Si lo tuyo son las camisas a cuadros, los jeans desgastados o los builders pants, camisetas con más de una semana de uso, botas todoterreno, la barba tupida y medio a lo bestia, el pelo en el pecho y un cuerpo que no parezca de gimnasio, sino en las montañas y cortando leña, eres uno y ni te habías enterado. 

¿Qué es lumbersexual?

Esta etiqueta, que no es para nada nueva, ha seguido a los metrosexuales y los ubersexuales. Desde el momento en que a más de un actor le pareció mucho más cómodo no afeitarse, se libró de la irritante depilación y empezó a vestirse con una mezcla de íconos del siglo XX, como John Wayne y James Dean, se echó a rodar la voz y los intelectuales crearon el “concepto” que mezcla “lumberjack”, leñador en inglés, claro, y el sexo, que nunca falta para vender de todo. En Latinoamérica sería algo como “leñosexuales”, pero la verdad es que sonaría como una palabrita censurable y no apta para mojigatos. 

Claro, esto no es cosa del 2020. Los leñadores de la moda comenzaron a aparecer como tal allá por 2015, cuando rompió récords de audiencia la serie televisiva de A&E, Duck Dynasty, sobre la familia Robertson, que se hizo millonaria con los silbatos para patos, en Louisiana, Estados Unidos. Hugh Jackman con cara de lobo, un Piqué barbudo y el reconocimiento por una parte del sector femenino de su gusto por la imagen del tipo rudo, terminaron por bendecir la etiqueta para las generaciones de esta primera veintena del milenio que corre. Si amas tu barba y sabes cuidarla, quizá seas uno de ellos.

Lo fundamental de los “leñofílicos” es que se caracterizan por sentir orgullo de su desaliño y lo identifican como un signo de masculinidad a toda prueba. Para ellos, esa imagen es un concentrado de testosterona y machorreo, que los eleva a la categoría de “alfas” entre las féminas… Curiosamente, si revisamos el mundo de los “Osos” dentro de la comunidad de los hombres homosexuales, su estética ha sido exactamente igual a la de los lumbersexuales desde la década de los años 1970, sin que por eso hayan creado un partido ni elevado estandartes de machismo.

En un sentido muy positivo, la realidad es que el lumbersexual se reedita y asume el concepto en un momento histórico de abrazo a una diversidad de estéticas y masculinidades que, si bien siempre existieron, nunca se hicieron tan públicas como ahora. Hoy en día, ser metro, uber o lumber, no implica que el resto de la gente se ponga a discernir sobre preferencias sexuales ni valores inherentes a la personalidad de cada quien. Y todo esto tiene que ver hasta con la dieta. Los lumbers no se andan con muchas limitaciones, sino que comen lo que les gusta entre amigos y familia y son adictos a la comida casera y no todo es rudeza.

Es cierto que el lumbersexual es la reaparición de un estereotipo de masculinidad que aparentó perderse durante un tiempo, pero lo nuevo es que no es restrictiva ni discriminatoria para el resto. Por otro lado, hay una conexión entre el lumbersexual y la tendencia a mostrar un look más natural, que trata de decir “más que una imagen muy manicurada, lo mío es disfrutar experiencias, irme a la naturaleza y vivir al máximo aun en el entorno urbano”. No podemos estar más de acuerdo con eso que proclaman. 

Fuente: GQ

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