Los cambios de paradigmas, han sido generalmente el resultado de hechos o de acontecimientos inesperados, que ocurren en un proceso de maduración de circunstancias. Como el factor temperatura que transforma el agua en vapor o en hielo. Cuando Kuhn postula que los progresos científicos pasan por cambios paradigmáticos, su tesis es demostrar la discontinuidad y los cambios no lineales en el progreso científico.

Sin embargo, esto que nos parece muy claro en la ciencia, no lo es tanto en nuestra propia cosmovisión, en donde con mayor frecuencia se tropieza con la misma piedra. Siguen presentes las quimeras del pasado.

Este Covid-19, es paradójicamente un “inesperado aliado” contra el antropogenicamente inducido CO2.  Ese dióxido de carbono, que, junto a otras emisiones de gases, provocan el calentamiento global, las sequías, el aumento del agua, el cambio en los cultivos, los refugiados ecológicos y la altísima tasa de mortalidad por enfermedades respiratorias, está en retirada desde el inicio de la cuarentena. Dato duro en las estadísticas.

También hemos aprendido que las infaustas condenas al Estado de Bienestar, hoy son disimuladas día a día, cuando la salud publica está colapsada. No menor ha sido comprobar, por el virus, la vergüenza de injusticias obscenas, del trabajo precario, de habitaciones insalubres y de su impacto humano, social y ético. Es el momento de recurrir a los ahorros y de invertir en infraestructura, que cree empleos y que de calidad de vida.

En nuestra vida ciudadana, ojalá asimilemos concluyentemente que el automóvil es un medio de transporte y no el epicentro de la vida en la ciudad. Que se multipliquen las ciclovías, aún mas las vías peatonales, que hoy ayudan al distanciamiento social, que el transporte publico pase a ser una necesidad esencial, para transportarse y para descontaminar. Igualmente, hemos experimentado que las nuevas exigencias laborales deberán requerir flexibilidad y no rigidez, que la productividad se mide por la eficiencia y que las nuevas tecnologías son un aporte al cual debemos adaptarnos. El teletrabajo, ya está haciendo reflexionar a las empresas e instituciones sobre la ecuación presencia-productividad y calidad de vida. Los horarios deberán ser mas flexibles para evitar aglomeraciones en los lugares públicos y calles y también para reducir el numero de personas que laboran simultáneamente. Las ciudades y la planificación urbana deberán ser repensadas, para ampliar las veredas, multiplicar los espacios públicos y los lugares de recreación.

Frente a esta crisis pandémica hay muchas opciones para hacer mejor las cosas y para tener la valentía y la voluntad de un mundo mejor para todos los ciudadanos, en donde el leitmotiv sea la calidad de vida de los habitantes, con respeto al prójimo, a los espacios públicos, a la naturaleza, con una equidad ética y moral que nos hará ser partes de un mundo mejor, esperando que esta gravísima pandemia nos ayude a poner los péndulos a la hora de los tiempos.

Sobre el autor:

Jaime LLambías Wolff, Ph.D., Profesor Emérito, Universidad York.

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