Este lunes, Amaro Gómez-Pablos, el periodista chileno con eterno acento pseudo español, salió en defensa del cuestionado sketch “humoristico” en que han participado políticos y el principal precandidato presidencial de la UDI, el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, analizado y criticado -con razón- por Carlos Peña que resumió estas escenas en “La participación de políticos en los matinales haciendo de bufones y los periodistas haciendo de comparsa (el sketch de este viernes fue uno más de varios) lesiona a la política y al periodismo, dos actividades esenciales de la vida democrática” y este martes Peña respondió de manera contundente:

“No vaya a ocurrir que ahora algunos se transformen en comparsas o consuetas de políticos en campaña disfrazados de personajes de matinal”.

El siguiente es el texto completo e la carta en que no menciona al periodista Amaro Gómez-Pablos y dándole una estocada a su ego los trata de “lector”:

“Un lector sugiere (dando ejemplos) que el humor es habitual en la política. Lo dice a propósito de mi columna “El circo en llamas”. Desgraciadamente el asunto de la columna no era el humor en la política, sino otro tema de mayor importancia que se viene observando ya algunos meses (y del que el sketch no es más que el enésimo síntoma).

La columna quería llamar la atención acerca de la promiscuidad que se observa entre quienes están llamados a efectuar el escrutinio de la vida pública (los periodistas) y aquellos que deben ser objeto de su indagación y de su duda (los políticos profesionales). Creo que borrar esa línea de manera sistemática hasta transformarla en el sello de un programa televisivo (como a pretexto de la crisis social ha venido ocurriendo desde octubre) acaba dañando al oficio periodístico y lesiona la competencia política.

Durante la dictadura, muchos periodistas hicieron el triste papel de altavoz de las declaraciones vertidas en conferencias de prensa. No vaya a ocurrir que ahora algunos se transformen en comparsas o consuetas de políticos en campaña disfrazados de personajes de matinal. Los primeros al menos tenían la excusa del miedo”, sentencia Carlos Peña.

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