Texto escrito por el Doctor Farid Shafiyev, Presidente del Centro de Análisis de Relaciones Internacionales y traducido desde el Diplomatic World website.

El 10 de noviembre de 2020, Armenia y Azerbaiyán firmaron una declaración de alto al fuego, bajo los auspicios de Rusia, que puso fin a la guerra de 44 días. Armenia reconoce efectivamente su derrota militar y se comprometió a retirar sus fuerzas de los territorios ocupados de Azerbaiyán, lo que debería ir acompañado del despliegue de fuerzas Rusas de mantenimiento de paz. Durante veintisiete años, las fuerzas Armenias, aunque oficialmente negadas, mantuvieron bajo ocupación Nagorno-Karabaj y siete regiones adyacentes de los territorios de Azerbaiyán reconocidos internacionalmente.

La declaración del 10 de noviembre tiene varias cláusulas importantes que tienen implicancias más amplias y, si se implementan plenamente, pueden conducir a una paz duradera. Si no se cumplen los compromisos, los eventos se desarrollarán en otras direcciones.

La declaración del 10 de noviembre contiene importantes cláusulas sobre la apertura de los enlaces de comunicación y transporte en la región. Azerbaiyán se comprometió a permitir un flujo de personas y mercancías, supervisado por fuerzas de paz Rusas, a través del llamado corredor Lachin, que conecta a Armenia con la población armenia en Karabaj. Mientras tanto, de acuerdo con la declaración, Armenia se comprometió a otorgar acceso a la tierra a través de su región de Megri entre Azerbaiyán propiamente dicho y el enclave de Nakhichevan. También están a punto de abrirse otras líneas de comunicación. Azerbaiyán ya ha firmado un acuerdo con Rusia para la entrega de suministros humanitarios a los Armenios en Karabaj a través de los territorios Azerbaiyanos.

El potencial para abrir enlaces de transporte puede sentar las bases para una futura cooperación regional y una mejor conectividad. Azerbaiyán invirtió e implementó con éxito una serie de proyectos de transporte: el ferrocarril Bakú-Tbilisi-Kars, la línea de fibra óptica Trans-Caspian y otros, para promover una mayor conectividad entre Europa y Asia. En cambio, durante todos estos años, debido a la ocupación de territorios Azerbaiyanos, Armenia ha quedado aislada de los proyectos regionales, incluidos los oleoductos y gasoductos. Georgia, como beneficiario del tránsito, gana millones de dólares gracias a una cooperación regional más estrecha. Al renunciar a sus reclamos territoriales, Armenia podría poner fin a su aislamiento.

Sin embargo, hasta ahora las fuerzas revanchistas en Armenia han prevalecido sobre el discurso político en el país. Una de las cláusulas importantes de la declaración del 10 de noviembre sigue sin aplicarse. Según el párrafo 4, todas las fuerzas armadas Armenias deben retirarse de los territorios Azerbaiyanos. En un territorio actualmente controlado por fuerzas de paz Rusas, los militantes Armenios todavía están libres y ocasionalmente atacan posiciones y asentamientos Azerbaiyanos. Desafortunadamente, debe enfatizarse que las fuerzas de paz Rusas no están actuando contra estas fuerzas Armenias. Rusia habla de la incapacidad de sus fuerzas de paz para desarmar a los Armenios. Sin embargo, Rusia ya logró que los Armenios se retiraran de tres regiones anteriormente ocupadas, Agdam, Kelbajar y Lachin, de acuerdo con una cláusula contenida en la declaración del 10 de noviembre.

El flujo de militantes Armenios y cargamento militar a través del corredor Lachin también es un problema y aquí, también, la misión Rusa de mantenimiento de la paz se muestra reacia a entablar contacto con las autoridades Azerbaiyanas.

Después de tantos años de animosidad, sería ingenuo esperar que los problemas en las relaciones entre los países de la región puedan resolverse fácilmente. Sin embargo, el pueblo de Armenia y Azerbaiyán debe romper el círculo vicioso de la violencia y liberarse de la maldición de los agravios históricos. El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, comentó varias veces en sus discursos recientes sobre las perspectivas de cooperación regional, que involucra a Armenia, Georgia, Rusia, Turquía e Irán. Turquía y la Unión Europea, en varios momentos de la historia reciente, también han expresado tales propuestas.

Rusia, como principal agente político de la declaración de alto el fuego, se beneficiará de la paz y la cooperación regionales. Su política tradicional de “divide y vencerás” puede tener algunos beneficios a corto plazo en términos de presencia en el terreno, pero ya no garantiza el mantenimiento de su ventaja económica o, lo que es más importante, sus alianzas geopolíticas.

El año 2021 será decisivo en cuanto al rumbo de la región: hacia la paz o renovada tensión. Sin embargo, una cosa es segura: Azerbaiyán ha demostrado su paciencia estratégica y determinación para restaurar completamente el control sobre su territorio reconocido internacionalmente, y seguirá haciéndolo en el futuro.

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