El emotivo discurso de la constituyente Valentina Miranda: “Intente suicidarme 3 veces porque no encontraba la salida a los problemas”

“No es fácil ser mujer, joven, disidente y activista por los DDHH humanos en Chile. Muchas veces te golpean, amedrentan, persiguen y hasta te desaparecen o te suicidan. Aun así, millones de jóvenes se levantan en el día a día pensando en el futuro y en el presente, luchando por nuestros derechos y nuestra dignidad", expuso la convencional.

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La constituyente Valentina Miranda tuvo un emotivo discurso en el periodo de apertura del debate constitucional, ocasión en que señaló que “no es fácil ser mujer, joven, disidente y activista por los derechos humanos en Chile, ya que muchas veces te golpean, amedrentan y hasta persiguen o suicidan”, incluso que “intente suicidarme 3 veces porque no encontraba la salida a los problemas”.

El siguiente es el discurso de la convencional completo:

No es fácil ser mujer, joven, disidente y activista por los DDHH humanos en Chile. Muchas veces te golpean, amedrentan, persiguen y hasta te desaparecen o te suicidan. Aun así, millones de jóvenes se levantan en el día a día pensando en el futuro y en el presente, luchando por nuestros derechos y nuestra dignidad.

Hace casi 48 años atrás, el golpe de estado le quitó la felicidad a mi abuelita, la menor de 9 hermanos, hija de una familia minera del norte que vino a Santiago a buscar una mejor oportunidad en aquellos tiempos donde el estado aún era solidario y garante de derechos. En ese entonces vivía en la toma de la José María Caro, en la periferia santiaguina de los años 50 y 60, donde las casas eran de palo. Después de casi 10 años del golpe, le impusieron una constitución hecha entre cuatro paredes, con el fusil en la mano de los milicos y con ellos mismos gobernando y desapareciendo a todos aquellos que soñaban con algo distinto. Amarraron el neoliberalismo a todo lo que se conocía. Luego de eso, la obligaron a cambiarse del sistema público de pensiones a la AFP. Salió a protestar por casi 13 años, con panfletos, con miedo, pensando en el futuro de mi padre y que si o si, tenía que terminar con uno de los genocidios más grandes de la historia de nuestro país. Mi abuelita es una de las personas que vive en Chile con una pensión indigna e inhumana al igual que muchos abuelos y abuelas que hoy no tienen ni para comer, que fueron privados de su derecho a la vida digna.

Hace un par de años atrás el negocio de la vivienda le quitó la felicidad a mi familia. Mi Madre trabajadora de un lavaseco, mi Padre mesero en un local de Fruna. Después de años de bicicletear el sueldo para el pago del dividendo de la casa, terminaron pagando el triple de lo que costaba, situación que los llevó a separarse. Ahí fue cuando me convencí que el sueño de la casa propia no debería ser un sueño, es un derecho. Mi familia es una de las tantas en Chile que llora, se rompe y sufre por no tener un lugar donde vivir, un lugar donde caer muerto con dignidad.

En el año 2016 yo perdí la felicidad y las ganas de vivir. Solo tenía 15 años cuando tuve que hacerme cargo de mi hermano chico, cuidarlo. Porque así funciona en la pobla, si nosotros no cuidamos a nuestra familia, nuestros viejos no pueden trabajar y traer la plata para comer. Me enferme con una anemia, que casi paso a leucemia, que me tuvo 5 años en un tratamiento en la salud pública. ¿Pueden creer que hoy, después de más de 4 años, aún no me llaman para la endoscopia que me tenía que hacer en ese entonces? Podría haber muerto, al igual que las 10mil personas que fallecieron ese año en las listas de espera, porque obvio, la plata no alcanza para ir a la salud privada, es mucho más fácil morir.

Ese mismo año deserté de la educación, porque enferma y con la responsabilidad de cuidar a mi hermano, no podía rendir académicamente. Intente suicidarme 3 veces porque no encontraba la salida a los problemas. Historia similar a millones de jóvenes, que se buscan las lucas a la mala para poder sobrevivir, que no confían en la educación, que no confían en nadie. Gracias profes por recibirme y darme la oportunidad que no tenía de estudiar y mostrarme que nos quieren no pensantes, en escuelas donde no hay ni un baño para orinar, donde no hay mesas en las salas para poder estudiar, donde solo hay que mirar una pizarra, donde diariamente las comunidades educativas son destruidas y olvidadas. Total, los cabros pobres somos solo mano de obra barata y los profes también.

El 18 de octubre nos cayó como anillo al dedo. Estuvimos 2 semanas saltando torniquetes, gritando, organizando nuestra rabia, jamás pensaron que no teníamos miedo ¿Y qué miedo íbamos a tener si no teníamos nada que perder, si no tenemos nada? Si somos herederos de la dictadura. Porque en este país los derechos son privilegios. Leí una pared en la plaza de la dignidad que decía “No era depresión, era neoliberalismo” y todo me hizo sentido. Pucha que tenía razón la Gladys Marín cuando hablaba de las desigualdades, de los abusos, de aquellos que se enriquecen a costa de nuestros sacrificios, de nuestras familias y de nuestras vidas. Y se repitió en Chile lo que decía Víctor Jara y lo que vivió mi abuelita en su juventud “de nuevo quieren manchar, mi tierra con sangre obrera, los que hablan de libertad y tienen las manos negras”.

Mi nombre es Valentina Miranda, pobladora de Lo Espejo, una de las comunas más pobres de Chile, disidente y activista pansexual, mujer joven y feminista, ex vocera de la coordinadora nacional de estudiantes secundarios (CONES), primera universitaria de mi familia, hija de la educación pública y de una familia humilde y rota, hija de la pobla, crecí entre el narco, la droga, la pobreza, el extractivismo, las violaciones de los DDHH y la corrupción. Nacida en el neoliberalismo, pero jamás hija de este. Heredera del neoliberalismo, pero convencida a superarlo. Soy la más joven de este espacio que cambiará la constitución añeja. Soy parte de la generación de cristal, de cristal porque no me interesa seguir normalizando la violencia estructural que normalizó mi familia. Tengo 21 años, soy la pendeja flaite, la rota, la picante, la india, militante de las juventudes comunistas y a mucho orgullo, y mi convicción es que, de aquí, saldrá la constitución ecologista, feminista, plurinacional, intercultural, que nos permitirá un desarrollo integral de las personan en la sociedad y que reconocerá del derecho de las niñeces y adolescencias, para que nunca más en Chile un niño y niña tenga que ir al infierno del SENAME, no se les escuche y se les minimice desde el adulto centrismo, que sacrifique su infancia por este sistema asqueroso, como paso conmigo. Mi responsabilidad aquí es luchar por todo, no por las migajas que nos dieron durante estos 30 años de falsa democracia. Luchar por la educación, la salud, la vivienda, luchar para que podamos vivir para trabajar, luchar para que no nos sigan asesinando por ser mujer o por ser disidente sexual, luchar por mi dignidad, la de mi familia, luchar por la dignidad de los pueblos de Chile, por la dignidad de TODOS, TODAS Y TODES. Por mí y por todes mis compañeres que ya no están. Gladys, que bonito seria que estuvieras aquí, viendo como se cumple uno de tus tantos sueños.

Como dice mi abuelita, vine aquí a terminar lo que ella comenzó en los 80, echar abajo la constitución del dictador. Porque soy la nieta de una de las comunistas que no pudieron matar, porque el año 2019 comenzó la verdadera transición a la democracia. Pedro Lemebel decía: No soy un marica disfrazado de poeta, No necesito disfraz, Aquí está mi cara, Hablo por mi diferencia, Defiendo lo que soy, Y no soy tan raro, Me apesta la injusticia, Y sospecho de esta cueca democrática, Pero no me hable del proletariado, Porque ser pobre y maricón es peor, Hay que ser ácido para soportarlo, Es darle un rodeo a los machitos de la esquina, Es un padre que te odia, Porque al hijo se le dobla la patita, Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro, Envejecidas de limpieza, Acunándote de enfermo. Y se rieron de mi voz amariconada, Gritando: Y va a caer, y va a caer, Y aunque usted grita como hombre, No ha conseguido que se vaya, Mi hombría fue la mordaza, No fue ir al estadio, Y agarrarme a combos por el Colo Colo, El fútbol es otra homosexualidad tapada, Como el box, la política y el vino, Que la revolución no se pudra del todo, A usted le doy este mensaje, Y no es por mí, Yo estoy viejo, Y su utopía es para las generaciones futuras, Hay tantos niños que van a nacer, Con una alíta rota, Y yo quiero que vuelen compañero, Que su revolución, Les dé un pedazo de cielo rojo, Para que puedan volar. ¡Esto es por ti abue! ¡Desde la Población Santa Adrina y los torniquetes, llegamos a la constituyente! ¡Libertad a las y los presos políticos de la revuelta! ¡Los humildes triunfaran! Muchas Gracias”.

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