Ya con Colombia descartada como sede por su crisis social, queda Argentina como único escenario para un torneo que no ha suscitado interés alguno este año, debido principalmente al avance del coronavirus en la región.

Protestas y crisis sanitaria son dos conceptos que difícilmente pueden ser útiles a la hora de organizar un torneo de fútbol continental. De eso pueden hablar bastante Colombia y Argentina, los dos países originalmente encargados de la Copa América 2021 (que debió jugarse en 2020 y fue aplazada por la pandemia), que a pocas semanas de iniciarse los partidos viven con desazón unos, e incertidumbre otros, el desarrollo que han tomado los acontecimientos, señala DW.

Colombia, sumida en una crisis política, pidió a la Conmebol que se aplazara el campeonato. La entidad del fútbol sudamericano lo descartó este jueves 20 de mayo y les quitó la sede a los cafeteros. De esta forma, todo queda en manos de Argentina, país fuertemente azotado por una segunda ola de contagios por coronavirus, que ha llevado las cifras de casos a niveles nunca vistos en la pandemia.

Sin ir más lejos, el Gobierno del presidente Alberto Fernández decretó, también este jueves (20.5.2021), un confinamiento total de 9 días para tratar de frenar el avance del SARS-CoV-2. Así, con un país que dejó de ser sede y el otro golpeado por el COVID-19, ¿tiene sentido organizar el campeonato? “Argentina tiene la capacidad para asumir la organización, pero el contexto sanitario es crítico y desalentador. Los partidos no tendrán espectadores y con los hospitales al borde del colapso, la atención del Gobierno debiera focalizarse en la pandemia”, dice a DW Santiago Lucía, periodista y comentarista de fútbol en Radio Nacional de Buenos Aires.

No hay ambiente

“No veo ambiente ni ánimo de Copa América. Los hinchas están mirando fútbol por televisión desde hace más de un año, es cierto, pero tampoco hay ambiente en los medios o en las redes sociales. La incertidumbre por la pandemia se lleva todo y no hay nadie pensando en la Copa América, más allá de los organizadores”, explica a DW Alejandro Wall, periodista del diario Tiempo Argentino y autor de los libros “El último Maradona: cuando a Diego le cortaron las piernas” y “¡Academia, carajo!”, entre otros.

La falta de entusiasmo parece repetirse en los otros nueve países que participarán en el campeonato, que por primera vez en 30 años se jugará sin selecciones invitadas, luego de que Australia y Qatar decidieran restarse debido a la situación sanitaria. Precisamente eso, el coronavirus, los contagios, la lenta vacunación y los servicios de salud golpeados por la incesante llegada de nuevos enfermos de COVID-19, parece tener mucho que ver con el desinterés que suscita esta vez el torneo futbolístico más antiguo del mundo.

“Es una imprudencia la realización de la Copa América. No solo por los riesgos a los que se exponen los protagonistas, sino por el mensaje: que el fútbol siga andando mientras las curva de contagios alcanza cifras récords y las restricciones se profundizan no está bien”, dice Lucía. “La Conmebol ha decidido que se juegue fútbol cueste lo que cueste. Se jugó en Colombia mientras había represión en las calles, y se juega en medio de una pandemia en una región que atraviesa una situación de crisis sanitaria muy fuerte… la realidad que se observa es que a la Conmebol no le importa la crisis sanitaria y busca realizar como sea la Copa América”, agrega Wall.

La misma Conmebol expuso su posición al respecto a través de un comunicado enviado a los medios, donde afirma que, como institución, “asegura la realización de la Copa América 2021” y explica que, por razones de calendario, es imposible cambiar la fecha del campeonato, como pedía Colombia, país al que agradece el “entusiasmo y empeño puestos” en la realización del torneo.

¿Otras opciones?

La prensa ha especulado con la posibilidad de un cambio de sede de última hora. Marca asegura que la Conmebol tiene preparado un plan b: Paraguay, que no alberga el torneo desde 1999 y ha servido de escenario para aquellos partidos que no pudieron jugarse en Colombia, por la crisis social. Medios chilenos, en cambio, afirman que una delegación de la Conmebol visitó el país para analizar la posibilidad de que sea Chile el organizador, algo que al gobierno de Sebastián Piñera no le disgusta. “Rumores”, dijo una fuente de Conmebol a DW.

Por lo demás, Paraguay y Chile también pasan por momentos difíciles por el coronavirus. Eso a las autoridades deportivas no les preocupa, piensa Lucía. “El fútbol vivió siempre en su propia burbuja. La Patria de la Pelota tuvo sus concesiones para que los planteles cruzaran fronteras y realizaran aislamientos ‘especiales’” incluso en plena pandemia, recuerda el especialista. “Es muy terrible que el fútbol viva todo el tiempo como si estuviera en una dimensión paralela. La Conmebol hasta consiguió vacunas para los jugadores, es como que estuvieran por encima de todo”, añade Wall.

Lucía piensa que las decisiones de la Conmebol solo buscan “sostener un negocio gigantesco”, pero la verdad es que “el fútbol no es una actividad urgente ni esencial, al margen de la pasión, muchas veces desmedida, que genera en los pueblos de Sudamérica”. Wall, por su parte, propone una reflexión: “El fútbol nos impacta en nuestras contradicciones, porque estamos tan destrozados anímicamente que nos agarramos de nuestros equipos y terminamos viendo los partidos porque necesitamos esas emociones. Pero la verdad es que creo que no es necesario jugar ni organizar ningún torneo”. Y agrega algo de lo que poco se ha hablado: “Acá se busca mostrar una normalidad que no hay”.

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