“Estados Unidos designará a Antifa como una organización terrorista”.

En medio de la ola de protestas y desórdenes desatados en los últimos días en distintas ciudades de Estados Unidos a raíz del crimen de odio de George Floyd a manos de un policía en Minneapolis, el presidente Donald Trump encontró un nuevo enemigo tras haber identificado a los que considera culpables de los disturbios en el país, en este caso, el movimiento Antifa.

Trump dijo el sábado en una publicación de su cuenta personal de twitter, que son alborotadores “totalmente profesionales”. Ayer domingo fue incluso más allá y declaró que “Estados Unidos designará a Antifa como una organización terrorista”.

Sin embargo, sus críticos señalan que Estados Unidos no tiene una ley de terrorismo interno y que Antifa, una contracción de “antifascista”, no es una organización con un líder, estructura definida o funciones de membresía, por lo que Trump no podría definirla como “organización terrorista”.

Pero ¿quiénes son y qué pretenden los integrantes de este grupo?

Este movimiento antifascista estadounidense es un colectivo reducido, uno de los muchos surgidos en los últimos años en el país norteamericano que, tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, se ha hecho cada vez más activo, sobre todo para frenar las manifestaciones de los supremacistas blancos.

Antifa no es una organización con un líder, una estructura definida o funciones propias de una asociación con requisitos para pertenecer a ella, sostienen los críticos del presidente. Los seguidores de este colectivo comparten una filosofía y tácticas, y han participado en muchas protestas del país en los últimos tres años, incluida la manifestación “Unite the Right” en Charlottesville, Virginia, en 2017.

De hecho, después de los incidentes en Charlottesville, su cuenta de Twitter sumó 2.000 seguidores nuevos, y ahora tiene más de 77.600.

Sus miembros han explicado que buscan construir un movimiento que “nos aísle de las políticas de Trump. También estamos resistiendo frente a los movimientos que pueden llevarnos al fascismo”.

Para el New York Times es imposible saber cuántas personas se consideran miembros de esta grupo, que se organiza por células y actúan bajo el manto de la discreción y el secreto. Aunque Trump ha focalizado en Antifa sus críticas, éste es solo uno de los muchos de colectivos que han surgido en los últimos años, desde la llegada del presidente a la Casa Blanca, para combatir sus políticas.

Los miembros de Antifa protestan contra decisiones de las autoridades que consideran autoritarias, homófobas y racistas. Este movimiento no está vinculado a ningún partido político ni a otros movimientos de izquierda, pero la prensa neoyorquina estima que trabajan con otras redes de activistas locales que se están uniendo en torno a los mismos temas, como el movimiento Occupy o Black Lives Matter.

El movimiento antifa estadounidense moderno habría comenzado en la década de 1980 con un grupo llamado Acción Antirracista. Sus miembros se enfrentaron a “skinheads” neonazis en conciertos punk en el Medio Oeste estadounidense y en otros lugares. A principios de la década de 2000, el movimiento Antifa estaba en su mayoría inactivo, hasta el surgimiento de Trump y la derecha alternativa, e incluso ha desarrollado nexos con algunos grupos anarquistas.

El movimiento antifascistas ganó más visibilidad en 2017 después de una serie de sucesos como la paliza de un destacado miembro de extrema derecha, la cancelación de un evento por un escritor conservador en la Universidad de California, Berkeley y su confrontación con manifestantes nacionalistas blancos en Charlottesville que acabaron en violencia.

“El argumento que usan es que el antifascismo militante es inherentemente defensa propia debido a la violencia históricamente documentada que los fascistas representan, especialmente hacia las personas marginadas”, sostiene el profesor estadounidense Mark Bray.

Aunque el grupo ha sido catalogado por analistas de distintos sectores como una organización de izquierda o de extrema izquierda, sus miembros se han focalizado en luchar contra la ideología de extrema derecha, más que en promover iniciativas que representen a un sector determinado del sistema político.

A diferencia de los movimientos o los partidos de izquierda convencionales, el grupo no busca conseguir cuotas de poder ganando elecciones o influyendo en la aprobación de leyes en el Congreso.

Con un fuerte discurso anticapitalista, sus tácticas han sido relacionadas con las de grupos anarquistas más que con la izquierda tradicional.

En este sentido, Antifa no reniega sobre el uso de la violencia como un método válido para protestar en las calles, incluyendo la destrucción de propiedad privada y, en ocasiones, la violencia física contra sus oponentes.

En el último tiempo han participado en manifestaciones contra el líder de extrema derecha Milo Yiannopoulos, en protestas violentas el día en que Trump llegó a la Casa Blanca y en los incidentes en Charlottesville.

Tan antiguo como los nazis

Los miembros de Antifa forman parte de grupos muy diversos en distintos países, aunque aparentemente los más activos se encuentran en Estados Unidos, Reino Unido (bajo el nombre de Anti-Fascist Action) y Alemania (Antifaschistische Aktion).

En el caso alemán, el movimiento fue fundado en 1932 como un grupo de ultraizquierda creado para luchar contra los nazis.

Un año después, luego que Adolfo Hitler asumiera el control de Parlamento, fueron desarticulados y hacia fines de la década de los 80 se reorganizaron en respuesta a la creación de grupos neonazis tras la caída del muro de Berlín.

Críticas

El movimiento Antifa ha sido muy criticado tanto por las élites de izquierda como de derecha. Después de las protestas en Berkeley de 2017, la actual Presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi denunció “las acciones violentas de personas que se hacen llamar antifa” y dijo que deberían ser arrestadas.

En cambio, la legisladora también demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, se preguntó por qué el FBI no trata a los supremacistas blancos, grupos que son simpatizantes de Trump, también como grupos de terrorismo interno.
También la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) criticó el anuncio de Trump y dijo que “no tiene la autoridad legal para designar un grupo como (terrorista) interno”. El Gobierno de Estados Unidos tiene una lista de organizaciones internacionales y países a los que considera como terroristas, pero no existe un estatuto de terrorismo interno.

El comentarista Erick Erickson, de la cadena Fox News, escribió en su blog que “Antifa y los supremacistas blancos son dos caras de la misma moneda“.

Y en 2017, cerca de 100.000 personas firmaron una petición para que Trump clasifique a Antifa como una organización terrorista, el paso que el presidente quiere dar ahora.

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