El paradigma actual en salud no puede permanecer inmutable frente a los cambios y debe adaptarse urgentemente a la nueva realidad mundial. La liberalización de la economía de mercado ha conducido a una fuerte privatización y a una profunda concepción mercantil de los servicios de salud. Las bases políticas, económicas e ideológicas de la privatización son la retirada parcial del Estado, la formación de un mercado para el sector privado y el crecimiento de una estructura que reproduce su autonomía y la rentabilidad del complejo medico-industrial que incluyen los servicios, la tecnología y por cierto la industria farmacéutica.

Ciertos enfoques, buscando alternativas, personalizan las soluciones planteando “victimizar a los pacientes”, y limitando el problema a acciones individuales, tales como optar por modos de vida mas saludables. La irresponsabilidad y la falta de conciencia para prevenir es parte del problema, pero no parte de la solución. Hay que optar por políticas publicas y de salud que estimulen los cambios en la calidad de vida, como impuestos a la comida chatarra, reducción en azúcares y sales, como se hace en muchos países, incluidos Chile, incrementos en el ejercicio físico en la población, minimizar el uso del automóvil, construcción masiva de ciclovías, extender los espacios públicos verdes, reducir la contaminación, descongestionar las ciudades, flexibilizar y reorganizar los horarios de trabajo, etcétera.

El indicador de salud de un pueblo se torna cada vez más el reflejo del nivel de equidad de cada sociedad

En este contexto y frente a la incapacidad fiscal de asumir todos los costos de las prestaciones, es prácticamente imposible imaginar un retorno al Estado de bienestar tradicional. Por otra parte, también es socialmente contraproducente profundizar los procesos de privatización, dado su conocido impacto sobre los estratos económicos más bajos y de alta vulnerabilidad. Las alternativas requieren ir más allá de un mero revisionismo del modelo de Estado de bienestar y de la reingeniería de los servicios curativos (eficiencia, productividad y calidad), si no son parte de una visión global, en donde la salud es mas que el acceso a la medicina y mas que la ausencia de enfermedad.  

Resulta por tanto indispensable comprender que la crisis y la reorganización de los sistemas de servicios de salud necesitan de un análisis teórico que supere dos grandes limitantes paradigmáticas, ante los cuales se ve enfrentado el hegemónico modelo curativo:

a) las interpretaciones mecanicistas ligadas a la biomedicina y al racionalismo científico, y

b) las concepciones reduccionistas y lineales del desarrollo y de la modernidad. Ambas limitantes tienen consecuencias cruciales sobre las definiciones, las estrategias y las políticas de salud para el futuro de nuestras sociedades.

Ante tal escenario es necesario proponer una reflexión que vaya más allá de la medicina, e incluso más allá de una concepción tradicional de la salud, que permita debatir el futuro que ya se está construyendo en este siglo XXI y que nos lleve a repensar y a redefinir nuestras propias prácticas y postulados epistemológicos, los cuales parecen no facilitar la comprensión de los problemas de un mundo cada vez más interdependiente, globalizado y homogeneizado. El indicador de salud de un pueblo se torna cada vez más el reflejo del nivel de equidad de cada sociedad.

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