La pandemia del CORONAVIRUS no solamente ha visibilizado el problema sanitario que atraviesan los países a raíz de la alta demanda por atención médica, sino que también muestra el rostro amable y de solidaridad ciudadana ante las vicisitudes económicas que enfrentan las familias y son las ollas comunes las que han vuelto a aparecer en Chile ante la carencia que enfrentan miles de ciudadanos, mostrando un cara que ya parecía olvidado y que fue común apreciarlo durante el periodo de la dictadura cívico-militar.

Es así que en comunas de la Región Metropolitana y otras zonas del país, especialmente donde prevalecen familias de bajos recursos, han comenzado a mostrar este sistema de cooperación comunitaria que permite entregar alimentos a quienes más lo necesitan y, especialmente, a los niños.

Incluso existe un lema que ha aparecido en las redes sociales “El Pueblo Ayuda al Pueblo”, un eslogan que esconde la precariedad de miles de familias chilenas y demuestra la tardía respuesta del Gobierno, que lentamente ha comenzado a tomar las banderas de la ayuda con entrega de bonos en dinero o cajas de alimentos.

Miles de ciudadanos han comenzado a organizarse en comunas populares y que actualmente están en cuarentena como Puente Alto, El Bosque, La Pintana, Estación Central, entre otras, armando ollas solidarias de alimentos para distribuirlas en los barrios y a quienes necesitan la comida porque están sin trabajo y, por ende, no tienen recursos monetarios para poder adquirirlos.

También el Gobierno ha dado una señal de tardía respuesta ante esta necesidad básica, ya que hace una semana se anunció la distribución de 2,5 millones de cajas de alimentos y su distribución ya ha comenzado, pero en forma lenta. Incluso esta colaboración estatal, de acuerdo a lo que reconocieron las propias autoridades, llegará solamente al 70% del 40% de las familias más necesitadas.

Para abastecer las ollas solidarias, varios dirigentes vecinales se han organizado para recaudar donaciones en dinero y distintos productos, lo cual se hace a través de campañas en redes sociales que han dado su fruto para poder hacer comida y entregarlas a la población.

Según señala la sicóloga y antropóloga Clarisa Hardy en su libro “Hambre + dignidad = ollas comunes“, estas ollas comunes no fueron un fenómeno propio sólo de un período, sino que se han realizado en distintos momentos de la historia de Chile y en ocasiones coyunturales que motivaron la necesidad de organizar ollas comunes, como huelgas o crisis económicas.

Sin embargo, la investigadora acota que lo ocurrido durante la dictadura cívico-militar, dichas ollas no eran sólo transitorias ni instrumentos de denuncia sino que fueron “respuestas más estables y permanentes de los sectores populares para sobrevivir“.

De esta forma, las ollas comunes fueron una iniciativa popular que congregó a los pobladores por la necesidad de alimentarse, ya que inmersos en un momento de dificultades laborales y económicas, éstas se instalaron en distintos espacios donde se destacan las poblaciones de la ciudad del Gran Santiago y esta situación se ha vuelto a vivir en el país.

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