La economía venezolana, que ya acumulaba una contracción de 61% en su nivel de actividad entre 2014 y 2019, podría terminar en 2020 registrando una caída adicional en el PIB de 30% en un solo año, y sin esperanzas de recuperación para 2021 de no cambiar radicalmente la situación política y el régimen de políticas económicas, de acuerdo con el Informe de Coyuntura Venezuela, elaborado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

El estudio espera que el impacto neto de las medidas para controlar el contagio de la covid-19 en el país sea negativo, no solo por la paralización de actividades productivas y comerciales en sectores declarados no prioritarios, sino también por la “probable ineficacia de la flexibilización y de las medidas de estímulo fiscal implementadas desde marzo de 2020”.

Por otro lado, el IIES de la UCAB sostiene que el impacto de las medidas adoptadas en el resto del mundo para controlar el contagio de la covid-19 se ha traducido, inevitablemente, en una contracción global de la oferta y demanda de bienes, lo que, “para Venezuela, ha significado una reducción adicional del volumen y valor de sus exportaciones petroleras, las cuales ya venían siendo afectadas por la insuficiencia de inversión y las sanciones de EEUU; estas últimas en vigencia desde mediados de 2017”.

Esos resultados se reflejan, lamentablemente, en una mayor pérdida de ingresos para los venezolanos.

Desempleo sigue al alza

El sector bancario, uno de los más afectados, registró 45.738 ocupados al cierre del primer semestre de 2020, 3.428 puestos de trabajo menos con respecto al número de los registrados en diciembre de 2019, señala el instituto. Por su parte, el sector público ha reducido su nómina de cerca de tres millones de empleados (20%) en los últimos tres años, lo que refleja el impacto de la emigración y el incremento de la informalidad en el mercado de trabajo.

En concordancia con estos datos, la Encovi-2019 reporta que los empleados y obreros del sector público han reducido su participación en el empleo total de 36% en 2014 a 24% en 2019.

Los resultados de la misma encuesta indican que el impacto sobre los ingresos de los hogares es muy significativo. Un 43% de los hogares del país manifiesta la imposibilidad de conseguir trabajos e ingresos laborales para sus miembros, siendo los trabajadores por cuenta propia los más afectados. Las remesas, que comenzaron a operar como un amortiguador para muchos hogares, se redujeron súbitamente con la pandemia. Además, el 70% de los hogares declararon que el precio de los alimentos es el principal factor de impacto sobre sus gastos, lo que ha impactado negativamente sobre el consumo de productos básicos; y el que se habría reducido en un 83% entre 2014 y 2018 según cifras oficiales del BCV.

Por otra parte, Conindustria, Fedecámaras y Consecomercio han manifestado que el 80% de las empresas están paradas por la pandemia y el 20% restante, que opera por ser de sectores prioritarios, lo hacen bajo el esquema 7+7 (siete días de paro los siete siguientes con actividad parcial) y al 18% de su capacidad instalada. De seguir así un año más, aproximadamente 1.000 empresas que están al borde del cierre definitivo no podrían continuar operando. Esto significaría la pérdida adicional de tres millones de puestos de trabajo.

El informe de la UCAB recuerda que entre 2014 y 2019, el sector que más contribuyó a la reducción sistemática del PIB es manufactura. “Comercio y construcción, que tuvieron su mayor contribución a la reducción del PIB total en 2016, han bajado su participación, aunque manteniéndola en niveles relativamente importantes. En contraste, petróleo y los productores de servicios del gobierno general han ido aumentando su peso en la reducción de la actividad productiva nacional y, con ello, a la del PIB del sector público”.

Industria petrolera por los suelos

El informe recalca que “al deterioro ya secular en su capacidad de producción petrolera, consecuencia de la falta de inversión y de una muy deficiente política y régimen fiscal petrolero, hay que sumarle los efectos de las sanciones internacionales desde 2017 y el impacto de la pandemia a partir de marzo de 2020. La prolongada crisis interna del petróleo, como se pondrá también de manifiesto en otras secciones de este informe, ha provocado transformaciones muy profundas en la estructura económica del país que, por los cambios en el escenario internacional y el nivel de deterioro del aparato productivo interno y del capital humano e institucional en el sector, serán en extremo difíciles de revertir en el mediano y largo plazo”.

El instituto sostiene que el desplome progresivo en los ingresos petroleros ha sido de tal magnitud que hoy Pdvsa prácticamente no aporta ningún recurso fiscal al Estado Venezolano.

“Esta merma en los ingresos se ha producido no sólo por el deterioro en los precios internacionales del petróleo sino, sobre todo, por la drástica reducción en la capacidad de producción y exportación de hidrocarburos y sus derivados. El volumen producido y exportado se estima llegará a un nivel de producción promedio en 2020 que representará solo el 16% de lo que fue la producción en 2016, al comenzar el desplome de los precios, y 13% si se le compara con el pico alcanzado en 2018”, añade el estudio.

La severidad de la crisis provocada por la pandemia, sumada a la de los efectos de las sanciones impuestas al régimen por un importante grupo de países democráticos, hizo que la producción incluso cayese por debajo del volumen exportado; y que se produjese una acumulación de inventarios durante el primer y segundo trimestre del año, como consecuencia de las dificultades para colocar el crudo venezolano, refiere el instituto.

“El choque generado por la expansión de la pandemia, a partir de marzo de 2020, provocó un nuevo desplome del valor de la cesta venezolana, estimándose una reducción de 56% en su valor promedio. Como consecuencia de estos acontecimientos, se espera que el monto de los ingresos generados por las exportaciones totales de bienes y servicios para este año sea de aproximadamente $ 7.400 mm, lo que representa aproximadamente 10% del monto registrado en 2014 y 63% menos de lo que ingresó en 2019, que ya fue bastante insuficiente”.

Además de esta merma en los ingresos externos, hay que destacar los cambios que se están produciendo en la estructura de las exportaciones de Venezuela. El petróleo, que tradicionalmente generaba más del 90% de los ingresos por exportaciones, hoy representa 77% en un escenario optimista; y con una tendencia a reducir aún más su participación en 2021, la cual podría ser inferior al 70%, según estimaciones del instituto.

Otros rubros están incrementando su importancia como generadores de ingresos externos, entre los cuales destacan las exportaciones de oro y de otros minerales no convencionales; además, hay evidencias de que se están incrementando las exportaciones del sector privado, especialmente de los sectores agropecuario y agroindustrial, aunque las magnitudes siguen siendo relativamente pequeñas, según el IIES.

Calcula que las exportaciones no tradicionales podrían generar este año alrededor de $ 1.700 mm; monto que, si bien no compensa la importante merma en los ingresos petroleros y los asociados a las otras exportaciones del sector público (hierro, acero, aluminio), significa un aporte no despreciable, dada la lamentable situación del sector externo y el reducido tamaño de la economía venezolana.

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