Actualmente son pocas las naciones que pueden ignorar los críticos desafíos que significa garantizar servicios médicos y de salud; un acceso efectivo y equitativo de la población a la infraestructura hospitalaria o de centros médicos; el uso, monitoreo y control de la tecnología médica o la necesidad de implementar enfoques multidisciplinarios e intersectoriales en las políticas de salud. Las crisis fiscales, las transiciones demográficas y epidemiológicas, las amenazas pandémicas, la inequidad, la inflación técnico-médica y una creciente demanda de calidad y cantidad de servicios de salud por parte de la sociedad civil, son particularmente delicadas para el futuro de los sistemas de salud.

Las sociedades deben hacer frente a una serie de dificultades tales como: la insuficiente cobertura de los servicios; la escasez de profesionales de excelencia; los largos tiempos de espera para las poblaciones de menores ingresos; los limitados presupuestos públicos en salud; las desigualdades socioeconómicas; la falta de regulaciones para las compañías privadas de seguros de salud; las infecciones intrahospitalarias; el impacto de los errores en procedimientos médicos, mediáticamente silenciados; las dificultades para acceder a la atención de un especialista en zonas geográficas aisladas; la falta de “médicos de familia” o médicos generalistas, la híper-especialización y la pérdida de humanismo en la relación médico-paciente, la falta de información, la dependencia farmacológica, las enormes listas de espera de cirugía programada, etcétera. 

Esta crisis mundial, que afecta tanto al sector privado como a los sistemas de salud públicos ha sido profusamente documentada por alrededor de tres décadas. Debido a las evidentes limitaciones de un paradigma centrado en el aspecto curativo, ni la aparición de un sofisticado sector médico privado, ni la sola recuperación de un limitado sistema público de salud pueden responder con eficacia a estos urgentes desafíos, ya que ambos se mueven al interior del mismo paradigma biomédico dominante.

Los nuevos enfoques de las políticas públicas en salud tienen la intención de introducir reformas para hacer frente a esta crisis continua y creciente, pero el impacto positivo que han conseguido ha sido muy limitado ya que todavía se centran en la gestión financiera o en variables organizacionales que apuntan exclusivamente a la eficacia, la eficiencia, la productividad o la reducción de costos y gastos, sin cuestionarse las razones o las causas que han llevado al encarecimiento de los servicios médicos y de salud. Es cierto que la voluntad racionalizadora puede ser necesaria y que el encarecimiento se debe, entre otras causas al uso de tecnologías cada vez mas sofisticadas, pero este diagnóstico no hace sino testimoniar una realidad que no asocia estos factores causales al porqué de ellos, menos a cómo neutralizarlos desde otra perspectiva o visión.

La manera en que se gestiona la atención en salud plantea así un debate acerca de dos dilemas recurrentes: el primero es de orden político-económico, relacionado con la gestión y el financiamiento de la organización de los servicios curativos y sanitarios; el segundo es de naturaleza epistemológica y conceptual, que implica los principios básicos que orientan las políticas de salud. Ambos debates se interrelacionan y enfrentan a las transiciones epidemiológicas y demográficas, la crisis fiscal del Estado y una economía globalizada que en algunos países inserta los servicios de salud curativos en el modelo de mercado.

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