Este año se conmemoran los 500 años del descubrimiento del Estrecho de Magallanes y hay que celebrarlo con una mirada de futuro. Deseo, pues, hacer algunas reflexiones sobre cómo este épico evento se puede relacionar con la actual pandemia del coronavirus. Como toda expedición en aquella época, ésta sufrió todo tipo de dificultades, motines y naufragios, pero permitió descubrir una de las rutas de navegación más importantes del mundo y que conectaría a los dos principales océanos: el Pacífico y el Atlántico.

Su éxito se debió no solo a la pasión, capacidad y tenacidad de sus integrantes, entre los que iban Fernando o Hernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano o Elkano, sino que también a los grandes avances tecnológicos que en materia de navegación se habían desarrollado y que permitieron organizar esta clase de expediciones marítimas. Ellas permitirían abrir al mundo hacia lo desconocido y novedoso. Tanto en aquella época como en la actualidad, el mar se transformaría en un espacio crucial y estratégico para el desarrollo del comercio, investigación científica, alimentación, transporte, entre otras, ocupando nuestro país una posición geográfica privilegiada.

Chile y el mundo también están viviendo momentos extraordinarios a raíz del coronavirus y del impacto que está causando en la salud de las personas y en la economía mundial. Los gobiernos, incluyendo el nuestro, han debido navegar a través de una tormenta que jamás imaginaron; han debido sortear todo tipo de dificultades que nunca previeron; han debido lamentar muertes de cientos de miles de personas; con la esperanza de poder ganar la batalla a la pandemia. Para aquellos que han debido liderar y manejar esta crisis no ha habido descanso y ha sido una prueba inmensa de tenacidad, audacia, prudencia y paciencia, que merece todo nuestro reconocimiento y admiración.

Aunque a veces pareciera que hay una competencia entre distintos gobiernos por mostrar mejores resultados, lo cierto es que solo al final de esta travesía se sabrá quiénes fueron los ganadores y perdedores. No muy distinto a lo que vivieron Magallanes y Elcano junto a sus hombres. Aunque dicha epopeya duró 3 años, eso no le resta mérito al esfuerzo titánico que las autoridades sanitarias se encuentran realizando para superar esta cruzada. Han debido no solo enfrentarse a lo desconocido, igual que antaño, sino que también a las criticas (o motines). Creo no ser el único que ha sentido el deseo de “tirar por la borda” aquellos que sin ningún motivo, excepto la pequeñez y egoísmo, ponen toda clase de trabas y dificultades, con el propósito de ganar una pequeña ventaja política.

Al igual que 500 años atrás, una vez finalizada esta pandemia habremos descubierto un nuevo mundo. O al menos uno distinto. Uno donde los avances tecnológicos conquistarán nuevos mundos o espacios; uno donde surgirán nuevas tensiones y conflictos; uno donde el cambio climático hará sus estragos; uno donde los valores universales quizás se reprioricen; uno donde nuestros hábitos personales, familiares y laborales se alterarán definitivamente; en suma, uno donde ya no se mida el progreso por ingreso per capita sino que por calidad de vida. Pero tengo el convencimiento de que llegaremos a puerto con más resiliencia que antes de emprender el viaje, gracias al compromiso y dedicación de miles de chilenos y chilenas que lo han dado todo por nosotros, sin esperar reconocimiento alguno.

Si tuviera que identificar a algún chileno con Magallanes por su ejemplo de vocación, abnegación, capacidad y trabajo por sacar adelante esta mega “empresa” (para los mal pensados de siempre, me refiero a la tarea, obra o misión) de combatir esta pandemia, esa persona es el Ministro de Salud, Jaime Mañalich. No estoy con ello augurándole un mal destino como al navegante portugués, que nunca regresó. Tampoco quiero pensar que hubiera sido de nuestro país si el capitán de esta embarcación hubiese sido alguno de sus recientes predecesores en el cargo. El barco simplemente se hubiera hundido a la altura de las Islas Canarias. Solo quiero, pues, agradecerle por haber asumido el timón en esta tormenta y llevarnos a puerto seguro sanos y salvos.