Es increíble el auge que han tenido en el último tiempo los “terraplanistas”, que supuestamente son aquellos que no creen que la tierra sea una esfera, sino más bien un plano. Esto suena muy descabellado, sobretodo porque hace poco celebramos los 500 años de la primera circunnavegación del Mundo efectuada por la expedición de Fernando de Magallanes y completada por Juan Sebastián Elcano.

Pero el terraplanismo es mucho más que negar que la tierra sea una esfera, sino es un profundo problema de como representamos la geografía mediante la cartografía. De hecho, hoy la mayoría de los mapas que tenemos los llevamos a un plano, con lo cual se genera una fuerte distorsión no solamente de las distancias, sino también del entendimiento geográfico.

Podemos deducir que en la Cancillería chilena existe un claro y profundo desprecio hacía el legado de Magallanes, a pesar de que de esta depende el Instituto Antártico de Chile (INACH), que funciona en Punta Arenas, región de Magallanes y la Antártica Chilena.

Esto podría simplemente ser una anécdota más, pero cuando vemos que esta ignorancia geográfica llega a altas instancias en Chile y que muchos en la Cancillería han adoptado un “terraplanismo de facto” el tema se vuelve muy peligroso para los intereses de nuestro Estado.

El ejemplo más nítido de este “terraplanismo de facto” fue el fallo de la Corte Internacional de Justicia el 2014 por la frontera marítima de Perú y Chile.

Hasta el día de hoy gente muy culta, sostiene que ese fallo “no se ajustó a derecho”, evidenciando que, en Chile y a todo nivel, tenemos una profunda ignorancia con respecto a la geografía y que somos un país incapaz de entender nociones básicas que se suponen que fueron demostradas por Magallanes empíricamente, y hace 500 años.

La Corte en su fallo ratificó la vigencia de los Tratados de 1952 y 1954, además de que el inicio de la frontera marítima comienza en el Hito 1… y aun así se perdió un espacio de Zona Económica Exclusiva importante.

¿Porqué? La respuesta es que los paralelos geográficos obedecen a un mundo cartográfico en que se asume que la tierra es plana, con lo que se generan distorsiones importantes en la distancia, razón por la cual en la Convención del Mar ha ratificado que el límite debería obedecer a una línea “equidistante” que permita eliminar esa distorsión geográfica.

Al final estuvimos ante un fallo inédito: geográficamente impecable, demostró la solidez jurídica chilena, pero que a su vez dejó de manifiesto la profunda ignorancia geográfica chilena… en definitiva una amarga derrota.

Dado que los fallos de la Corte Internacional de Justicia son inapelables, me hubiese gustado tener un debate multidimensional (y no solamente jurídico-legal) para entender lo que pasó, para sacar lecciones y no volver a cometer el mismo error.

Pero al parecer el aprendizaje ha sido nulo.

La Cancillería de forma contumaz y peligrosa insiste en que la tierra es plana y lo pudimos observar durante esta semana al lograr que Brasil se uniera al proyecto de cable de fibra óptica transpacífico. Este cable denominado “Humboldt” unirá Sudamérica con Australia.

Hasta este momento todos los mapas y esquemas presentados de ese proyecto por parte de la Cancillería chilena tienen dos características: obedecen a una lógica terraplanista y omiten a la Antártica. Esta distorsión es aún más peligrosa y preocupante al llevar a un globo terráqueo la distancia entre Sao Paulo, Brasil a Sydney en Australia. Ahí nos sorprendemos que la distancia más corta entre ambos puntos es una recta de 13.000 km… y que pasa por una parte de la Antártica.

Podemos deducir que en la Cancillería chilena existe un claro y profundo desprecio hacía el legado de Magallanes, a pesar de que de esta depende el Instituto Antártico de Chile (INACH), que funciona en Punta Arenas, región de Magallanes y la Antártica Chilena.

En todo caso debo reconocer también el sólido prestigio que se ha ganado la Cancillería chilena en el ámbito del derecho internacional, demostrada en la capacidad de solucionar pacíficamente nuestras controversias internacionales en la Corte Internacional de La Haya, haciendo respetar los principios jurídicos por los que Chile se ha regido. Este es un activo internacional de Chile que debemos cuidar entre todos y que nos diferencia positivamente dentro de la región. Pero como lo demuestra el fallo del año 2014, los sólidos principios jurídicos chilenos no son suficientes, sino entendemos la geografía.

Y tenemos un grave problema de entender la geografía…. y que la Tierra es una esfera.

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