Más dudas que certezas dejan las recientes declaraciones de la Presidenta de la UE, Von der Leyen, realizadas el pasado día 10, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud respecto a la necesidad, creí entender, de producir, desarrollar, almacenar, etc. vacunas destinadas a reforzar tratamientos contra el coronavirus en un marco de colaboración mundial con “grandes laboratorios” ante futuros desabastecimientos, empeoramientos u otras necesidades, sobre lo que aún no se sabe realmente contra que luchamos y sus resultados finales.

Probablemente, tal situación podría parecerse más a una situación de ciencia ficción venidera que pudiera aumentar el número de muertes y contagios.

Algunos de Vds conocen mi agnosticismo político, y siempre he pensado en dicha profesión, nunca se dan puntadas sin hilo…

Por ello, y continuando moviéndonos entre supuestos, pregunto ¿deseaba transmitir la presidenta a la audiencia, que debemos olvidarnos de una vacuna disponible y sobre todo, efectiva y fiable hasta principios de 2022?

O quizás, continuo con los supuestos, se trata, como se dice en términos periodísticos: un aviso a navegantes, respecto a que lo actual podría repetirse en un futuro mediante otros desconocidos “Caballos de Troya”.

He leído en el Washington Post, recientemente, que la confianza del público en una vacuna netamente estadounidense se desploma, junto a tanta politización, y eso, en un país de su potencial, es, al menos, desmoralizante.

Las desafortunadas intervenciones de Trump, reprendiendo públicamente con críticas a Robert Redfield, (director de centros para control y prevención de enfermedades), se parecen mucho a lo que ocurre en una jaula de grillos, en el sentido de disputas internas, y, sobre todo, cuando éste aventuró que la mayoría de los estadounidenses no tendrían acceso a las vacunas, al menos, hasta mediados del 2021.

Al respecto, el director del Johns Hopkins Center, manifestaba: si quieres que la gente confíe en un programa nacional de vacunas, no critiques a sus responsables.

Hace poco tiempo, el mismo Redfield declaró que la Administración Trump necesitaría alrededor de 6.000 millones de dólares usa, para distribuir la vacuna en todo el país.

Las influencias políticas y de grandes laboratorios, frente a las investigaciones científicas no suelen dar generalmente buenos resultados, sobre todo, cuando la Ciencia desconoce realmente a lo que se enfrenta. Tendríamos un ejemplo en lo ocurrido en Astra Zeneca-Universidad de Oxford.

A pesar de todo, una encuesta reciente del Pew Research Center, estimaba una aprobación del 80% de los encuestados, respecto al proceso de aceleración de la vacuna estadounidense. pero sólo una mitad de la misma planeaba en estos momentos vacunarse llegado el momento.

Por otro lado, y dentro del mundo pandémico, todavía se encuentra el poderoso EEUU sumergido en el mundo de las falsificaciones.

El afamado modelo de mascarilla, N-95, con filtro, persiste su escasez a pesar de haber transcurrido 6 meses desde el inicio, cuyo precio era de 1 U.S $. En Europa, no baja de los 15 euros, eso sí, veamos quién sería capaz de distinguir las auténticas de las falsificadas.

España no pasa desapercibida para el Washington Post, junto a Francia y Reino Unido, inclusive Atenas, la cual podría ser parcialmente puesta en cuarentena del resto de Grecia.

Finalmente, no estaría de más sopesar y aplicar a fondo esas baterías de restricciones conocidas y otras por desarrollar que acordonarían Madrid, antes de que el Coronavirus la acabe “calcinando”. 

El pasado marzo, New York atravesaba un pico muy parecido al actual de la capital de España y el bloqueo de la ciudad neoyorkina como punto de inflexión junto al uso masivo de mascarillas fue efectivo para reducir la propagación del virus en un 70%.

Sobre el autor:
Jesús Antonio Rodríguez Morilla, Doctor en Derecho (Cum Laude) www.modificadosobraspublicas.com

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