La república de Azerbaiyán se sitúa en el sureste de la región del Cáucaso, zona de evidente importancia geoestratégica, considerada una suerte de territorio bisagra entre Europa y Asia central, cruce de culturas y riquezas energéticas. El país mismo, con larga y profunda tradición musulmana, se ha convertido en una potencia petrolera y Bakú, su capital, en un importante polo energético regional, a orillas del Mar Caspio.

Este país, independiente oficialmente desde el 30 de agosto de 1991 (aunque gozaron de una breve independencia previa entre 1918 y 1920), busca desde hace un cuarto de siglo recuperar casi el 20% de su territorio, ocupado por la vecina Armenia.

Alguna vez unidas en bajo la soberanía de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el camino que llevó al enfrentamiento militar directo a ambos países comenzó con el proceso de disolución de la ex URSS, que llevó a los secesionistas del Alto Karabaj a declararse como un Estado independiente el 6 de enero de 1991, buscando en el fondo anexarse a la cercana Armenia. El 21 de noviembre, el parlamento de Azerbaiyán rebautizó a la región de Alto Karabaj como Xankandi, revocando la autonomía que tenía bajo el régimen soviético. Finalmente, la renuncia del ex mandatario soviético Mijaíl Gorbachov, en diciembre de 1991, hizo añicos el último muro que impedía una guerra total entre armenios y azeríes, dejando la mesa servida para el inicio de una guerra y un enfrentamiento que a casi 30 años de iniciado, no tiene visos de acabar, a pesar de un armisticio frágil y carente de bases sólidas que permitan avizorar la firma de un acuerdo definitivo.

Al final de las hostilidades en 1994, los armenios controlaban hasta el 20 por ciento del territorio azerbaiyano, incluido el propio Nagorno Karabaj. Durante la guerra se cometieron muchas atrocidades y se estima que 30,000 personas murieron y más de un millón fueron desplazadas. En medio del conflicto abierto, fueron cuatro las Resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (822, 853, 874 y 884) las que exigieron “la retirada inmediata de todas las fuerzas armenias de todos los territorios ocupados de Azerbaiyán”.

Estas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas establecen con total claridad, que las fuerzas de ocupación de Armenia deben retirarse incondicionalmente de los territorios ocupados, considerando la agresión armada armenia contra Azerbaiyán con el objetivo de ocupar un territorio que no le pertenece. Dicha acción desarrolla, desde el punto de vista del derecho internacional, el principio de la legítima defensa ante un ataque armado, según lo expresa el Artículo N° 51 de la Carta de las Naciones Unidas.

Los derechos azeríes

El marco jurídico sobre el cual se asienta el reclamo de Azerbaiyán respecto a la región de Nagorno Karabaj  se sustenta, principalmente, en una premisa que hay que tener en cuenta: el uso de la fuerza entre armenios y azeríes respecto a Nagorno Karabaj, entre los años 1988 y 1991 (fecha de la independencia de ambas repúblicas respecto a su adhesión a la ex URSS), debe considerarse en la categoría de conflictos armados no internacionales que se dieron en el interior de las fronteras de un único Estado soberano hasta entonces como era la ex URSS. Por tanto, el análisis jurídico y político internacional respecto a un conflicto de tipo internacional y el uso de la fuerza entre bandos estatales en disputa se tiene que situar, obligatoriamente, a fines del año 1991, cuando se accede a la independencia de ambas repúblicas, inscrito en una guerra de ocupación de territorios.

Para el presidente de Azerbaiyán, Ilham Alíev, “fuera del marco de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no es posible debatir ningún tema relacionado con el conflicto”. ¿Por qué esta opinión tan tajante? Simplemente porque las resoluciones a las que hace mención el mandatario azerí -N° 822, N° 853, N° 874 y N° 884 del año 1993- explicitan y reafirman “la soberanía y la integridad territorial de la República Azerbaiyana y de todos los demás Estados de la región. Como también la inviolabilidad de las fronteras internacionales y la inadmisibilidad del uso de la fuerza para la adquisición de territorio”.

Sin embargo, las 4 resoluciones del Consejo de Seguridad no fueron cumplidas por Armenia, la cual incrementó en ese mismo período sus operaciones bélicas de tal forma que hoy las fuerzas de ocupación armenias controlan no solo Nagorno Karabaj sino también siete distritos aledaños.

Las mencionadas resoluciones, cuyo incumplimiento acarrea sanciones y determinaciones, incluso de obligar por la fuerza a su estricta observancia, demandaban “un cese inmediato de las acciones militares, una retirada inmediata, total e incondicional de todas las fuerzas de ocupación del territorio de Azerbaiyán”. Indudablemente, el principio de la integridad territorial signa este conflicto y la obligación por parte de Armenia de reintegrar esos territorios al mandato de Azerbaiyán.

Recordemos que la guerra en su etapa más abrasadora generó 30 mil muertos y un millón doscientos mil  de desplazados, tanto armenios como azeríes. 400 mil habitantes armenios de Azerbaiyán se desplazaron a Armenia o Rusia y otros 30 mil llegaron del Karabaj. 800 mil fueron los azeríes que salieron de sus tierras, incluyendo en ello los que vivían en Armenia y el propio  enclave. Armenia ocupó un 20% del territorio de Azerbaiyán, que involucra Nagorno Karabaj y siete distritos que rodean dicha región: Agdam, Fizuli, Jebrail, Zangelan, Gubatlin, Lachin y Kelbajar, cuya devolución es exigida por Azerbaiyán, constituyéndose en la principal piedra en el zapato frente a cualquier posible solución. Esto, porque Armenia se niega a restituirlos  mientras no se acuerde el mantenimiento de un corredor, a través del distrito Lachin, que una físicamente Nagorno Karabaj y Armenia.

Nueva escalada

El conflicto (que tras el alto al fuego de 1994 nunca estuvo realmente acabado) experimentó una escalada de tensión en abril del año 2016, cuyos enfrentamientos generaron muertos y heridos, junto a la alarma de las potencias regionales como Rusia, Irán y Turquía. También produjo la nueva activación del Grupo de Minsk, presidido conjuntamente por Estados Unidos, Rusia y Francia, a los que se suma una serie de países participantes, como Bielorrusia, Alemania, Italia, Portugal, los Países Bajos, Suecia, Finlandia y Turquía, además de las dos naciones enfrentadas.

El Grupo de Minsk se ha fijado como objetivo principal llevar adelante los denominados Principios de Madrid, a partir de la solución pacífica de los conflictos que debe descansar, sobre todo, en la restitución de todos los territorios ocupados y el derecho al retorno de los refugiados, en la posibilidad de un  intercambio de una autonomía para los armenios residentes, con una garantía de seguridad que incluya operaciones de mantenimiento de la paz y el mencionado corredor de unión con Armenia. Todo ello discutible, puesto en la mesa de negociaciones, pero donde la exigencia primera es la salida de las tropas ocupantes de Nagorno Karabaj.

La tarea es difícil considerando que Armenia se niega a cualquier posibilidad de devolver los territorios ocupados. Pero para el gobierno de Azerbaiyán, las declaraciones armenias y sobre todo la realización de un referéndum para validar una nueva constitución en ese territorio ocupado, lógicamente, no tiene valor legal alguno y conduce a un estancamiento de posibles salidas al conflicto que enfrenta a ambas naciones. Para las autoridades de Azerbaiyán, la celebración de la consulta ha sido una muestra más de que Armenia no está interesada en el arreglo político del conflicto.

El estallido de una renovada violencia por parte de fuerzas militares armenias que han dejado numerosos muertos tanto militares como civiles en territorio azerí, ponen de manifiesto una vez más la intención de la potencia ocupante de resolver por la fuerza y con hechos consumados su política anexionista en Nagorno Karabaj. La única solución plausible pasa por la indiscutible y definitiva devolución de los territorios ocupados de Nagorno Karabaj a la soberanía azerí.

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