Decenas de miles de personas participaron este domingo en Minsk, capital de Bielorrusia, en una “Marcha por la libertad” en contra de Aleksandr Lukashenko, que se ha convertido en la mayor protesta desde las contestadas elecciones de hace una semana y ha ensombrecido la convocatoria en apoyo al líder del país, horas antes, también en la misma ciudad. Las protestas contra el régimen que se suceden desde el pasado domingo en decenas de localidades del país suponen el mayor desafío a Lukashenko —al que se suele definir en Occidente como “el último dictador de Europa”— en sus 26 años en el poder.

“¡Márchate!”, gritaban los manifestantes en referencia a Lukashenko mientras avanzaban por la avenida de la Independencia, en el centro en Minsk, en el cenit de una semana de protestas sin precedentes que ha dejado dos muertos, cientos de heridos y más de 6.700 detenidos. El dirigente autoritario se aferra al poder, que ha mantenido desde julio de 1994, tras unos comicios con serias denuncias de fraude en los que salía abrumadoramente reelegido. Ha insinuado que puede movilizar al Ejército para aplacar las protestas contra la manipulación en los comicios y la brutalidad policial sobre los manifestantes.

Este domingo, en Minsk, muchos manifestantes hacían el signo de la victoria y sostenían flores y globos. Otros vestían de blanco, el color que simboliza el movimiento opositor. También había un grupo de veteranos paracaidistas en uniforme.

“Estamos en contra de la violencia” o “Lukashenko debe responder por la tortura y los muertos” eran algunas de las pancartas que llevaban los manifestantes, en alusión a la represión de las protestas. Los participantes en la marcha caminaban por las calles de la ciudad bajo una bandera de 100 metros, roja y blanca, que se utiliza para representar la oposición al régimen. “Viva Bielorrusia”, coreaban, mientras los conductores hacían sonar las bocinas de sus automóviles en señal de apoyo.

Además, cientos de personas se han reunido en la ciudad bielorrusa de Gomel para homenajear a un joven que murió en las protestas contra Lukashenko. En una vigilia organizada por su familia, una multitud ha depositado flores y velas. El joven, de 25 años, fue detenido durante las manifestaciones y falleció posteriormente tras ser trasladado a un hospital, según la agencia de noticias Belta.

Pocas horas antes de la “Marcha por la libertad”, en un discurso a miles de sus seguidores en Minsk, el líder de Bielorrusia, de 65 años, ha rechazado repetir las elecciones presidenciales, como reclama la oposición tras unos comicios con serias denuncias de fraude, y ha acusado a la OTAN de concentrar numerosas fuerzas en la frontera occidental el país. “Queridos amigos, los he llamado aquí no para que me defiendan, sino porque, por primera vez en un cuarto de siglo, ustedes pueden defender la independencia de su país”, manifestó en medio de ovaciones en la plaza de la Independencia. “Hemos construido un bello país, con sus dificultades y desperfectos. ¿A quién queréis entregarlo? Si alguien quiere entregar el país, ni muerto lo permitiré”, ha dicho desde la tribuna instalada en la plaza.

Lukashenko ha subrayado que “hay carros de combate y aviones desplegados a 15 minutos de las fronteras” del país y ha insistido en que las tropas de la OTAN se encuentran “a las puertas”. En su primer mitin desde que comenzaron las protestas, Lukashenko ha afirmado que “se están incrementando las capacidades bélicas” en la frontera occidental del país y ha denunciado los intentos de convertir Bielorrusia en “un estercolero para Europa, una barrera sanitaria” con Rusia. Entre los miles de concentrados, algunos portaban la bandera nacional o entonaban cánticos como “Por Bielorrusia” o “Por batka” (padre, en bielorruso). Mientras, sonaba música patriótica por los altavoces.

Poco después, la Alianza Atlántica ha negado las alegaciones de Lukashenko. “La presencia multinacional de la OTAN en la parte oriental de la Alianza no es una amenaza para ningún país. Es estrictamente defensiva, proporcional y está dirigida a impedir el conflicto y preservar la paz”, indicó su portavoz Oana Lungescu en un comunicado.

En la jornada de ayer, el acosado Lukashenko esgrimió la amenaza de una intervención militar rusa para intentar disuadir a los manifestantes.

Según los medios de la oposición, los trabajadores estaban llamados a acudir a la manifestación pro Lukashenko bajo la amenaza de perder sus empleos y fueron fletados en autobuses desde fuera de la ciudad. El viernes, cientos de trabajadores de las fábricas estatales hicieron huelga en protesta por la reelección de Lukashenko, una primera señal de que el presidente empieza a perder la base de su apoyo tradicional.

La Comisión Central Electoral dio el pasado lunes una aplastante victoria con el 80% de los votos a Lukashenko. Su principal rival, Svetlana Tijanóvskaya, la mujer que ha unificado a la oposición y movilizado a una buena parte de la sociedad bielorrusa, obtuvo un 10%, según los datos oficiales. Tijanóvskaya, que ha denunciado el fraude y la manipulación en las elecciones presidenciales que otorgan al líder autoritario su sexto mandato, se refugió el martes en Lituania.

En una conversación telefónica en la mañana de este domingo, el presidente ruso, Vladímir Putin, aseguró a Lukashenko que Moscú está preparada para ayudar a Bielorrusia en el marco del acuerdo militar que tienen, informó el Kremlin en un comunicado en el que afirma que Bielorrusia está recibiendo presión externa, sin precisar de quiénes.

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