¿República o Tiranía?

Vale la pena recordar en estas Fiestas Patrias donde celebramos 211 años de vida independiente, que fue precisamente la idea y necesidad de derrocar a una tiranía monárquica y hereditaria lo que llevó a los patriotas a enfrentar al ejército y a la armada españolas, para lograr nuestra independencia, soberanía y autodeterminación.

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A diferencia de una república, sistema de gobierno que plantea contrapesos y balances entre el inmenso poder de un Estado respecto de los ciudadanos, evitando concentraciones excesivas de poder y abusos, una tiranía es entendida como el “abuso o imposición en grado extraordinario de cualquier poder, fuerza o superioridad”. Históricamente una tiranía ha sido asociada a una forma de gobierno despótico donde el soberano concentra el poder del Estado sin límites, sin contrapesos y sin alternancia. A diferencia de una tiranía, donde el soberano es el rey, a título hereditario, en una república el soberano es el pueblo que, premunido igualitariamente de un voto por ciudadano, decide periódicamente quién lo gobernará.

Vale la pena recordar en estas Fiestas Patrias donde celebramos 211 años de vida independiente, que fue precisamente la idea y necesidad de derrocar a una tiranía monárquica y hereditaria lo que llevó a los patriotas a enfrentar al ejército y a la armada españolas, para lograr nuestra independencia, soberanía y autodeterminación.

La libertad y autodeterminación no es algo que se tenga garantizado, es un bien por el que hay que estar dispuestos a luchar. Nuestra libertad es un bien precioso, valioso y siempre frágil. Un bien que debemos cuidar, enriquecer y sobre todo aquilatar y agradecer a quienes nos lo legaron. Para ser libres hubo que cruzar la cordillera de Los Andes con un ejército Bi nacional. Tropas bisoñas conformadas por hombres que soñaban con ser libres se batieron fieramente contra uno de los mejores ejércitos profesionales del mundo. La victoria final se alcanza en Maipú donde hoy se erige el templo votivo en agradecimiento a la patrona y generala de Chile, la Virgen del Carmen, cuyo manto protector acompañó a nuestros soldados y también a nuestros marinos. Ya al término de la batalla de Chacabuco O’Higgins plantearía el desafío de que era imposible ser libres sin dominar el mar.  Es en este mismo proceso en que se crea nuestra bandera nacional que guio a la victoria a esos soldados y marinos y cuya digna presencia ha acompañado a Chile desde su inicio independiente como factor de unidad y de cohesión. Ocho años de gigantescos esfuerzos, de sangre y de recursos, tomó consolidar nuestra condición de hombres y mujeres libres, desde el primer grito de libertad el 18 de septiembre de 1810.  Ese es el origen del reconocimiento que hacemos los días 18 y 19 de septiembre a nuestros líderes visionarios y a las glorias de nuestro Ejército que nos legó la libertad.

Hoy se discute en la Convención Constitucional precisamente la forma en que nos organizamos, en el siglo XXI, para que el poder del Estado no se concentre y se pueda balancear entre varias autoridades para fortalecer el estado de derecho y respetar los derechos individuales de cada ciudadano. En esta mirada moderna es imperativo nutrirnos de nuestra historia. Se requiere revisar   los orígenes de nuestra república y la trayectoria de nuestras instituciones permanentes del Estado. Esa es la única forma para garantizar que “la casa de todos” conserve sus fundaciones y nos acoja con principios que se adapten a los tiempos y modernicen nuestra institucionalidad. Hoy ya no basta decir como O´Higgins: “este triunfo y 100 más son insignificantes si no dominamos el mar”. Nuestra mirada de hoy y del futuro debe incorporar al mar, al aire, el espacio y también el ciberespacio. Esas son las dimensiones en las que se desenvuelve un estado moderno, las dimensiones en que debemos tener soberanía y garantizar nuestra libertad mediante una institucionalidad fuerte y práctica.

Ojalá la Convención Constitucional logre levantar la mirada y estar a la altura de los padres de la patria, esta vez sentando las bases de la “República Digital de Chile”, república libre, soberana, sin tiranías y respetuoso de las libertades individuales, capaz de generar un nuevo mar de futuro esplendor para las futuras generaciones.

***Kenneth Pugh O., es senador por la Región de Valparaíso

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