En pocos días el oficialismo se descompuso, la unidad de la coalición esta dañada.  Pasa lo mismo al interior de los partidos, especialmente en la UDI.  La Moneda aislada. En la semana se agudizará este proceso.  Gobierno de minoría, ¿cuál será el horizonte de aquí a la emergencia de uno nuevo?  La derrota política de Piñera no implica la emergencia de una alternativa.  Al menos hoy.

Mientras la economía cruje, y la pandemia empieza a declinar, la estabilidad puede entrar a Emergencia.  Se inicia un periodo de transición, que a todos conviene sea lo mas estable posible, el país necesita salir de la pandemia, reactivar la economía, e iniciar el proceso constituyente, único mecanismo capaz de recomponer un sistema consensuado de convivencia y capaz de dirimir las diferencias.  

¿Será capaz el futuro electoral de canalizar las aspiraciones de los distintos sectores en que se ha dispersado la elite política? Hace rato se acabó un sistema basado en dos grandes coaliciones. El nuevo sistema de partidos aun no se consolida.  También mutó la cultura política, de las propuestas programáticas al pragmatismo, al clientelismo y a menudo, al predominio de las agendas personales.  Entre medio, creció la desconfianza de la ciudadanía respecto a todos los que ocupan posiciones de poder.

Sensación térmica

Se perciben momentos de cambio,  empezando por la pérdida de poder del Gobierno. También respecto al sistema de pensiones.  Punto emblemático de la disconformidad ciudadana.  Se aproxima un periodo eleccionario profuso.  Momento en que probablemente asistiremos a todo tipo de alianzas.  Emergerá un archipiélago de fórmulas.  Entre medio, el debate constitucional.

Entre el 18/O y la pandemia, la sociedad post Pinochet entró en crisis.  La Moneda no advirtió nunca la dimensión de la nueva situación y hoy lo paga.  Es probable que los partidos tradicionales también paguen elevados costos. 

No todo es político-electoral.  En regiones se viven procesos que el centralismo opaca. Lo mas álgido es La Araucanía, la huelga de hambre entra en fase crítica.  En las urbes, el delito se dispara pese a que las estadísticas oficiales no lo registran. La sociedad pareciera demandar cambio y estabilidad al mismo tiempo.  Quien lo encarne, puede aspirar a la hegemonía política y cultural. 

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