“Los ricos de Chile ganan como en Alemania, y los pobres como en Mongolia”, decía Branko Milanovic, del Banco Mundial. El gobierno actúa mal porque no conoce a su pueblo, dice experta. Y la “tabla de salvación” es peor, parte relatano el reportaje de la estatal alemana DW que titula “Chile en la crisis de COVID-19: ¿Por qué un país modelo parece hundirse en el caos?”.

A continuación el texto completo de esta crónica que demuele el discurso oficial de la autoridades de nuestro país, un relato que seguramente no gustará en Palacio muy poco receptivo a la crítica.

Chile podría repetir la experiencia de España e Italia, siendo el próximo país en donde el sistema sanitario colapse. Las escenas lo evidencian: decenas de ambulancias que esperan hasta doce horas, o más, en las entradas de hospitales públicos, a la espera de que pacientes con COVID-19 sean atendidos, al menos dentro de los mismos vehículos. Si la ambulancia se ve obligada a entregar al paciente a una clínica privada, la familia tiene que cubrir sumas imposibles de pagar. A los altos costos de la atención médica se suma el hambre, para aquellos que ni siquiera pueden llegar a las puertas del Hospital San José de Santiago de Chile.

Con o sin pandemia, “el hambre en Chile es producto de la histórica desigualdad social”, dice a DW Fernanda Arriaza, directora de Gestión Comunitaria de la oficina internacional de la ONG TECHO, activa en 19 países de América Latina. “Son los pobres en los campamentos [asentamientos informales o barrios marginados] los que están viendo la cara más dura de esta crisis, porque se ha recrudecido su estado vulnerable: falta de acceso a servicios, a vivienda, a oportunidades de empleo”, agrega Arriaza desde Valparaíso, una ciudad en donde los más pobres viven en cerros casi inaccesibles para cualquier socorro. Valparaíso es la segunda ciudad más golpeada por la pandemia, después de Santiago.

El coronavirus se ensaña con los más pobres

Por esto el lema de “¡Quédate en casa!” es una ironía para muchos en América Latina que replican: “¿Y si no tienes casa? ¿Y si no tienes agua para lavarte las manos? ¿Y si no tienes 2 metros para distanciarte de 8 personas que comparten un solo cuarto?”. Por esto se teme que la pandemia cause una catástrofe entre los 104 millones de latinoamericanos que viven en asentamientos populares.

Fernanda Arriaza, de TECHO no aventura un posible estallido social en el futuro porque “la situación ya estalló el 18 de octubre de 2019”. Y lo que hoy pasa, prosigue Arriaza, “es que esos mismos pobres no pueden respetar la cuarentena porque el hambre se ha hecho inaguantable”.

“El hambre”, según la experta social, “es la razón por la que están manifestándose en las calles”. Y las cosas pintan aún más difíciles. Antes de la pandemia de coronavirus, en Chile se pronosticaba que el 9,8% de la población iba a terminar este año en la pobreza. Ahora será el 13,7 por ciento, según la CEPAL. Al final de este 2020, en América Latina habrá 30 millones más de pobres, unos 215 millones en total en toda la región, así lo pronostica la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su Informe Especial COVID-19, presentado el 21 de mayo. Las cifras podrían incluso subir, si el impacto de la pandemia es aún más fuerte y las economías latinoamericanas no logran volver a despegar. En todo caso, la organización concluye que el inmenso trabajo de dos décadas de lucha contra la pobreza en América Latina se ha perdido en pocas semanas.

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