La reorganización de los sistemas de servicios de salud necesita de un análisis que supere dogmas conceptuales y organizacionales. Veamos algunos ejemplos:  Rusia, ha pasado de un sistema socialista a uno de medicina de mercado, intentando mejorar la eficiencia y la calidad de sus servicios. Estas reformas al otrora centralizado sistema de salud de la era soviética han permitido reducir el financiamiento público, pero no han cambiado un sistema hospitalario y deficiente, aumentando la brecha de desigualdad del acceso a los servicios. En Canadá, varias reformas han buscado principalmente la reducción de gastos, el mejoramiento de la eficiencia, la integración de los servicios y la transferencia de costos, la instalación de un enfoque descentralizado, el cambio en la agenda de prioridades, la reestructuración del sistema hospitalario y la racionalización en la toma de decisiones. Sin embargo, pese a la envergadura de los desafíos, la mayoría de los informes llegaron a la conclusión de que los determinantes sociales como el ingreso, la estabilidad laboral, el acceso a la vivienda y educación, entre otros, son esenciales para lograr soluciones a largo plazo. En los Estados Unidos su modelo es simultáneamente el más costoso y tecnológicamente avanzado del mundo, y de lejos el mas deficiente y con los peores resultados comparado a todos los países europeos de la OCDE. El complejo médico-industrial y de servicios, junto a la industria farmacéutica, controlan el sistema y presionan para evitar cambios que pudieran alterar un modelo que hace de la atención médica un muy rentable negocio.

En Chile, considerado pionero en términos de política social hasta el año 1973, donde se desarrolló un sistema universal de bienestar, la mayoría de la población de aquel entonces estaba cubierta por el sistema público, a través del SNS. Una parte menor a través del SERMENA y el 5% restante en las instituciones de salud de las Fuerzas Armadas. Solo un 10% de la población debía cancelar los derechos de atención en salud curativa. Después del golpe militar de 1973, la situación cambió drásticamente, dada la imposición de un enfoque liberal de mercado en el sistema de atención médica, acelerando la privatización y enfoque mercantil en salud, transformando a los pacientes en consumidores de medicina, productos farmacéuticos y tratamientos médicos, con una limitada capacidad de pago y una alta tasa de endeudamiento.

En Cuba, se priorizó un modelo completamente socializado y de alta calidad que, si bien es muy costoso para las arcas publicas, parte de la premisa que la atención medica y hospitalaria es un derecho, con sus beneficios y los conocidos inconvenientes dados los limitados recursos. Las naciones industrializadas como Japón, Francia, Alemania, Reino Unido, Suiza, Taiwán, Suecia o Noruega, poseen diferentes sistemas de salud y han sabido responder adecuadamente a las necesidades de su población y han implementado modelos mixtos, con mayor o menor presencia del sector privado, alterando definitivamente la ecuación salud-mercado.

Ya sea con sistemas de carácter socializado, como Canadá y los países nórdicos, o en los sistemas con mayor énfasis en la atención a través de seguros privados, como en parte de Europa occidental y de algunos países asiáticos, estos modelos han logrado un mejor equilibrio de acceso y de gestión, para responder adecuadamente a uno de los principios de la Organización Mundial de la Salud: los gobiernos tienen la responsabilidad de velar por el estado de salud de sus pueblos, objetivo que solo puede ser logrado mediante la correcta adopción de medidas sociales sanitarias.

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