Cada 21 de mayo, Chile y su Armada conmemoran un nuevo aniversario de las Glorias Navales y de la gesta heroica de Iquique y Punta Gruesa. Este año, debido a las particulares condiciones que enfrenta el país, el tradicional recuerdo de este acontecimiento histórico ha debido ser modificado en su forma, dejando de lado las ceremonias militares que normalmente lo engalanan, pero sin modificar en modo alguno el fondo de esta conmemoración.

Porque el 21 de mayo de 1879, y la grandeza humana reflejada en el Combate Naval de Iquique, es tan sublime que por sí solo brilla como un faro de guía y ejemplo, de aliento y de inspiración para sobreponernos en la lucha contra la adversidad. Porque cada vez que el trazado de la navegación de la patria nos lleva por aguas poco calmas, cada vez que los embates de las catástrofes nos golpean, Prat y su “Esmeralda” se constituyen en un referente sobre hacia qué debemos volver la vista “cuando la contienda sea desigual”.

Pero el recuerdo de la epopeya de Prat y sus hombres es también la oportunidad para que la Armada se presente ante sus compatriotas, no solo para rendir tributo a un pasado del cual se siente orgullosa, sino que, principalmente, para destacar los valores permanentes que se desprenden de estas acciones y dar cuenta de cómo los incorpora en su diario quehacer.

La Armada de hoy es la misma de Prat. Una Marina conformada por cerca de 26 mil hombres y mujeres: leales, honestos, profesionales y con un alto grado de compromiso y entrega. Una Marina que abraza principios y valores, y que incorpora los desafíos tecnológicos, sin que eso signifique renunciar a su glorioso pasado. Una Marina que pone a disposición de la patria todas sus capacidades, con el solo fin de hacerla cada día más grande.

Es a partir de allí, y a la luz del ejemplo de nuestros héroes, que, al decretarse el estado de excepción constitucional, la institución en pleno salió a las calles para contribuir a proteger la salud de la población, mantener en funcionamiento la red de abastecimiento y contribuir a mantener el orden público. Asimismo, nuestro buque “Sargento Aldea” está puesto a disposición del país, a fin de concurrir con sus capacidades a generar alternativas de atención médica para los compatriotas que lo requieran.

Pero, además de las tareas de apoyo mencionadas, estamos simultáneamente cumpliendo otras tareas ineludibles y permanentes. Desde el mar, somos la disuasión y la seguridad que da tranquilidad a nuestros compatriotas. Somos un apoyo a la política exterior del Estado, contribuimos al desarrollo nacional, y con la Autoridad Marítima velamos por nuestros intereses en esa área de actividad económica.

En efecto, junto con la actual construcción del buque antártico, se ha elaborado un Plan Nacional Continuo de Construcción Naval, el cual, además de satisfacer una necesidad institucional, pone en relieve cómo la industria de Defensa, en alianza con las universidades y el sector privado, puede ser un motor de la recuperación del desarrollo industrial del país.

En el ámbito de la Autoridad Marítima, se ha diseñado un plan estratégico para enfrentar esta emergencia sanitaria, incrementando los controles presenciales y creando una plataforma digital que permite la tramitación de documentos y solicitudes. Estas acciones buscan garantizar la fluidez tanto de las actividades productivas extractivas como del tráfico marítimo internacional, dado que este último representa el 90% de nuestro comercio exterior y no se puede detener.

Como es posible apreciar, la Armada de Chile, como ha sido siempre, está al servicio de sus compatriotas. Hoy más que nunca, en este mes de mayo que evoca el sacrificio de Prat y sus camaradas, es el momento preciso para recordar que la epopeya de Iquique será siempre una señal inequívoca de conducta nacional. Imitarla es una obligación, y recordarla es un imperativo, siendo el sentido de gratitud y respeto la forma de proyectarla en las generaciones futuras.