Seguimos creyendo que en las condiciones crediticias en las que se encuentra internacionalmente España, un préstamo-rescate de esta índole, de carácter “blando”, constituye, al igual que manifestábamos en un artículo anterior publicado en este Medio, “un auténtico manjar caído del cielo” acorde con el proverbio vietnamita.

Acompaña, a dicho préstamo-rescate, una propuesta de vigilancia, “sui generis”, no sujeta a reformas estructurales, aparentemente sin presencias no deseadas, aunque imaginamos figurarán otros recovecos financieros de los que habrá que cuidarse, y por supuesto, como condición ineludible, los fondos deberán destinarse a costes sanitarios directos e indirectos.

Y ello, aún a pesar de las declaraciones de la ministra Montero en la mañana del viernes sobre su posible renuncia al mismo, basándose en otras posibles mejores condiciones de oferta existentes para España en los mercados mundiales.

Ha sido una rueda de prensa tediosa, parca en detalles de interés, con acuerdos alcanzados en desigualdad de condiciones desde hace jornadas, de unos 50’ de duración, en la cual, el columnista a pesar de encontrarse registrado, no se le facilitó la intervención en el turno de preguntas, alegándose que las mismas quedaban reservadas para los Medios acreditados en Bruselas. ¡Otra vez será!

Pero hagamos un poco de memoria, por ejemplo, cuando hará aproximadamente unos 40-50 días, los expertos comenzaron a calcular la cantidad en miles de millones de euros que la haría falta a España para mantenerse económicamente en pie ante las situaciones qué nos azotan, bambolearon los cálculos entre 150.000-200.000 millones.

Se trataban de unas grandes cifras válidas en el escenario de aquel entonces, pero a medida que se han ido conociendo otros importes espeluznantes posteriores, pocos se atreverían volver a realizar cálculos ante tanto desconcierto y desgobierno en los que se encuentra inmersa la Unión Europea.

Una de entre tantas adversas circunstancias lo constituye, según la UE, nuestro déficit estructural actual del 5.6% y del 5.2% para 2021, e indefinido más adelante, junto, al impasible caminar hacia el 113% de deuda a contraer en dicho último año, aún sin contar con la tentación de otros incrementos a consecuencia de la utilización de otros posibles instrumentos financieros comunitarios.

En estos tiempos que corren, sus escaparates son tentadores, pero caros, en nuestras actuales posibilidades, sin olvidar que la desconfianza y falta de fe en España se han vuelto endémicas.

Por cierto, la Autoridad Fiscal, junto a la Comisión Europea, han cuestionado por poco creíble y exageradamente abultado en su capítulo de ingresos, el Programa de Estabilidad Presupuestaria presentado por España, al considerar excesivo en el capítulo de Ingresos el reflejo del 41.2% sobre el PIB.

Ya mencionamos en uno de nuestros anteriores artículos, no compartir cifras futuras tan optimistas de recuperación promovidas por el Gobierno.

Y es que existen, respetado lector, múltiples proverbios o frases provenientes, en este caso de la vida rural, tal y como: “el miedo guarda la viña”, perfectamente aplicable a las reticencias y prevenciones que pueda observar Europa hacia España en épocas de tribulaciones.

Sobre el autor:
Jesús Antonio Rodríguez Morilla, abogado, Doctor en Derecho (Cum Laude) www.modificadosobraspublicas.com

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