Chile está de cumpleaños, como toda familia nos aprestamos a celebrarlo. En medio de la más masiva pandemia conocida, que además demolió la economía nacional. Miles de fallecidos y centenares de miles de desempleados, innumerables empresas quebradas. ¿Se pudo manejar mejor esta crisis? Con el desconfinamiento también asoma la necesaria “critica de la maniobra”. Además de juicios políticos, está en marcha una demanda judicial. Es probable que se sumen otras.

La crisis metió al closet el estallido social del 18/0. Su resurgimiento es uno de los fantasmas que ronda a la Moneda. Uno de sus capítulos mas complejos se refiere a las victimas. Un reciente dictamen de Contraloría reavivó el caso. Es obvio que en la crisis de Carabineros influye el masivo descabezamiento de su Alto Mando operado a inicios del actual gobierno. La molestia en la policía uniformada es manifiesta.

El Gobierno acaba de prorrogar el estado de emergencia. Es difícil argumentar porqué el toque de queda, la restricción de libertades individuales y de derechos constitucionales, después de mas de 6 meses, siguen siendo indispensables para combatir la pandemia. A ello se suma el desgaste del personal militar que lleva meses movilizados, muchos lejos de sus hogares. ¿Se teme un desborde social? Si así fuese no queda claro porque se invocan razones sanitarias para la prórroga.

Sensación térmica: 18 enrarecido

18 enrarecido. Asoman días mas largos y soleados. ¿predominará el optimismo de los sobrevivientes? ¿o la desesperanza del desempleado? En este contexto se acerca inexorable el plebiscito. Resta poco mas de un mes. Después de las fiestas la propaganda arreciará.

El resultado del plebiscito desencadenará un virtual cronograma institucional que nos llevará a redefinir nuestra Carta fundamental: plebiscito, elección de constituyentes, instalación y elaboración, plebiscito ratificador. Secuencia lógica que culminará con la explicitación del Pacto Social que Chile determinará para el siglo 21. Desde esta perspectiva, puede ser la ruta de salida a la crisis política y social. Puede relegitimar al sistema político y explicitar los nuevos consensos.

Si la discusión de las bases institucionales y de consenso impregnan la próxima campaña electoral, sería un circulo virtuoso. Los chilenos acudiremos a las urnas a elegir entre propuestas de país. Si por el contrario predominan los egos, los afanes sectoriales, la cultura de “lote”, los miedos y los prejuicios atávicos, nos espera caminar por el Callejón de la Amargura.

¿Quién detenta la hegemonía en Chile? ¿Quién manda el buque?

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