Desde que Joaquín Lavín se declarara “socialdemócrata” se desató una avalancha de críticas al edil precandidato mejor posicionado para competir por La Moneda y de paso logró su objetivo estar diariamente en todas as portadas de la prensa. Sin duda el fenómeno del ex secretario general del a UDI se traduce en “Su Majestad el Rey del Camaleonismo-Aliancista-Pinochetista-Bacheletista-Piñerista y ahora… Socialdemócrata“, en este escenario su principal detractora es la alcaldesa de Providencia Evelyn Matthei, cuya estrategia pareciera evitar la fuga de votos de la derecha hacia el sector más duro de Chile Vamos.

Pero este viernes la ex ministra de la Mujer y la mejor evacuada del gabinete de Piera- Isabel Plá sale en su su defensa a través de una carta publicada en el ahora escuálido Mercurio (escuálido o famélico por las pocas cuartillas del diario papel) en la que asegura: “Lavín reconoce que las etiquetas de derecha e izquierda son insuficientes”.

La siguiente es la carta de Plá:

“Joaquín Lavín no se ha “convertido” ni ha alterado sus convicciones: formó su vocación pública desde la derecha y sus valores prioritarios siguen siendo la libertad, la dignidad de la persona humana, el mérito como forjador del progreso, entre otros. Lo que, me parece, ha planteado recientemente es un proyecto para Chile en el que admite, con honestidad, la experiencia política que cruza al país en los últimos años: un malestar social que se profundiza, pese al progreso objetivo, y una creciente tensión desde la izquierda y la derecha para apropiarse de una respuesta única para superarlo.

Chile parece estancado entre el intento de imponer políticas cruzadas por la ideología anticapitalista, que desprecia el salto que dio el país en las últimas décadas, y la resistencia de un sector más dogmático de la derecha, que no admite alteraciones a un esquema de desarrollo que necesita cambios aquí y ahora.

Lo que plantea Joaquín Lavín no son las bases para la fundación de un partido político o un centro de estudios (siempre bienvenidos en una democracia), sino los ejes de desarrollo para un Chile que aspira a resolver sus antiguos problemas (educación, pensiones, salud, acceso a la justicia, seguridades para la clase media, etcétera) y los nuevos problemas, propios de una sociedad globalizada y más exigente (democracia en tiempos de crisis, integración de la ciudad, equidad de género, empleos en la economía digital, entre muchos otros). Y frente a ese desafío que no podemos postergar, Lavín reconoce que las etiquetas de derecha e izquierda son insuficientes.

No confundamos las misiones: la de enriquecer el ideario de la centroderecha por una sociedad libre, y la de impulsar un proyecto de país para tiempos nuevos, de profundos cambios sociales y desafíos acuciantes. Joaquín Lavín muestra hoy su liderazgo y la madurez de su experiencia: honestidad para reconocer un problema y la visión para identificar las claves del Chile del futuro, remata la ex ministra.

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