La arriesgada jugada del Gobierno al demonizar a los candidatos de la oposición como responsables de la violencia tendría trazas de intervencionismo electoral, ya que apuntala la complicada candidatura de la derecha

Con la brújula electoral totalmente perdida, y un candidato oficial que, después de marcar competencia ahora solo marca lástima, parece cierto que el Gobierno desesperadamente optó por cambiar su apuesta de cara a las presidenciales, por un Kast que se mueve como pez en el agua en el nuevo escenario dibujado desde La Moneda.

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Las declaraciones de las últimas horas por parte del Gobierno, responsabilizando a los candidatos presidenciales de oposición y a cuanto dirigente de izquierda que se haya pronunciado en favor de los llamado “preso políticos de la revuelta”, ha situado el conflicto en el propio y muy abollado Ejecutivo, a quien se le responsabiliza por nunca haber cumplido con la agenda antidelincuencia y el archi usado eslogan “fin a la puerta giratoria de la delincuencia”.

Recordemos que este martes, en una puesta en escena operática, el subsecretario Juan Galli con un discurso meticulosamente preparado dijo: “Los responsables finales de esta violencia son quienes instalaron en nuestro país una sensación de impunidad, que no había consecuencias de cometer hechos de violencia. Lo hicieron llamando a quemar todo, como Catalina Pérez; lo hicieron proponiendo indultar a quienes saquearon y destruyeron, como Yasna Provoste”.

Los dichos de Galli fueron refrendados por el vocero de Palacio y por parlamentarios del Chile Vamos o Chile Podemos Más y le sirvieron de libreto para que el complicado candidato del sector (aunque Sebastián Sichel NUNCA HA SIDO DE DERECHA) saliera a repetir lo dicho por Galli, lo que podría interpretarse como intervencionismo electoral del Gobierno en favor de su candidato.

Más allá de los dimes y diretes entre oficialismo y oposición, lo concreto es que el Gobierno de turno como responsable de la seguridad pública simplemente volvió a fallar y surge la duda si lo hace con la intención de generar la sensación de caos para culpar a la “izquierda comeguguas” o bien por no tener capacidad efectiva para generar planes policiales para evitar lo que se venía promovieno por redes sociales.

En esta lógica, claramente al Gobierno le conviene esta polémica ya que tiene varios escánalos: Piñera investigado por la justicia por el caso Dominga y la Acusación Constitucional que se tramita en la Cámara de Diputados, más el pastelazo de la ministra Karla Rubilar denunciada por sus propios funcionarios por usar y abusar de su posición y de sus equipos para “ayudar” a su pololo, el también cuestionado periodista Christian Pino, quien en 2016 fue despedido de TVN , tal como lo comunicó el canal estatal: “El día 4 de mayo de 2016, el señor Pino dejó de formar parte del equipo de prensa de TVN por haber incumplido los estándares editoriales del canal. A través de la señal de noticias 24H, donde se desempeñaba como editor de contenidos multimedia y conductor, el periodista promovió explícitamente en pantalla y en varias entrevistas una serie de marcas de alcohol (…) quien declaró en una entrevista a un medio escrito ser embajador de un distribuidor de licores, ya había sido amonestado previamente por sus superiores, en febrero pasado, debido a la misma conducta”, señaló el comunicado de la estatal.

¿Nadie sabe para quién trabaja?

De todas formas, toda esta enorme parafernalia de La Moneda y los partidos oficialistas, podría estar tomando una inesperada dirección.

Desde una pura especulación partidista, el secretario general de la DC, David Morales, aseguró la mañana de ayer martes, en una entrevista radial, que toda esta puesta en escena ponía en evidencia que “el Gobierno del Presidente de Sebastián Piñera cambió de caballo, su candidato es José Antonio Kast”.

Y lo cierto es que tan descaminado no anda, ya que en pasillos del Palacio Presidencial tienen asumida la debacle de Sichel, viendo con desesperación que el representante del Frente Social Cristiano es la única alternativa para enfrentar a los candidatos opositores. Por ello, la virulencia de las afirmaciones de los integrantes del gabinete este martes, obedecería a una estrategia doble: por una parte, tratar de salvar la imagen de lo (poco) que queda la administración Piñera mostrando dureza ante los hechos vandálicos (y atribuyendo culpas a la oposición), y por otra, pavimentar con esta actitud el escenario para un Kast que se ha mostrado mucho más eficiente a la hora de explotar escenarios complejos como este, sin cargar con la mochila de los errores de Palacio, potenciando su atractivo ya no solo para la verdadera derecha, sino también para un sector más centrista que se ha ido desencantando de Sichel y que ha quedado huérfano políticamente hablando (y que no votaría jamás por Boric, considerando la deriva izquierdista de Provoste y su escaso futuro en la definición electoral).

Pero también una estrategia de este tipo requería la bendición de los partidos oficialistas. Y al menos se conoce que los viejos “coroneles” de la UDI (y varios de la “nueva generación”) habrían dado su visto bueno para ello, considerando que un número creciente de militantes (y también de la directiva) ya decidieron entregar su apoyo a Kast, decisión a la que se han sumado varios desde Renovación Nacional.

En suma, una operación tratando de salvar el cada vez más complejo escenario de la derecha, apostando tardíamente por un candidato que, más allá de sus luces y sombras, es un genuino representante del sector. Y, además, implica enterrar casi definitivamente la aspiración de ciertos sectores por tratar de absorber el viejo centro político desacoplado principalmente de la DC, lo que dejaría fuera de escena liderazgos como los de Piñera o Sichel, que dan sus últimos manotazos tratando (inútilmente) de validarse ante su fracaso.

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