al momento de anunciar la extensión de la cuarentena obligatoria en su país, mostró una serie de cifras para demostrar que el confinamiento decretado por su Gobierno sí estaba funcionando a la hora de enfrentar el coronavirus, pero que quedaba mucho por hacer en la lucha contra el virus.

En su explicación, comparó las estadísticas trasandinas sobre infectados con las de sus vecinos Brasil y Chile. El primero, para aquel día registraba 19.638 contagios, mientras que en nuestro país la cifra se elevaba a 6.501. Así, siguió usando el ejemplo de Chile, entre otros países, como punto de comparación para explicar la extensión de la cuarentena y el éxito de las medidas del país para “aplanar la curva” del Covid-19.

Sin embargo, la elección de los gráficos no fue ni tan acertada ni tan “científica”, según manifestaron medios trasandinos: los resultados no sólo estuvieron mal presentados, sino que tampoco estuvieron claros los supuestos o hipótesis respecto de la cantidad de contagiados. Así, los datos resaltaban la menor cantidad de infectados respecto de otros países limítrofes como Chile o Brasil, pero sin tener en cuenta otras variables, como la cantidad de testeos que fueron llevados a cabo o la población total del país.

El desaguisado final se armó cuando el mandatario rioplatense llegó a la cifra de muertos: ese viernes 10 Argentina tenía 82 muertos confirmados; Brasil, 1.057 y Chile, 65, instante en el cual Fernández inició la guerra santa: “Chile tiene un tercio de nuestra población”.

La respuesta filtrada

La réplica de La Moneda llegó a Buenos Aires en mañana del domingo 12, a través del diario argentino Clarín y que compara las cifras de ambos países al día 11 de abril. El documento de tres páginas, denominado “Coronavirus: Chile versus Argentina” se divide en cuatro criterios utilizados por la autoridad sanitaria chilena para refutar “el triunfalismo de Fernández”, término que según el medio periodístico argentino habrían utilizado las fuentes de gobierno chileno que entregaron el documento. Dichos criterios son: Estadísticas generales; Informes internacionales; Test Realizados; y comentarios sobre las medidas tomadas por ambos gobiernos.

[Lea la nota de Clarín: Coronavirus: el gobierno de Chile cuestionó el “triunfalismo” de los gráficos que mostró Alberto Fernández]

Fuentes de La Moneda señalaron que dicho documento, firmado por el ingeniero comercial Pablo Eguiguren, ex jefe de gabinete del Ministerio de Economía en el inicio del segundo mandato de Piñera, se elaboró en el segundo piso del Palacio, respondiendo a “cierta” molestia del Mandatario nacional respecto a las comparativas usadas por su par de la Casa Rosada, aun cuando se indica que Piñera “no quiere entrar en conflictos con su vecino, menos aún en los tiempos actuales”.

De hecho, el mandatario nacional habría manifestado su disgusto por la filtración de dicho informe, en el entendido que el Gobierno maneja numerosos papers de características similares y en constante actualización, sobre numerosos países y situaciones específicas, destinados básicamente a consumo interno de las autoridades.

Más aún, la molestia creció en círculos del Gobierno cuando apenas un día antes de esta “filtración”, el mismo Clarín publicaba una extensa entrevista al canciller Teodoro Ribera, quien en su parte medular señalaba que “en medio de esta coyuntura de emergencia sanitaria global, las agendas de encuentro regional se van hacer más necesarias, porque enfrentaremos las mismas dificultades desde las cuales sólo podremos salir adelante si estamos unidos. Cuidar las formas, respetar las diferencias, no entrometerse en los asuntos ajenos, son tradicionales y positivas costumbres para ello“, destacando además, respecto de las relaciones Piñera-Fernández, que “los presidentes mantienen diálogos fluidos, directos, a veces sin necesidad de recurrir a los medios oficiales o formales. Compartimos una historia, valores y principios, además de 5.000 kilómetros de frontera, en una relación que es de Estados. Tenemos una rica y variada agenda bilateral que no sólo apunta al presente, sino que está enfocada a temas emergentes y de futuro, a los que ambos países debemos abocarnos. En periodos de crisis mundial, avanzar con decisión y pragmatismo es fundamental.”

Pero aunque Piñera no quiere conflictos, y pese a que no se usaron canales bilaterales oficiales, ni se reconoció (públicamente al menos) el envío del documento, sí se reconoció la legitimidad del mismo, que alguien aprovechó, a través de uno de los más importante diarios bonaerenses, para “poner los puntos sobre las íes”. Y, como explicaron en los pasillos de Palacio, señalar también que entrar a comparar es difícil cuando las bases sobre las que se basa la información en ambos países son tan disímiles (aunque cuando, medio en broma, medio en serio, a esta fuente se le señaló que “igual Chile le gana a Argentina, simplemente sonrió y asintió con su cabeza).

El informe

El reporte nacional se centra básicamente en la cantidad de tests realizados: en Chile superan los 82 mil y en Argentina apenas llegan a los 20 mil. Y este número adquiere mayor relevancia si se tienen en cuenta la cantidad de habitantes en ambos países -donde la Argentina más que duplica a Chile- y el índice de pruebas por millón de habitantes, que en el vecino país es de 435 por millón mientras que en Chile este número se eleva a 4.228 en promedio.

El diario Clarín señala en su crónica, consignando los datos del informe, que “los casos totales en Chile ascienden a 7.213, según constata el informe. El primer contrapunto que realizan desde el Palacio de La Moneda es el porcentaje de crecimiento de contagiados en las últimas 24 horas: mientras en Argentina la variación fue de un 8,46%, en el país trasandino llegó a 6,55. Esto, consideran en Chile, demuestra que la estrategia de cuarentenas “progresivas e inteligentes”, en base a los resultados de los test por territorio, puede ser tanto o más efectiva que la cuarentena total en el país, la que ha sido descartada en Chile por criterios económicos y sanitarios”.

El documento también hace mención al estudio de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, señalando que “Chile estaría reportando el 50% de los casos sintomáticos del país, siendo el 7º mejor país del mundo en este indicador. Por su parte, Argentina estaría reportando el 13% de los casos sintomáticos, ubicándolos en el lugar 38º entre 79 países”. Asimismo, cita al informe de The Economist Intelligence Unit, del 27 de marzo, en el que se evalúa a los países de América Latina en distintas áreas relacionadas con la capacidad de respuesta frente a la pandemia de coronavirus, indicando que Chile aparece mejor evaluado en relación a Argentina en cuatro de los seis criterios y empatan en otro.

Fernández maquilla la respuesta

Luego del golpe, el mandatario argentino salió a aclarar ayer domingo que, al mostrar las gráficas comparativas durante aquella conferencia de prensa, no estaba “hablando mal de nadie”, sino que buscaba demostrar que la política de su administración “funciona”, aludiendo además a recordar “una frase de Serrat: Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Poco después, y a través del popular canal Telefé, el jefe de Estado trasandino recalcaría que “no quiero abrir un debate con Piñera, ni con ningún gobernante del mundo”, tras haber explicado que “Chile tiene un ritmo mayor de testeos, pero nosotros hacemos los que la Organización Mundial de la Salud dice que es correcto hacer”.

“Mi intención es demostrar que nuestra política funciona, yo no critico a nadie. Por ejemplo, algunos hicieron cuarentena cuando el problema ya se había lanzado, como en España o Italia; yo quise demostrar que el esfuerzo que hacemos se nota y se ve”, precisó.

Lea el documento completo a continuación:

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